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LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO, SUS PELIGROS Y ALCANCES

domingo, 22 de junio de 2008

Sueños de libertad

Autor profesor católico español Ángel Gutiérrez Sanz

La noticia reiterada en los Medios de Comunicación acaba por dejar de ser noticia. El suceso cotidiano está teniendo como protagonistas a jóvenes marroquíes que a bordo de una miserable patera viven un auténtico drama. Muchachas embarazadas jóvenes madres a espaldas con sus niñitos emprenden una arriesgada aventura, huyendo de las garras de la pobreza u otras servidumbres. Casi seguro que estas jóvenes infortunadas en algún momento de la travesía, llegaron a pensar que el milagro era posible y ensimismadas se pusieron a acariciar con una mano a su hijito y con la otra, esa vida mejor y más libre con la que venían soñando desde hace tiempo, pero sucedió que sus sueño a no se hicieron realidad y todo acabó mal. Sus anhelos de madre y de libertad quedarían sepultados entre las olas del mar y allí se ahogarían para siempre.

Nos guste o no, casos como éste suceden muy cerca de nosotros y forman parte de la historia de nuestro presente, lo que viene a demostrarnos una vez más, lo mal repartido que está el mundo, no sólo por lo que se refiere a lo material sino también a lo espiritual .

Como en los tiempos antiguos, entre nosotros sigue habiendo hombres , mujeres y niños, que se ven en situación de tener que arriesgar su vidas, para el rescate de una libertad que les pertenece, mientras otros la malgastan , no sabiendo que hacer con ella, que por cierto es una de las peores formas de no ser libres. Unos son esclavos a la fuerza, siendo conscientes de ello y otros, teniéndolo todo a su favor, son esclavos voluntarios que se creen libres sin serlo. Los primeros son dignos de lástima, los segundos son motivo de escándalo y de vergüenza, pues como bien decía Séneca: no hay servidumbre más vergonzosa que la voluntaria

Nosotros, los afortunados occidentales, no necesitamos traspasar fronteras para ir al encuentro de la libertad; pero ello no quiere decir que todo esté resuelto. Puede que creyéndonos libres, no lo seamos y ello sería la peor de las esclavitudes. Por más que vivamos en una sociedad caracterizada por una absoluta permisividad, ello no quiere decir se esté viviendo según las exigencias de la propia naturaleza para poder llegar a ser aquello, para lo que estamos llamados. Bien se ve que esto no es tarea fácil y por ello tampoco habrá de serlo el llegar a ser un sujeto libre.

Los que vivimos en un régimen de libertades políticas, hemos llegado a pensar, que la Libertad con mayúscula es una mera cuestión legal, que se soluciona simplemente con el decreto-ley , que ella es un regalo que nos hacen los políticos y esto no es así . La Libertad profunda ha sido y será siempre una conquista personal, que no se consigue sin esfuerzo, un compromiso serio, que exige capacidad de discernimiento, de elección y de decisión y que no está exenta de voluntad resolutiva. ¿Para que sirve la libertad de pensamiento en una mente vacía? ¿Para que la libertad de expresión si se carece de opinión? ¿Para que la libertad de elección si me dejo condicionar por una propaganda perversa o por la manipulación política interesada?

Nacer con la mesa puesta, en materia de libertades conlleva el riesgo de bajar la guardia, pensando que ya está todo hecho, sin reparar en que a la esclavitud moral se puede llegar por muchos caminos. Esclavo se puede ser del dinero, de la ambición, de los medros personales, de los propios miedos e inseguridades, esclavo de las modas, o de otras dictaduras impuestas por el capricho de las mayorías; pero sobre todo uno puede llegar a ser esclavo de sí mismo y de las propias pasiones. La lista es tan amplia, que difícil es, no verse reflejado en alguno de los mil rostros, con que aparecen las modernas esclavitudes, aunque nos creamos libres.

Sabedores de que hay que ser solidarios con quienes queriendo ser libres no pueden serlo, algo nos está alertando de que, debiéramos ser conscientes también del problema hoy en Occidente. Nuestro drama no es tanto el de la esclavitud física como en los tiempos de la Roma Imperial, sino el de la esclavitud moral. Todo es cuestión de exigencia con nosotros mismos y compromiso con los demás.
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