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LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO, SUS PELIGROS Y ALCANCES

sábado, 9 de julio de 2011

El Plan para Destruir el Cuerpo de Bomberos del Perú

Por José Musse (Un masón contando la corrupcion de la masonería que se apoderó del Cuerpo de Bomberos del Perú)

Cuando me hice bombero, pocos tenían botas apropiadas, la mayoría combatía incendios con botas de jardinero. No era extraño que alguien contara como un clavo de 10 centímetros la había atravesado la bota durante alguna operación y su pie por suerte había salido ileso. Los bomberos en la Antonio Alarco 60, andaban muy mal equipados. Teníamos tres SCBA completos y solo dos botellas de repuesto. Enterarnos que había compañías en Lima con 20 equipos SCBA nos parecía un horror de desigualdad, alguna vez alguien nos dijo que en una había 80 botellas SCBA de repuesto. Desconozco si era verdad.

¿Guantes de bomberos? Solo vi un par, el resto usaba sus manos desnudas o si su presupuesto personal lo permitía, compraba unos guantes de cuero o de soldador.

Para un alumno bombero como yo, pasar por el periodo de probatoria era de tiempo indefinido. Lograr vestir un uniforme era conseguirse una historia para contar de por vida. En esa época nuestros overoles de mecánico rojo eran rosados por lo desteñidos que estaban a consecuencia del desgaste natural que conseguían por los años de uso, algunos casi blanquizcos. Muchos lucían uniformes bastante remendados y en algunos casos se terminaba remedando el parche que tapaba el hueco en la tela.

Sin embargo, para un alumno que no tenia uniforme que vestir, tener uno era toda una gloria, una hazaña. ¿Cómo se hacia para conseguirlos?

Un bombero que ya estaba bastante mal vestido apadrinaba a un recién llegado, entregándole uno de sus overoles usados, por lo general entregaba al alumno el peor de los que conservaba de un grupo de dos o tres, los que había conseguido en los varios años de servicio. Así, el alumno bombero que trabajaba duro, que mostraba buena actitud, que colaboraba en todas las áreas, era el premiado.

Para cuando decidí dejar el Cuerpo de Bomberos del Perú, la situación había cambiado sustancialmente. No solo habían llegado un centenar de unidades contra incendios y rescate, sino que había bastante más dinero. Los cascos y uniformes eran modernos.

Fue cuando me di cuenta que otros serian los problemas que enfrentaríamos. Siendo Teniente y Jefe de Instrucción, una alumna bombero se me acerco con exigencia. "¿Cuando pensábamos entregarles sus uniformes?"

Me quede callado, simplemente no podía procesar tal solicitud. ¿Qué paso con tienes que ganártelo? Los valores estaban cambiando, las tradiciones de servicio también. Como los alumnos no apagan incendios estos no necesitan equipo de protección y si se implementaba una practica, por supuesto que tendrían todo. Seguía sin entender la exigencia.

Después fui viendo cosas similares en diferentes partes de la institución. Si a un bombero se le asignaba una misión este prontamente solicitaba vales de combustible para su transportación, eso aunque no tuviera automóvil y aunque los bomberos contaban con pase libre en el transporte publico. Antes, uno aceptaba el trabajo encomendado y se las arreglaba para cumplirla, lo que hacia el mérito doble, pues no solo uno separaba de su tiempo personal sino que además asumía los gastos de la misma.

Luego, eso cambio por "Si me pides algo, me debes dar algo" No era un voluntariado puro, era un trueque. Las cosas fueron cambiando más y más, con dinero, con más equipos el Cuerpo de Bomberos del Perú comenzó asignar automóviles a algunos de sus oficiales. Los que comenzaron a usarse para beneficio familiar y particular. Estacionándose en lugares prohibidos, usándose combustible del CBP era ideal para irse a las playas del sur. Era común empezar a verlos en supermercados con los abarrotes hasta de la abuelita, llevando a los chicos al colegio, recoger a la hija de sus clases de ingles, etc.

Ser bombero era bueno, traía ventajas y beneficios, mejor que tener un trabajo regular.

Cuando "vine para sacar" reemplazo "el vine a traer". Los bomberos con empresas de seguridad y talleres automotrices se convirtieron en la norma. Si había un incendio en una empresa industrial, era la oportunidad perfecta para repartir tarjeta de negocios. Esas empresas consultoras y de venta de equipos contra incendio, le ofrecían prácticas de lucha contra incendio con unidades del CGBVP y todo el soporte.

Ahora el unir la pasión de ser bombero con negocios era popular y no importaba usar ni los equipos y propiedades del CGBVP. "El cuando pensábamos darles uniformes" se había convertido en "anda saca lo que necesites".

No estoy en contra de que bomberos hagan empresa, pero cuando esta es de seguridad contra incendios y se trata de un bombero en actividad es muy difícil evitar cruzar la línea, en especial cuando se ocupa un alto cargo.

Cuando uno habla de la corrupción en el Cuerpo de Bomberos, en especial para los que son extranjeros, es difícil de entender que esta no es aislada, que no se trata de uno o dos bomberos que toman partido y sacan ventaja, cosa que debe pasar en toda institución en el planeta, sino que se trata de una mafia enquistada, muy bien organizada y que técnicamente cumple todos los requisitos del crimen organizado, que es la denominación que se le da a las estructuras sociales compuestas por individuos que se organizan para cometer acciones delictivas, así como al tipo de delito imputado por dicha conducta. En este caso el abuso del puesto, enriquecimiento ilícito, uso de recursos del estado para beneficio personal, etc.

No es broma. Trabajan en secreto, mantienen reuniones secretas, expiden normas y reglas para su beneficio, graban con cámaras a otros bomberos. Tienen abogados tenebrosos a su servicio. Los que crean sanciones especiales de "seis meses de suspensión" para los que han cometido graves actos de corrupción y se apuran con esas sanciones leves para tener la cosa juzgada y evitar la expulsión como se merecería. Las cabezas se involucran en gigantescas licitaciones, compras, mantenimiento de unidades, empresas de consultoría de seguridad. No olvidemos que las cabezas que dirigen el CGBVP deciden sobre un presupuesto anual de 50 millones de soles aproximadamente, esto es mas de 17 millones de dolares anuales, unos 14 millones de euros.

No nombran ni promueven oficiales con valores e integridad porque ello seria afectar su propia estabilidad. Entonces tenemos todo un organigrama parasitario que vive dentro y se alimenta del Cuerpo de Bomberos.

En ese escenario se promueven nuevos valores como "Hazme Coronel" "Inventemos nuevos grados" con la finalidad de tener lejos a los nuevos bomberos, que con legítimas aspiraciones buscan llegar a la cúspide. Estos solo les ponen trabas.

En esa artificialidad de atraso no conviene tener un Manual de Procedimientos en Emergencias porque desnudaría incompetencias. Entonces esta mafia esta afectando las vidas y propiedades de 30 millones de peruanos.

Queda claro que mejorar el servicio y optimizarlo no son parte de su agenda. Crear esos nuevos grados seria imposible si hubiera una clara definición de la carrera del bombero. Si se pidiera asistencia a la U.S. Fire Administration para que asesore y trabaje con bomberos peruanos para diseñar la carrera del bombero, mejorar sus operaciones médicas, incendio y rescate haría imposible esas pretensiones y como los intereses particulares han demostrado ser la prioridad. Unos 30 millones de peruanos deben recibir un servicio mediocre.

Intencionalmente se promueve y acepta gente que no ha resuelto problemas básicos y por lo tanto tratan de resolverlo succionando energía al Cuerpo de Bomberos. Si ha sido expulsado, degradado, botado de otra institución resulta ser "sujeto de interés" para la mafia. Tener denuncia de corrupción, haber sido procesado o inculpado es el carnet de membresía. Para la mayoría de organizaciones criminales es una exigencia demostrar ciertas cosas, en las pandillas centroamericanas asesinar a la madre es requisito previo para el ingreso, igual en la organización criminal que se apodera del Cuerpo de Bomberos se debe tener ciertos aspectos para ser promovido y llegar al círculo de confianza.

