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LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO, SUS PELIGROS Y ALCANCES

viernes, 2 de mayo de 2008

Lecciones de la segunda guerra mundial para combatir el terrorismo

El actual escenario en la lucha global contra el terrorismo yihadista abre distintos interrogantes por aclarar y genera muchas preguntas sin respuesta en el contexto del avance de totalitarismos que amenazan a millones en los países libres.

A menudo, la dirección política y sus imprescindibles militancias siempre dispuestas a diseminar su odio antioccidental y anticristiano, nos dicen que la gran mayoría de las personas que profesa la fe islámica es pacífica, y que no piensa ni desea destruir a Occidente. Hasta en las cadenas de noticias y agencias engrasadas a base de petrodólares se sostiene que apenas el 1% de los 1,300 millones de musulmanes suscribe la doctrina yihadista que califica a América de Gran Satán y causa de todos los males.

Aquellos que aún dudan del poder de internet se veían sacudidos recientemente por un simple post en un blog que acabó en despacho de AP y difundido por doquier. Titulado “Por qué la mayoría silenciosa es irrelevante” y firmado por “E. Marek”, el sencillo texto señala que para el Islam, que la mayoría de los musulmanes sean pacíficos o no es igual de relevante que lo fue para el Nazismo el hecho del pacifismo de la mayoría de los alemanes. En esos mismos años 30, los japoneses asesinaron a alrededor de 4.5 millones de chinos, y mataron a más de 2,600 americanos cuando el 7 de diciembre de 1941 atacaban Pearl Harbor. Y la mayoría de los japoneses eran pacíficos.

¿Tomaron Roosevelt o Churchill en cuenta a la hora de responder al militarismo Nazi o al expansionismo japonés que la gran mayoría de la ciudadanía era pacífica? La respuesta es no. ¿Se debería tener en cuenta que probablemente la mayoría de los habitantes de los países musulmanes prefiere dejarse de guerras santas y llevar su vida? La respuesta depende del grado de inocencia que adjudiquemos a esa mayoría y a su silencio.

En el presente, fanáticos yihadistas incitan al terrorismo contra Occidente, y asesinan a miles de personas en muchos países, tanto de Oriente Medio como de Occidente. La mayoría de los muertos en Irak no son americanos, sino iraquíes. ¿Dónde radica aún hoy el éxito de los terroristas? Su éxito radica en que los millones de ciudadanos musulmanes amantes de la paz se mantienen en silencio o apáticos ante el avance islamista.

Puede que la mayoría de los musulmanes sea pacífica. Pero en primer lugar, no hay suficiente condena a los actos terroristas por parte de quienes son los mayores perjudicados, es decir, la suma islámica. Ni en Oriente ni en Occidente. No hablemos ya si estos actos guardan alguna relación aparente con los palestinos, los mismos palestinos abandonados en el arroyo primero por los países musulmanes. Y a esta apología, se suma la ayuda directa o indirecta que reciben los terroristas de los gobiernos musulmanes, y que no es ajena a nadie de la comunidad internacional. La Unión Europea, defensora del multiculturalismo, aconsejaba recientemente a los gobiernos de los países miembros la vigilancia de la financiación de las mezquitas dentro de sus fronteras. Y es que sin ayuda para obtener explosivos, montar oficinas, mantener campamentos de entrenamiento o infraestructura de recaudación, no habría forma de que los terroristas pudieran llevar a cabo sus operaciones.

Seria deseable desde luego que los millones de musulmanes pacíficos tomaran las medidas adecuadas para evitar este resultado. Eso ayudaría a no privarnos al resto de la ilusión de que expresiones tales como “países árabes moderados” no son solo una forma de hablar.

El error de los líderes espirituales fue no hablar y denunciar a los terroristas para tratar de detenerlos. Hoy nadie puede ser líder espiritual si lleva la contra al pensamiento yihadista. El error de los gobernantes musulmanes fue no impedir que se arrastrara a miles de musulmanes a posiciones antitéticas con el modernismo y la paz. Hoy nadie que no defienda el pensamiento yihadista puede ser gobernante musulmán.

Las personas que amaban la paz en Alemania, Italia o Japón se convirtieron en enemigos y blancos militares de las potencias aliadas durante la segunda guerra mundial. Fue el precio de no hablar. Los gobiernos musulmanes deberán estar preparados para sufrir el peso de Occidente en sus esfuerzos de lucha contra el terrorismo si no se inclinan por políticas consistentes con esta lucha y siguen permitiendo a los yihadistas operar en sus países. Y ello es perfectamente legítimo y consistente con la historia.

Las lecciones de la historia son con frecuencia increíblemente simples, pero a pesar de todos nuestros esfuerzos, también son increíblemente tercas.
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