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LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO, SUS PELIGROS Y ALCANCES

domingo, 23 de marzo de 2008

Erotización de la infancia

Las pequeñas de la casa no están ocupadas en hacer plastilina, colorear o aprender a montar en bicicleta. Ahora, se empeñan en tener el tipo de Beyoncé, bailar como Shakira, vestir “tops” y minifaldas que dejen su ombligo al aire, y se preocupan por cuándo sus padres les darán permiso para hacerse un tatuaje, un “piercing” y un aumento de mamas que les permita volver locos a los chicos.

La tendencia sexualizadora domina a la sociedad. La ropa, los juguetes, los cosméticos, los videojuegos, las películas, los personajes de ficción, los dibujos animados y los medios de comunicación dirigidos a los más pequeños de la casa (en torno a los cuatro años) ya empiezan a hacer énfasis en los atributos eróticos, fundamentalmente de las niñas, y del rendimiento personal que se le puede sacar al atractivo sexual.

La sexualidad acaba por excluir a otros aspectos de la personalidad y se convierte en el único parámetro válido para juzgar la valía de un individuo. Las televisiones europeas están cuajadas de certámenes musicales en los que los críos bailan, cantan y se expresan como si fueran estrellas en miniatura.

La tendencia de inculcar a las niñas poses, actitudes y modos de comportarse propios de una mujer acarrea peligros. La edad de la adolescencia se está adelantando artificialmente cada vez más. Ahora prácticamente no hay niñez. La maduración física, psicológica y social deben ir de la mano, pero solo se está anticipando la primera, de forma que ahora estamos viendo las consecuencias de este desajuste.

Las niñas asumen desde que apenas levantan un palmo del suelo que la mujer es un objeto sexual y que será valiosa en la medida que sea atractiva para el varón. Éste a su vez, es empujado a reafirmarse en su rol machista.

En los últimos 20 años las inquietudes de las chicas giran en torno a su aspecto físico, que se convierte en el eje de su autoestima y superación personal. No alcanzar objetivos que se proponen provoca insatisfacción, ansiedad y depresión o actitudes depresivas a unas edades cada vez más tempranas.

Desde los medios de comunicación se propone un canon de belleza irreal caracterizado por una delgadez extrema y unas medidas imposibles. Si trasladásemos las medidas de muñecas como la Barbie a mujeres de carne y hueso, éstas no podrían caminar porque, simplemente, su columna vertebral no las sostendría de pie.

No es lógico que una niña como la que representan las muñecas Bratz –el más vivo ejemplo de la erotización progresiva de los juguetes y accesorios de las niñas– vaya maquillada, se tiña el pelo de colores estridentes, vista minifalda o pantalones ajustados, botas de plataforma y, además, lleve su cuerpo tatuado y anillado, incluso en lugares con un claro objetivo sexual (pezones, lengua...).

Los patrones han cambiado a una velocidad vertiginosa: Los denodados intentos por conseguir estos ideales han arrastrado a muchas adolescentes a la anorexia y la bulimia clásicas.

La edad media de inicio de los trastornos alimentarios ha bajado (ahora se sitúa en torno a los nueve años) y se dan muchos casos de niñas con trastornos intermedios: no encajan en ningún problema concreto a la perfección, pero tienen rasgos de varios de ellos.

En realidad, estas chicas son víctimas de la cultura de la rapidez. «Lo quieren todo ya; adelgazar también y para ello no restringen lo que comen, si no que recurren a los laxantes, a los diuréticos y a otros métodos purgativos». Y a la cirugía estética: implantes mamarios, rinoplastias y liposucciones, que se piden como regalo de la graduación.

Los expertos han dado la voz de alarma ante lo que llaman sexualización precoz de la infancia, concretamente de las niñas. Esta tendencia les está robando una etapa necesaria, como es la niñez.

Los trastornos de la conducta alimentaria y los complejos estéticos debutan antes. Enfermedades de transmisión sexual y embarazos no deseados están repuntando a causa de conductas inmaduras.

En resumen, las chicas lo tienen difícil: ansiedad, depresión, anorexia, bulimia... es el precio que pueden pagar las menores por «jugar» a potenciar su atractivo sexual, una tendencia sexualizadora que capta a población cada vez más joven.
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