No es para nadie un secreto que inclusive existe entre los masones un grupillo integrado por bomberos, la mayoría de ellos abusa de su significado noble (?) y se convierte en una argolla de jefes que dominan la institución y crea lealtades dañinas. Por lo que sabemos entre los masones, no son bien vistos tampoco (?).

Cuando una institución pierde el liderazgo en un mar de egoísmos, cuando la promoción de la mejor gente se niega y es por décadas, se fatiga una institución llevándola precisamente a la decadencia que todos atestiguamos. El Cuerpo de Bomberos esta colapsando.

Estos problemas básicos son desde económicos hasta de seguridad emocional y psicológica de sus miembros. ¿Por qué es necesario ser Coronel o General? ¿Qué hay detrás de tener ese titulo? ¿Por qué se necesita tanto? Esta es una organización voluntaria, no significa mayor remuneración, ni beneficios tangibles que sean legales ¿Desde cuando los bomberos son mas que otros por un grado? Los incendios no queman menos porque haya un coronel. Tampoco los subalternos respetaran más al oficial que sea coronel. No veo la ganancia para el CGBVP de crearse este grado jerárquico, pero si lo inconvenientes.

Como burocratizar y alejar a las nuevas generaciones de lo que seria una renovación saludable de puestos. Esa eternidad y afianzamiento de puestos es lo que hace a los bomberos más honestos en "corruptibles" y a la organización noble en "corrupta".

Con los valores trastocados en el Cuerpo de Bomberos del Perú en todos sus niveles jerárquicos, enfrentando una grave crisis de credibilidad su oficialidad y sumergida en la mayor crisis moral de su historia el electo comandante general Tomas Zúñiga tiene todas las cartas en su mano adversas.

Poco tiempo para actuar, pocos recursos legales que lo apoyen y pocos bomberos en los que confiar. La mafia es fuerte porque esos bomberos han tenido al Cuerpo de Bomberos como su fuente de ingresos, estilo de vida y conveniencia. Se aferran a ello porque para ellos es cuestión de vida o muerte. Significa no solo perder un puesto sino el pan diario. Para el bombero honesto, no. Es un trabajo mas es su agenda diaria, es un extra que no trae sino le quita a su hogar. Ser mas bombero significa menos horas extras en su trabajo u horas de disfrute con su familia y por ello esta limitado. Enfrentarse a la mafia tampoco trae mayor retribución y ya sabemos como actúan estos delincuentes, tratando de destruir honras personales, para ellos es fácil. La dignidad la perdieron hace tiempo.

En ese escenario lo primero que encuentra el comandante electo es una oficialidad que en muchos casos, no todos felizmente, están priorizando su "desaparecido grado" Los que eran capitanes, coroneles ahora se miran y piensan no en el Cuerpo de Bomberos ni en el país, sino en ellos mismos y se reunen para estudiar posibles acciones legales.

Ahí esta la grandeza de una institución, en la entrega de sus hombres o en su mezquindad.

Al parecer, gratuitamente los egoístas nos harán una lista con sus nombres, vía pliego de reclamos legales, diciéndonos que ahora que el Cuerpo de Bomberos cumplirá 150 años, esto no es para ellos lo más importantes, sino la reposición de su grado de Coronel porque lo que tienen en sus hombros los define como seres humanos y sus pequeños títulos son la necesidad que justifica su existencia. Primero son ellos y después siguen siendo ellos.

Decía Winston Churchill que el drama de los hombres de nuestra época consistía en que estaban mas preocupados por ser importantes antes que útiles.

Me pregunto cuantas acciones legales estos "valientes" iniciaron en el 2000 para evitar una politización que acabó con ocho vidas en el incendio del Banco de la Nación. También quisiera saber cuantas acciones legales realizaron para asegurarse que la familia Pecho recibiera un trato digno cuando se les desatendió por completo y se les burló la atención médica de emergencia o cuantas acciones legales iniciaron los nuevos ascendidos para evitar que el Cuerpo de Bomberos los ninguneara después, cuando pidieron explicaciones.

Estos "valientes" deberían demostrar que hicieron mucho para detener a sus jefes corruptos, esos que el poder judicial esta poniendo contra la pared y por lo que el Penal de San Jorge esta habilitando cuartos. Porque todo indica que estos "valerosos" no hicieron nada por defender a los demás y solo mueven sus culos para proteger la miseria de sus mezquindades.

Pronto sabremos sus nombres y para siempre ocuparan un lugar "especial" y nada privilegiado en el Cuerpo de Bomberos del Perú y nunca el resto de bomberos debería ni ignorar ni olvidar.

Ahora que un nuevo Comando asumirá, ellos lejos de ayudar causan problemas. Sorprende la clase de gente que ahora viste el uniforme rojo.

Esa es la diferencia entre el Cuerpo de Bomberos que queremos y el que realmente nos merecemos. Pronto sabremos que tenemos y porque nos lo merecemos.

El deber es enorme para los bomberos de verdad. Primero debe recuperarse el sentido del titulo "Caballeros del Fuego". Limpiar, sanear toda la institución, sacar toda esa podredumbre. Hay tanta basura y excremento que esto no molesta a muchos bomberos, lo que alarma. Es que no hay muchos cuarteles de bomberos como si nidos de ratas y comadrejas. La destrucción ha sido planeada y sistemática,

Los nuevos jefes deben implantar el respeto para el uniforme antes que sucumbir a la seducción de los grados. Se necesita un liderazgo que históricamente no han mostrado sus oficiales. Es necesario volver a enseñar el valor del servicio y no del autoservicio.

No será Zúñiga el salvador del CGBVP sino cada uno de los bomberos que inspirados por él, que viendo su trabajo, honestidad y transparencia puedan forjar desde los espacios que ocupan pequeños cambios, sin importar títulos, grados o puestos. Produciendo un significativo golpe de timón que imponga una nueva filosofía de servicio que termine creando un cambio sustancial que se sostenga en el tiempo.

La "pachamama" ha cumplido nuevamente tratando a sus hijos como estas la han tratado. Quienes se aprovecharon de su cargo, se sirvieron por años utilizando al país, quienes hicieron de la mentira y confabulación su mejor talento, quienes trabajaron día a día para destruir al Cuerpo de Bomberos, negándole su grandeza, ahora están siendo vencidos lentamente, avejentados prematuramente, muriendo, viendo a sus familias consumidas, teniendo tristes finales, enfrentando tenebrosas agonías. Como trataron están siendo tratados por un juez al que no pueden mentir, intimidar o sobornar. Ese es el beneficio concluyente de todo lo que nos quitaron. La sentencia que nadie puede apelar ni esquivar. El edicto final.

Nota de Opiniones: Es conocido el latrocinio bomberil contra las víctimas de los siniestros, de eso se quejaron los sobrevivientes de la incendiada discoteca Utopía, por ejemplo. También es sabido que si no eres masón no asciendes, y te hostigan hasta que te vayas.

domingo, 22 de mayo de 2011

La Cristofóbica Lady Gaga

Autor Juan Jesús Priego
Fuente El Observador de la Actualidad

Escucho en el noticiero de la mañana que una famosa cantante norteamericana –Lady Gaga-, en el último concierto que ofreció hace unos días en la Ciudad de México ante 50.000 jóvenes que la aclamaban y la aplaudían, de pronto, y sin que nadie supiera por qué, se puso a blasfemar contra Cristo como una poseída. El mismo conductor que dio la noticia se notaba un tanto consternado y declaraba no saber qué pensar a este respecto. ¿Por qué ese odio hacia Cristo? ¿Por qué esas blasfemias que poco o nada tenían que hacer en un concierto de rock?

Y yo me apeno por esos 50.000 muchachos que iban sólo a escuchar canciones y tuvieron que tragarse, junto con dos horas de música, una ración bastante bien servida de denuestos y blasfemias. ¿Por qué hizo esto Lady Gaga? ¿En verdad siente ese odio implacable o simplemente se limitó a acatar una orden, a obedecer una consigna?

Los que me escuchan cada domingo durante la Misa no desconocen ya este neologismo: Cristofobia. Lo he utilizado no una sino muchas veces para designar esa animadversión que se siente un poco en todas partes no únicamente hacia la persona de Jesucristo, sino a sus palabras, a su enseñanza y a su Iglesia. Pareciera que hay en este mundo personas bastante interesadas en borrar de la Historia el nombre de Jesús de Nazaret. ¿Qué les ha hecho él para que lo odien de ese modo? Nada, pero ellos lo odian igualmente, y con la misma pasión, con la misma vehemencia y tenacidad con que lo odiaron, hace dos mil años, sus enemigos. Se trata de un odio gratuito e injustificado, pero de todas maneras real. ¿Acaso no lo siente el lector flotar en el ambiente?

Cristofobia: odio a Cristo. Pero, ¿por qué sólo a él? Cuando escuché aquella noticia (6 de mayo de 2011) anduve todo el día como atontado; en realidad, me costaba creer que un ser humano –fuera quien fuese- hubiera podido hacer una cosa semejante. ¿Cómo se había atrevido? ¡Y ay del espectador que en aquel momento se hubiese atrevido a lanzarle un zapato en la cabeza a la cantante! Al instante lo hubieran metido a la cárcel por violento, intolerante y fanfarrón. Pero, ¿y Lady Gaga no había sido intolerante con respecto a los cristianos? ¿No había tocado con sus sucias manos lo que nadie puede ni tiene derecho a tocar?

"Respeto a la diferencia", se dice hoy. Sí, pero si ella es la diferencia con respeto a mí, yo soy la diferencia con respeto a ella, de modo que no sólo le pido, sino que le exijo, que me respete, así como yo respeto sus gustos, sus excesos y sus preferencias sexuales.

Fue nada menos que Anthony Giddens, el famoso sociólogo inglés, quien formuló esta pregunta en uno de sus libros: "¿Cómo es posible vivir en un mundo en el que ya nada es sagrado?". Un mundo así –dijo- es un mundo desbocado, un mundo roto.

Pero vuelvo a la pregunta inicial: ¿por qué sólo contra Cristo? ¿Por qué la cantante no se puso a despotricar, por ejemplo, contra Confucio, Buda o Mahoma? ¡Ah, si se hubiese atrevido a hacerlo contra este último, ya sabemos lo que hubiera pasado! Los musulmanes no se andan con juegos. Tal vez se hubiese producido un conflicto de alcance internacional con un saldo rojo de dos o tres cabezas rodando por la banqueta. ¡Ah, nuestra cantante sabe muy bien con quién se mete! ¿O por qué no se puso a gritar contra algún otro fundador de religiones, o incluso contra su vecino?

Todo el día he estado dándole vueltas a este asunto, y, no sé por qué, me vino a la memoria aquella novela de Graham Greene titulada El fin de la aventura, en la que aparece un extraño profesor que se dedicaba a dar a sus alumnos lecciones intensivas de ateísmo. ¿Y cuál era el resultado de aquellas lecciones? Que la gente, por lo regular, acababa no rechazando la fe, sino adhiriéndose a ella: en algún punto de la explicación las cosas le salían tan mal al maestro que acababa produciendo en sus oyentes exactamente lo contrario de lo que con tanto afán se empeñaba en conseguir. Sí, la fe es un misterio de la gracia, y así como más de uno la ha perdido en los patios de un colegio católico, así más de dos la han recobrado con sólo oír hablar a los ateos. ¡Al final, el mundo está en las manos de Dios!

Por la tarde, a la hora de la Misa, mi humor ya no estaba agrio, ni mi semblante descompuesto. ¿Qué puede hacer Lady Gaga contra Cristo? ¿Qué pueden todas sus blasfemias contra una sola de sus palabras? Además, y para ser sincero, hasta me sentí consolado, porque aquellos gritos infames de los que sólo pude enterarme a través de los noticieros, no hicieron más que confirmar lo que yo ya sé, lo que sabemos los cristianos: que Cristo vive. Si así no fuera, ¿por qué habría que insultarlo? ¡Nadie se pone a golpear a un muerto! Este gesto sería del todo superfluo e innecesario: ¿para qué agitarse contra él, si ya no puede hablar ni defenderse?

¿Por qué no se odia hoy a Confucio, a Buda o a Mahoma? Porque, por respetables y venerables que hayan sido estos hombres, están ya bajo tierra, mientras que Cristo vive. Tal es el mensaje de la Pascua: no debemos buscar entre los muertos al que está vivo (Lucas 24, 6). ¿Cómo no va a estar vivo Aquel al que tantos odian con semejante vehemencia? Si no viviese, no lo odiarían. Como en la novela de Greene, Lady Gaga quiso dar a aquellos 50.000 jóvenes unas cuantas lecciones prácticas de ateísmo. Lo que no sabe, y tal vez no sepa nunca, es que sus diatribas no son, a fin de cuentas, más que la confirmación –en negativo, si se quiere- de aquella verdad en la que los cristianos creemos desde hace dos mil años: "
A Aquel que todos rechazaron, Dios lo resucitó de entre los muertos, y ahora vive, reina y reinará por los siglos de los siglos"…

miércoles, 11 de mayo de 2011

EL MOVIMIENTO PROABORTO Y LA MENTALIDAD PSICOPATA

Publicado en Facebook por Sonia Castilla Trigos, el Martes, 10 de mayo de 2011

Autor: Matthew Cullinan Hoffman

Cuando leo las palabras de líderes proaborto como la psicóloga colombiana Florence Thomas, quien llama "tumores" a los bebés no nacidos y dice que ellos sólo son seres humanos si su madre los quiere, viene a la mente una pregunta perturbadora: ¿cuál es fundamentalmente la diferencia entre este tipo de perspectiva, con frecuencia expresado por los abortistas, y la definición clínica de "psicopatía"? Si bien la imagen estereotipada de un psicópata es la de un asesino en serie o la de un maniático peligroso encerrado en un asilo, los psicólogos nos dicen que tales personas representan solamente una pequeña minoría de los que caen bajo la categoría de "psicopatía". En efecto, según los especialistas, nuestra sociedad contiene un número mayor de psicópatas que los que podemos suponer, y los psicópatas pueden inclusive ocupar en forma desproporcionada posiciones de importancia en negocios, en gobiernos y en otros campos importantes.

Si bien los psicópatas son capaces teóricamente de cometer asesinatos y otros actos de crueldad sin remordimiento alguno, la definición de lo que es un psicópata es mucho más amplia que la imagen evocada por la cultura popular. Según los profesionales de la salud mental, un psicópata es alguien que carece fundamentalmente de empatía humana, alguien que ve a los otros seres humanos como meros objetos que se pueden manipular. Las relaciones que entabla un psicópata son típicamente superficiales y fluidas, y con frecuencia son sexualmente promiscuas. El psicópata tiene una personalidad esencialmente egoísta e interesada, incapaz de trascender su propio sentido personal del yo para reconocer la dignidad de los otros.

Los psicólogos estiman que hasta un 4% de la población cae bajo la definición de "psicópata", extendiéndose desde las manifestaciones más leves, que son incluidas en la amplia categoría de sociopatía o trastornos antisociales de la personalidad, hasta los casos más extremos de asesinos en serie. Son capaces a menudo de engañar a otros con una apariencia de sanidad y razonabilidad que oculta su naturaleza fundamentalmente depredadora.

La cifra del 4%, si es exacta, implica que EEUU incluye una población de más de 12 millones de psicópatas o sociópatas, y en todo el mundo la cifra llegaría a cientos de millones. Esta alarmante estadística plantea inevitablemente la pregunta: ¿es posible para los psicópatas agruparse en movimientos basados en sus inclinaciones comunes? La historia sugiere que esto puede ocurrir, y por cierto ocurre. El candidato clásico para un "movimiento psicópata" es el Partido Nacional socialista o Nazi, que llegó al poder en Alemania en los años 1930s a través de una serie de catástrofes económicas y de decisiones ineptas tomadas por el establishment político alemán. El mismo Adolf Hitler ha sido diagnosticado póstumamente con tendencias psicópatas, y muchos nazis dieron muestras del mismo tipo de síntomas. Más aún, aunque la mayoría de los nazis y de los alemanes que cooperaron con ellos probablemente no eran psicópatas, el movimiento en su conjunto pareció basarse en una mentalidad fundamentalmente psicópata, que dispuso de los seres humanos como simple forraje para alimentar las aspiraciones raciales del Estado alemán.

Las mismas tendencias se han encontrado en otros movimientos de masas que surgieron en el siglo pasado, especialmente en el marxismo, que dejó un número sin precedentes de decenas de millones de muertes por ejecución y hambre inducida, para alcanzar sus metas políticas. Una vez más, aunque es improbable que la mayoría de los marxistas sean clínicamente psicópatas, su movimiento ha producido reiteradamente regímenes que se comportaron precisamente en la forma que se esperaría de los pacientes más graves que padecen ese trastorno.

A la luz de la definición clínica de lo que es un psicópata y de las manifestaciones históricas de los movimientos "psicópatas", es difícil evitar la comparación entre la psicopatía y la perspectiva que está abiertamente expresada por muchos líderes en el movimiento global proaborto.

Florence Thomas es solo un ejemplo de la problemática mentalidad que parece caracterizar a los líderes proaborto. Su comparación de su propio hijo no nacido con un "tumor", es decir, un trozo de tejido enfermo, no sólo es anticientífica, además sugiere una mente que es reacia, o quizás es incapaz, de trascenderse e identificarse con la humanidad de otra persona. Su afirmación que un feto es solamente un ser humano si es deseado por sus padres es casi una caricatura del egocentrismo, al implicar que los deseos personales de un individuo confieren dignidad y derechos a otras personas. La conclusión de Thomas fluye inevitablemente de sus premisas, ella cree que las mujeres deberían tener la libertad de matar a sus hijos no nacidos por cualquier motivo, en orden a preservar su "libertad".

Las ideas de Thomas se repiten a través de los movimientos antivida y antifamilia de nuestra época. Margaret Sanger, la fundadora del moderno movimiento de control de la natalidad [y de la IPPF] [1], habló utilizando la escalofriante retórica de la eugenesia cuando rechazaba a los hijos que "no son deseados" por sus padres, refiriéndose a ellos como "basura humana" en su libro publicado en 1920, "Women and the New Race" [Las mujeres y la nueva raza]." Consideraba a los hijos no deseados como si fueran de alguna manera un estorbo social. Solamente el hijo deseado es equivalente a un "capital social", escribió Sanger, quien también preguntó "¿pueden los hijos de esas madres desafortunadas ser otra cosa que una carga para la sociedad –una carga que se refleja en innumerables gastos, crímenes y deterioro social general?". En otro capítulo declaró en forma infame que "lo más misericordioso que hace una familia grande a uno de sus miembros más pequeños es matarlo".

Peter Singer, el famoso "bioeticista" de Princeton, aplica el mismo principio fundamental adoptado por Thomas, Sanger y otros, pero llega a una conclusión más explícita. Singer reconoce que los niños no nacidos son seres humanos, pero niega abiertamente que tengan derecho a la vida, a menos que sus padres los quieran. Más aún, Singer extiende su razonamiento también a los niños después de haber nacido, ofreciendo una aprobación moral del infanticidio."La diferencia entre matar a niños discapacitados y normales no radica en un supuesto derecho a la vida que los últimos tienen y los primeros no, sino en otras consideraciones sobre lo que significa matar", escribe Singer en la segunda edición de su libro "Practical Ethics" [Ética práctica]. "Más obvia es la diferencia que existe a menudo en las actitudes de los padres. El nacimiento de un hijo es en general un acontecimiento feliz para los padres… Por eso, una razón importante que explica por qué es normalmente terrible matar a un niño es el efecto que el matar tendrá sobre sus padres". "Es diferente cuando el niño ha nacido con una grave discapacidad", sigue diciendo Singer. "Las anormalidades de nacimiento varían, por supuesto. Algunas son triviales y tienen poco efecto sobre el niño o sus padres, pero otras convierten al acontecimiento normalmente alegre del nacimiento en una amenaza a la felicidad de sus padres y de los otros hijos que ellos puedan tener. Por un buen motivo, los padres pueden lamentar que un hijo discapacitado haya nacido alguna vez. En ese caso, el efecto que la muerte de un hijo tendrá sobre sus padres puede ser un motivo a favor de su muerte, más que algo contrario a ésta".

La aprobación explícita de Singer del infanticidio no debería sorprender a los activistas provida, quienes son conscientes que por lo general a los niños que sobreviven a los abortos se los deja morir sin ayuda médica. Una indiferencia fundamental hacia la vida humana y la personalidad de los otros es endémica entre los pensadores proaborto, lo que debería llevar a los activistas provida a preguntarnos si estamos comprendiendo realmente a nuestros adversarios en este debate.

Al leer el reciente relato de Florence Thomas sobre su aborto, aflora a la superficie una personalidad trágicamente perturbada. Siendo una mujer brillante con mucho para ofrecer al mundo, sin embargo, se refirió alegremente a la relación sexual que tuvo con su novio como "amor", cuando sólo pensaba en ello  como un acto físico de placer, sin ningún tipo de compromiso o dimensión espiritual. Por ello, descartó a su hijo no nacido como un "tumor", y dijo que no ha sentido el más mínimo remordimiento por su decisión de matarlo.

Como reportero de noticias sobre la vida humana y la familia, me he acostumbrado demasiado a estar en contacto con esta mentalidad antivida, y mi respuesta ha cambiado a través de los años, desde el sentimiento de indignación al compromiso sereno y decidido de combatir y denunciar la "cultura" de la muerte y su perversa mentalidad. Sin embargo, cada vez más me encuentro experimentando otra respuesta cuando informo acerca de: una gran tristeza frente a personas que parecen haber extraviado algo fundamental en los niveles más profundos de su psiquis, algo que posiblemente nunca han conocido por experiencia. ¿Están sufriendo desesperadas y en silencio o no tienen ninguna conciencia de su pérdida? ¿Eligieron libremente este camino, o son víctimas de algo que escapa a su control? En definitiva, ¿hay algo que se pueda hacer por ellas, o están condenadas a desempeñar su triste papel en el imperio global de la muerte? No sé, y no lo puedo saber. Sólo puedo rezar por ellas, y ponerlas en las manos del Dios misericordioso.

Fuente: Notifam.net, 29 de noviembre de 2010, http://notifam.net/index.php/archives/1817/. Versión original en inglés en http://www.lifesitenews.com/news/the-pro-abortion-movement-and-the-psychopathic-mentality.

 

Nota de VHI:

[1]. Las siglas "IPPF" denotan en inglés a la Federación Internacional de Planificación de la Familia, la federación de organizaciones no gubernamentales (ONGs) más abortista del mundo, y con asociaciones miembro también en casi todos los países de América Latina. Para obtener más información, consulte: http://www.vidahumana.org/vidafam/ippf/ippf_index.html.

domingo, 1 de mayo de 2011

Juan Pablo II a un paso de la santidad

Editorial de El Comercio, Lima, 1ro de mayo de 2011:

Fue sin duda el más carismático Papa que haya visto el siglo XX. Murió hace seis años, pero el mensaje y legado de Su Santidad Juan Pablo II sigue inspirando al mundo católico y a personas que profesan otros credos. Su experiencia de vida, sacrificio, su capacidad de perdón y amor al prójimo han quedado grabados para siempre en la memoria y los corazones que quienes hoy, sin duda, celebran jubilosos la histórica ceremonia de su esperada beatificación.

Difícil describir los sentimientos que embargan a quienes admiramos la figura de una personalidad que marcó e impulsó los cambios sociopolíticos vividos en el mundo, a partir de los años ochenta.

El único Papa polaco en la historia de la Iglesia de Roma visitó en dos oportunidades nuestro país. Karol Wojtyla recorrió Lima y otras ciudades peruanas en 1985 y 1988, y repartió sabiduría, carisma y humildad que solo habitan en quienes viven para los demás, luchan por la libertad y el bien común.

Nunca antes un pontífice fue elevado a los altares con la celeridad vista en el proceso de beatificación de Juan Pablo II, iniciado a los dos meses de su deceso. Y es que nunca antes un Papa dejó un legado tan invalorable, una obra incansable que lo llevó a evitar guerras, restablecer la paz, velar por los pobres, defender la dignidad de la persona y unificar la Europa partida y dividida por el comunismo.

Enarbolando los principios de la Doctrina Social de la Iglesia, el Santo Padre contribuyó a sembrar en Polonia –su tierra– y luego en Europa, el germen de la libertad y el fin de lo que él denominó "las ideologías y los sistemas políticos opresivos" de la Europa Oriental, que cambiaría para siempre el curso de la historia del convulso siglo XX.

Fue uno de los artífices del desmoronamiento del comunismo, protagonista y testigo de la caída del muro de Berlín y del fin de la Unión Soviética, pero también una voz que nunca calló ante los excesos de lo que denominó "capitalismo salvaje", del egoísmo secular, la brecha norte-sur y la injusta deuda externa.

Sus limitaciones físicas, producto de enfermedades severas y el atentado que sufrió en Roma el 13 de mayo de 1981, a manos de Alí Agca, no destruyeron su valor ni amilanaron su alegría y espíritu vigoroso. Su pontificado es uno de los más extensos, polémicos y fructíferos de la historia de la Iglesia Católica. Catorce encíclicas, 15 exhortaciones apostólicas, 43 cartas, libros y documentos audiovisuales, así como 102 viajes fuera de Italia y 146 dentro de ese país, entre otros actos litúrgicos y religiosos dan cuenta de su huella en la historia reciente de la cristiandad. Bajo el lema de su pontificado –el histórico ¡Totus Tuus!(¡Todo tuyo!), que el mundo repitió con él–, el Papa reavivó la devoción mariana.

Recordemos su "¡No tengáis miedo!" que, como escribió en "Cruzando el umbral de la esperanza", era "una exhortación a vencer el miedo a la actual situación mundial, sea en Oriente, sea en Occidente, tanto en el Norte como en el Sur".

"No tengáis miedo" recomendó en Ayacucho, en 1985. "No os dejéis abatir por el dolor que pesa sobre vuestras vidas", inquirió a ese pueblo abatido por la carnicería de Sendero Luminoso, en un llamado a la esperanza en momentos convulsos para el país.

Cómo olvidar al pontífice que, repartiendo bendiciones, emocionó a los peruanos cuando en Iquitos dijo: "El Papa se siente charapa, vosotros sentíos romanos, católicos, cristianos". Qué decir de sus encuentros con los jóvenes que lo escucharon cada vez que habló y que lo conmovieron con la exclamación: "¡Que se quede, que se quede!".

Las nuevas generaciones deben conocer el legado moral, espiritual e intelectual del hoy beato Juan Pablo II, el primer Papa que entró en una sinagoga y, con plena entereza y humildad, pidió perdón por los errores pasados de la Iglesia. Fue quien más hizo por tender puentes sólidos de reconciliación y unidad con las otras iglesias cristianas, en un movimiento ecuménico en contra de la "Cultura de la muerte". El Papa Amigo, el Papa Peregrino, está a un paso de la santidad.

martes, 26 de abril de 2011

Firma contra el extremismo laicista

Consciente de que el Gobierno y el PSOE están amparando la mayor oleada de agresiones contra la libertad religiosa que ha conocido nuestro país desde los años 30 del pasado siglo, acabo de unirme al movimiento MasLibres.org.

¿Por qué no te unes tú también? Hazlo ahora desde:

http://maslibres.org

Te llevará menos de un minuto.

El éxito de esta campaña depende de la cantidad de personas que participemos en esta movilización. Es una campaña para creyentes y para no creyentes. Es una campaña sobre la libertad religiosa y de conciencia, la tuya y la mía... Sobre el derecho a no ser denigrado ni discriminado por creer en Dios.

Si logramos llegar a ser cientos de miles de ciudadanos, podremos abrir los ojos a una buena parte de la sociedad española, que tomará conciencia de la amenaza para la libertad de cada persona que entraña el laicismo intolerante sembrado por el PSOE y por el Gobierno de Rodríguez Zapatero durante los últimos años.

No sólo quieren quitar los crucifijos de las aulas. Quieren expulsar la Religión de cualquier espacio público, incluso contra la voluntad mayoritaria de los ciudadanos.

Al mismo tiempo, en

http://maslibres.org

podrás acceder, a lo largo de los próximos meses, a toda clase de recursos que muestran la realidad de los ataques contra la libertad religiosa en la España del PSOE y del Gobierno.

Estoy convencido de que tendrán que rectificar y retirar su programa laicista intolerante, si se encuentran, enfrente, con una respuesta social ilustrada y activa como la que queremos promover.

Queremos contribuir a sensibilizar a nuestros vecinos sobre sus verdaderas intenciones y sobre la importancia de defender la libertad religiosa de todos.

Recuerda: haz posible que no sigan agrediendo a los cristianos y que no sigan recortando la libertad más fundamental, la primera: la libertad de conciencia.

Entre todos podemos ganar esta batalla, en las leyes y en la opinión pública. Firma AHORA desde:

http://maslibres.org

¡Muchas gracias!

lunes, 18 de abril de 2011

Los homosexuales no deben de adoptar niños

MENSAJE DEL PRESIDENTE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL
A LOS FIELES CATÓLICOS Y CIUDADANOS
DE BUENA VOLUNTAD

Domingo de Ramos, 17 de abril de 2011


Queridos hermanos y hermanas:

Como es sabido, en las próximas semanas, la Corte Constitucional deberá proferir sentencia en mérito a la adopción de menores por parejas conformadas por personas del mismo sexo. La alegría de los niños que, según la tradición, acogieron a Jesús durante su entrada a Jerusalén, me brinda la ocasión de dirigirme a ustedes, fieles católicos y ciudadanos de buena voluntad, para reafirmar la clara posición de la Iglesia sobre esta delicada e importante cuestión.

Quiero, en primer lugar, manifestar con toda claridad que la Iglesia en Colombia está profundamente interesada en que sean reconocidos y eficazmente tutelados los legítimos derechos de todos los ciudadanos, sin discriminación alguna. Creemos en una sociedad abierta e incluyente y condenamos por ello todo eventual acto de maltrato social o de violencia contra las personas homosexuales o pertenecientes a otras minorías. Con amor de madre, la Iglesia acoge a todos los hombres y mujeres, sea cual sea su condición. Sabemos bien que, con independencia de la orientación sexual e incluso del comportamiento sexual de cada uno, toda persona tiene la misma identidad fundamental: el ser creatura y, por gracia, hijo o hija de Dios.

Es precisamente por amor y respeto a esta gran dignidad que corresponde a todo hombre y mujer, homosexual o no, y que exige de la Iglesia, del Estado y de la sociedad, sinceridad y franqueza, que los católicos nos oponemos a que los menores de edad puedan ser confiados en adopción a parejas conformadas por personas del mismo sexo y rechazamos una eventual decisión de la Corte Constitucional en este sentido. Nos oponemos con total convicción porque tenemos razones de peso para sustentar nuestra postura, razones no sólo de orden religioso o moral. Creo que es necesario y oportuno compartirlas con ustedes, queridos hermanos, para que sean nuestros portavoces en los diferentes ambientes que frecuentan, en la familia, en el trabajo, con los amigos.

Nuestra primera razón es la naturaleza misma de la familia, célula esencial y columna de la sociedad, que se funda en el amor y el compromiso existentes entre un hombre y una mujer. Este es el principio que, con total evidencia, fue acogido en el artículo 42 de la Constitución Nacional. No hay lugar a equívocos: nuestros menores tienen derecho a nacer, educarse y crecer en el seno de una familia conformada por un padre y una madre, de sexos biológicamente diferentes y complementarios.

Nuestra segunda razón es la naturaleza jurídica de la adopción que es, principalmente y por excelencia, según el derecho internacional y nuestra legislación interna, una medida de protección (art. 61, Código de la Infancia). La adopción no es un "derecho" de los adoptantes, sean estos homosexuales o no, sino una medida en beneficio del menor. Plantear la cuestión de la adopción como un "problema de discriminación" de las parejas homosexuales supone, incluso de modo inconsciente, hacer pasar, por encima del interés del menor, verdadera finalidad de la adopción, las aspiraciones, reivindicaciones y deseos de quienes pretenden adoptar.

Nuestra tercera motivación obedece al necesario respeto que el Estado Social de Derecho debe tener por los valores éticos y sociales de la mayoría de sus ciudadanos. Para tomar una decisión tan importante como la que atañe actualmente a la Corte Constitucional es necesario tener en cuenta que la inmensa mayoría de los colombianos se han manifestado contrarios a la adopción de menores por parte de parejas del mismo sexo. Por otra parte, creemos que decisiones de este tipo deberían ser tomadas en espacios políticos más abiertos a la sana discusión de ideas, más representativos de los ideales democráticos, más cercanos a las reales preocupaciones de las familias y del pueblo colombiano.

Nuestra cuarta motivación es de prudencia: pese a cuanto algunos afirman, sí existen serios estudios avalados por la comunidad científica, que ponen en evidencia dudas y reservas sobre la idoneidad de las parejas homosexuales para brindar a los menores de edad un óptimo espacio de desarrollo psicoafectivo y de integración social. Tales estudios deben ser tenidos en cuenta a la hora de tomar una decisión que podría afectar el bienestar de nuestros menores.

Espero que la Corte Constitucional tenga en cuenta estos argumentos y tome una decisión plenamente conforme a los valores ciudadanos y constitucionales, que fundan y enriquecen la convivencia de nuestra Nación. Dada sin embargo la incertidumbre, los invito queridos hermanos y hermanas a mantenerse vigilantes y atentos, prontos a defender la naturaleza auténtica de la familia y los derechos de los menores, para que sean eficazmente tutelados por todas las instituciones del Estado.

A todos imparto mi bendición, rogando al Señor por la paz de nuestra amada patria,

+ Rubén Salazar Gómez
Arzobispo de Bogotá
Presidente de la Conferencia Episcopal

miércoles, 13 de abril de 2011

Las feministas se han convertido en terroristas fundamentalistas intolerantes sumamente agresivas

En esta noticia descubrimos que clase de personas están detrás del irracional feminismo que no respeta a las opiniones divergentes.

Esta clase de grupos son financiados por los mercaderes del aborto, negocio que mueve miles de millones de dolares en el mundo:

ACIprensa, 13 de abril 2011.- "Ataque de feministas a iglesia católica en Barcelona también es atentado contra democracia"

El rector de la parroquia San Vicente de Sarriá, Barcelona (España), P. Manuel Valls, lamentó el atentado contra el templo la noche del 22 de marzo y señaló a ACI Prensa que el hecho "va contra la misma democracia, va contra el civismo, va contra una convivencia cívica que creyentes o no creyentes desean y quieren promover".

El 27 de marzo un supuesto grupo de feministas se atribuyó en la web saboteamos.info la quema de la puerta principal de la parroquia San Vicente de Sarriá. "Aunque también entraba en nuestros objetivos crear un daño material, y así fue, esta acción es principalmente simbólica", indicaron.

Las supuestas autoras afirmaron que "la iglesia simboliza y representa la opresión histórica y actual sobre todo hacia nosotras como mujeres, decidiendo sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas, nuestro papel y nuestros roles en esta sociedad patriarcal. No es casual que hayamos elegido como objetivo este barrio burgués, donde además la institución eclesiástica así como la derecha conservadora está muy presente".

En declaraciones a ACI Prensa el 8 de abril, el sacerdote condenó el ataque y recordó anteriores atentados a este y otros templos de Barcelona, que están inspirados "en los hechos de la Semana Trágica de Barcelona", que entre el 26 de julio y 2 de agosto de 1909 terminó en la quema de iglesias y conventos a manos de grupos anarquistas, que usaron a la Iglesia como "chivo expiatorio" para protestar contra la guerra de Marruecos.

"Toda una cosa que está estudiada y está documentada. Fue una cosa muy grave, y un preludio además de la persecución religiosa cuando estalló la Guerra Civil, que aquí en Cataluña y en Barcelona fue especialmente virulenta, es decir se mató a mucha gente, muchos sacerdotes en toda Cataluña, muchos seglares, sin juicios, sin nada".

Añadió que "por lo tanto hay un autor intelectual que se ha servido, o ha servido, no sé a quienes". "¿Son mujeres realmente (los autores del ataque)? No lo sabemos", agregó el P. Valls.

Sobre la acción de las autoridades, dijo que la anterior administración, que estaba en manos de la izquierda, no parecía tener mucha voluntad de esclarecer los ataques; sin embargo, al parecer "el nuevo Consejero Felip Puig y el mismo Presidente de la Generalitat están interesados", pero no sabe "hasta dónde llegarán".

Tras señalar que falta un poco más de vigilancia, el sacerdote dijo a ACI Prensa que los fieles han lamentado y condenado el atentado. "No es ninguna buena noticia que se queme la puerta de la parroquia de Sarriá, que además es una parroquia de las pocas abiertas en Barcelona todo el día, y concurrida".

El P. Valls afirmó que no desea "caer en una especie de confrontación", pero recordó que "la libertad de expresión tiene unos límites, sobre todo cuando ofende". Asimismo, rechazó que se quiera acusar a la Iglesia de oprimir a las mujeres.

"Si se repiten (estos ataques), pues rezaremos más, y que no perdamos el sentido del humor, la paciencia, la cautela, la prudencia, que nos mantengamos en la paz interior y el sosiego que da la oración, la liturgia y rezar también por estas personas, porque también el Señor nos invita a rezar por los que nos persiguen", finalizó.

jueves, 7 de abril de 2011

Católicos no deben votar por candidatos que apoyen uniones gay y aborto

REDACCIÓN CENTRAL DE ACI PRENSA.- En declaraciones a ACI Prensa este jueves 7 de abril, el Arzobispo de Arequipa (Perú), Mons. Javier del Río, reiteró que en las próximas elecciones presidenciales del domingo 10 de abril, los católicos no pueden votar por candidatos contrarios a la vida y la familia, que tengan en sus planes de gobierno políticas que promuevan el aborto y las uniones homosexuales.

En la entrevista concedida a ACI Prensa en el Seminario Redemptoris Mater en el Callao, el Prelado dijo que "no podemos de ninguna manera, como ya se ha dicho, votar por ejemplo por un candidato por un programa que ya anticipa explícitamente que va a ir en contra del matrimonio, la vida y la familia".

El pasado 16 de febrero, el Arzobispo había señalado a ACI Prensa que "como católicos, no podemos nunca avalar a un candidato que propone el asesinato de niños indefensos y atenta contra el bien común de la sociedad, atentando contra la institución del matrimonio", haciendo referencia a las propuestas de instituir el mal llamado "matrimonio" gay.

En la entrevista de este jueves 7, el Prelado precisó además que "un católico de conciencia no podría jamás votar por un candidato con un programa de este tipo, porque eso está expresamente dicho en el compendio de la Doctrina Social de la Iglesia".

En el marco de la ceremonia de entrega del doctorado honoris causa al Cardenal alemán Paul Josef Cordes, Presidente Emérito del Pontificio Consejo Cor Unum, el Arzobispo recordó que "los católicos tenemos una responsabilidad en la vida política del país donde nos encontramos y sin duda parte importante de esa responsabilidad consiste en conocer los planes de gobierno de los candidatos".

Por ello, explicó, es importante para elegir "no dejarnos llevar únicamente por las simpatías o antipatías personales que cada uno pueda suscitar sino estudiar a conciencia los planes de gobierno".

También es necesario, dijo, "conocer también los antecedentes personales de cada uno de los candidatos, su mayor o menos credibilidad, su dedicación al trabajo, su seriedad, etc., su honestidad por supuesto y en base a eso y a la Doctrina Social de la Iglesia, en conciencia definir el voto".

El Obispo del Callao, Miguel Irízar, quien también participó en la ceremonia en honor al Cardenal Cordes, señaló a los medios presentes, que confía en que a la hora de votar "el Señor nos ayude a hacer un buen discernimiento" para elegir a los mejores candidatos.

Tras resaltar la urgencia de que todo peruano sea tratado con dignidad y sean respetados todos sus derechos, el Obispo alentó a fiscalizar y acompañar a las nuevas autoridades para que cumplan la misión para la que son elegidos.

A los futuros congresistas, el Prelado exhortó a que "sean conscientes de la responsabilidad de las leyes, que respeten las leyes de Dios primero, y que todo lo que se haga legislación sea mirando al bien común de este país, de las familias peruanas, de los jóvenes, de los niños, de las madres y de toda la sociedad peruana".

Para conocer la postura de algunos candidatos al Congreso sobre la defensa de la vida, ingrese a: http://www.aciprensa.com/noticia.php?n=33125

jueves, 31 de marzo de 2011

Opinar contra homosexualidad está dentro de libertad de expresión

Vaticano ante ONU: Opinar contra homosexualidad está dentro de libertad de expresión

GINEBRA, 31 Mar. 11 / 12:16 am (ACI/EWTN Noticias) .- El representante de la Santa Sede ante la Oficina de la ONU en Ginebra, Mons. Silvano Tomasi, recordó ante este organismo que quienes atacan a los que tienen opiniones contrarias al comportamiento homosexual violan el derecho a la libertad de expresión.

El Arzobispo intervino durante la discusión del ítem 8, "Orientación sexual", en la XVI sesión del Consejo de los Derechos Humanos, y mostró su preocupación ante la "alarmante tendencia" de "atacar a personas por tomar posiciones de no apoyar las conductas sexuales entre personas del mismo sexo".

Mons. Tomasi afirmó que la Iglesia no justifica en ningún caso la violencia contra nadie con motivo de sus preferencias o conductas sexuales, pero también advirtió que en las leyes internacionales, el término "orientación sexual" se refiere a sentimientos y pensamientos y no a conductas. Por ello, advirtió, no están justificados los ataques contra quienes se oponen a determinadas conductas sexuales, en virtud de la libertad de expresión y de creencia.

"Cuando ellos expresan sus creencias morales o sus creencias sobre la naturaleza humana, que pueden ser también expresiones de convicciones religiosas, u opiniones del Estado sobre reivindicaciones científicas, son estigmatizados, o peor aún, son vilipendiados y perseguidos".

"La Santa Sede aprovecha esta oportunidad para afirmar la dignidad y el valor de todos los seres humanos, y para condenar la violencia dirigida contra las personas a causa de sus sentimientos y pensamientos sexuales, o comportamientos sexuales", agregó.

El Prelado afirmó que se está produciendo una "confusión innecesaria" sobre el significado del término "orientación sexual", que según la legislación internacional vigente, se refiere a "sentimientos y pensamientos", y no a "conductas".

"Para los propósitos de las leyes de los derechos humanos, hay una diferencia crítica entre sentimientos y pensamientos, por un lado, y comportamiento, por el otro. Un Estado nunca debería castigar a una persona, o privarla del disfrute de ningún derecho humano, basándose sólo en los sentimientos o en los pensamientos de esta persona, incluyendo los sexuales".

Sin embargo, los Estados "pueden, y deben, regular los comportamientos, incluyendo varios comportamientos sexuales. En todo el mundo hay un consenso entre las sociedades de que ciertos tipos de comportamientos sexuales deben prohibirse por ley. La pedofilia y el incesto son dos ejemplos".

Por su parte, afirmó, la Santa Sede "desea afirmar su creencia profundamente sostenida de que la sexualidad humana es un don que se expresa de modo genuino en la entrega completa y para toda la vida de un hombre y una mujer en el matrimonio".

"La sexualidad humana, como cualquier actividad voluntaria, posee una dimensión moral: es una actividad que pone la voluntad individual al servicio de un fin; no es una 'identidad'. En otras palabras, procede de la acción y no del ser, incluso aunque algunas tendencias u "orientaciones sexuales" tengan raíces profundas en la personalidad".

"Negar la dimensión moral de la sexualidad lleva a negar la libertad de la persona en esta materia, y socava en última instancia su dignidad ontológica". Esta creencia sobre la naturaleza humana es también compartida por muchas otras comunidades religiosas y por otras personas en conciencia", concluyó.

lunes, 7 de marzo de 2011

El Vaticano en el banquillo de los acusados

Fuente: Hispanidad
Por Eulogio López

Antes fue en el Reino Unido, o en Estados Unidos: ahora toca en Alemania: dos abogados bávaros intentan que el Tribunal Penal Internacional juzgue a Benedicto XVI por pederasta. El objeto final del Nuevo Orden continúa siendo el mismo: ilegalizar a la Iglesia y encerrar a Benedicto XVI en el Vaticano. Lo cuenta Religión Digital, con exquisita objetividad, que es cuando los periodistas nos comportamos de forma más subjetiva y, sobre todo, menos ecuánime. Dos abogados bávaros, paisanos de Benedicto XVI, acusan al Papa de "crímenes contra la humanidad", por ocultar la pederastia clerical, por la negativa al uso del condón y por coacción a sus miembros. ¡Toma ya!

Al parecer, los dos letrados pertenecen a una secta con revelaciones propias incluidas y contactos con extraterrestres, lo cual siempre resulta pintoresco y aleccionador, además de útil para entretener las tediosas tardes de invierno. Pero no conviene tomar a broma a estos 'friquis'. No es la primera que vez ocurre ni será la última. Lamento tener que decirlo aquello tan pedante de "ya se lo advertí", pero está claro que el Nuevo Orden Mundial (NOM), en su versión 'new age' no pretende eliminar a la Iglesia sino conquistarla y/o sustituirla y, por tanto, estaba claro que se trata de utilizar una de las mejores armas del NOM, el derecho internacional, para situar a la iglesia don se pretende: en la ilegalidad. Un escenario del Papa encerrado en el Vaticano preso de inmunidad diplomática no es mala forma, y muy democrática, de neutralizar la evangelización, es decir, neutralizar a la iglesia.

A la progresía le encanta judicializarlo todo: la política, las relaciones internacionales, la economía, la información, etc. La judicialización se vende bien porque el acusador se presenta como defensor, es decir, el verdugo como víctima, y porque una curiosa perversión modernista ha creado la imagen popular, verdaderamente venenosa, de que justicia es lo que se hace en los tribunales. Uno se pregunta cómo es posible creer tal cosa cuando la institución menos querida por los ciudadanos, al menos en España, es, precisamente las justicia. Las imágenes populares no tiene por qué coincidir con el sentí popular –que sigue pensando con la sabia maldición gitana: tengas juicios y los ganes-, pero se imponen a través de los medios.

Además, en un mundo que dice no creer en la verdad, en un mundo relativista, es evidente que la única norma moral son las sentencias judiciales. Lo ya dicho: que necesitamos 10 millones de leyes para sustituir a los 10 mandamientos y, aún así, el éxito de la sustitución se espera a cada momento pero nunca llega.

Volviendo al intento de sentar a Benedicto XVI ante la Corte de La Haya. Lo más gracioso es que estos fiscales sectarios acusan a la Iglesia de exactamente lo mismo que la prensa progresista, lo mismo que el lobby feminista y el lobby gay: si usted se opone al condón está provocando millones y millones de víctimas –el genocidio salta a la vista-.

Es lógico porque nada agradaría más a la atmósfera dominante en La Haya que juzgar al Papa una vez se consiga encausar a Gadafi, a los matarifes serbios o a cualquier otro asesino lunático. Imagínense lo que disfrutaría nuestro Baltasar Garzón como adalid de la causa contra el pérfido tirano de la colina Vaticano, un evidente genocida, autor de crímenes contra la humanidad, el Hitler redivivo y, principalmente, vicario de Cristo.

Algunos videntes aseguran que Benedicto XVI es el segundo de los tres últimos Papas. A los videntes, no a los chalados, hay que hacerles caso en el mensaje que transmiten, no en el calendario que aportan; en el fondo, no en el morbo y todo ello siempre que no contradiga el mensaje del encausado, el Papa de Roma. Pero sí es cierto que este empecinamiento en anular al Vaticano mediante un fallo judicial es mucho más sutil que la obsesión de Napoleón por encarcelar al Pontífice. Esto es mucho más sutil.

lunes, 14 de febrero de 2011

Embajadas se entrometen respaldando manifestaciones homosexuales en Perú

Fuente: ACIprensa

Siete embajadas se adhirieron a las manifestaciones convocadas por las organizaciones de activistas homosexuales para reclamar la legalización de uniones entre personas del mismo sexo bajo el argumento de la no discriminación.

El comunicado de adhesión está firmado por las Embajadas de Australia, Bélgica, Estados Unidos de América, Países Bajos, Reino Unido, República Checa, Suecia y el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA – ONUSIDA.

En el texto, los firmantes expresan su "apoyo y solidaridad a las comunidades lesbianas, gays, bisexuales y transgéneros en el Perú" y se erigen como los modelos en la lucha contra la discriminación por orientación sexual.

"Nuestros gobiernos y organismos internacionales procuran combatir tal discriminación promoviendo los derechos humanos de todas las personas, independientemente de su orientación sexual o identidad de género. Instamos a todos los gobiernos a asegurar que ni la orientación sexual ni la identidad de género sean la base para el estigma y la discriminación", indica el texto.

Las sedes diplomáticas "felicitan" al Gobierno peruano por haber aprobado la Resolución 2600 de la Organización de los Estados Americanos (OEA) sobre "Derechos Humanos, orientación sexual e identidad de género", un documento que algunos grupos pretenden utilizar para pedir la legalización de las uniones entre personas del mismo sexo.

sábado, 12 de febrero de 2011

El no tan romántico héroe de América: Ernesto “Che” Guevara

Fuente: Argentinos Alerta

La ideología opera de un modo reductivo en las mentes y los corazones de los hombres de modo tal que genera realidades virtuales que nada tienen que ver con lo auténticamente real.

Esta mentalidad ideológica, enemiga irreconciliable de la verdad, ha construido una realidad idílica y romántica del Che Guevara que está completamente alejada del sujeto histórico real.

En los renglones que siguen nos ocuparemos, simplemente, de referir cuál fue el pensamiento del Che Guevara para que se pueda saber, a ciencia cierta, quién fue este famoso personaje. Para ello investigamos su obra escrita y traemos a colación sus propias palabras como para que no queden dudas de lo que realmente pensó Ernesto Guevara

Filosófica y políticamente, Guevara es marxista. Expresa el Che: «Hay verdades tan evidentes, tan incorporadas al conocimiento de los pueblos que ya es inútil discutirlas. Se debe "ser marxista" con la misma naturalidad con que se es "newtoniano" en física, o "pasteuriano" en biología…»[1]. Y añade: «Es por ello que reconocemos las verdades esenciales del marxismo como incorporadas al acervo cultural y científico de los pueblos y lo tomamos con la naturalidad que nos da algo que ya no necesita discusión»[2].

Observe el lector el modo en que Guevara ha determinado, dogmáticamente, que el marxismo es una verdad cuasi revelada que no puede someterse a discusión alguna.

Al asumir la filosofía de Marx, Guevara suscribe al ideal revolucionario. Marx enseña, en efecto, que la naturaleza no está para ser interpretada sino para ser transformada. A esto último, Guevara lo considera un cambio cualitativo en la historia del pensamiento social[3].

Desde su óptica, la diferencia respecto de Marx es que este último fue un científico que pensó las leyes que gobiernan la revolución; los cubanos fueron aquellos que las aplicaron[4].

Ahora bien, esta revolución no se hace de abajo hacia arriba: es una elite la encargada de concientizar a la masa y de comandarla. Para Guevara, la lucha guerrillera se desarrolla en dos ambientes bien distintos: «…el pueblo, masa todavía dormida a quien había que movilizar, y su vanguardia, la guerrilla, motor impulsor de la movilización, generador de conciencia revolucionaria y de entusiasmo combativo»[5].

En otro lugar expresa: «Nuestra aspiración es que el partido sea de masas, pero cuando las masas hayan alcanzado el nivel de desarrollo de la vanguardia, es decir, cuando estén educadas para el comunismo»[6].

Pero entonces, ¿para qué la revolución? La respuesta es simple: para la creación del hombre nuevo[7], o sea, el equivalente a la promesa de la instauración del reino celeste en la tierra que proclamaba el cristianismo.

Resulta interesante, al respecto, la obra de Norman Cohn En pos del Milenio, en la cual muestra cómo los movimientos milenaristas que surgieron entre los poseídos y desarraigados de Europa occidental entre los siglos XI y XVI, instruidos y guiados por presuntos profetas y mesías provenientes, en su mayoría, de la baja clerecía, fueron auténticos precursores de los grandes movimientos revolucionarios del siglo XX[8].

Ya hemos escrito en otro lugar que todo proyecto revolucionario sólo puede anidar en una cabeza que barrunta que el mal no reside en el interior del hombre sino en realidades exteriores al mismo (como lo son, por ejemplo, las estructuras sociales injustas). Entonces, de lo que se trata es de transformar dichas estructuras injustas en justas para poder vivir el paraíso aquí, en la tierra. El hombre nuevo de la gracia, de la vida divina que predica el cristianismo, que logra su plenitud en el Reino celeste, podrá alcanzarse en esta tierra a través de fuerzas puramente humanas. Claro está que, para llegar a esta realidad, será preciso pasar por la revolución que equivale, lisa y llanamente, a muerte…

Refiere Guevara, sin ambages, que el cambio en América Latina debe producirse a través de la lucha armada, la cual «… va haciendo más clara la necesidad del cambio (y permite preverlo) y de la derrota del ejército por las fuerzas populares y su posterior aniquilamiento (como condición imprescindible a toda revolución verdadera)»[9]. La lucha armada no es una opción entre muchas sino el «… instrumento indispensable para aplicar y desarrollar el programa revolucionario»[10]. La violencia constituye un bien, ya que a través de ella se aceleran las condiciones que alumbrarán al reino terrenal. Afirma Guevara: «Es decir, no debemos temer a la violencia, la partera de las sociedades nuevas; sólo que esa violencia debe desatarse exactamente en el momento preciso en que los conductores del pueblo hayan encontrado las circunstancias más favorables»[11].

El auténtico revolucionario tiene una pasión idéntica a la del hombre religioso: sólo varía el objeto de su fe ya que el primero lo pone en Dios, y el segundo lo sitúa en la conquista del hombre nuevo. Y así como el hombre religioso debe renunciar a todo para seguir a Dios, el revolucionario, que dedica su vida entera a esta causa, «… no puede distraer su mente por la preocupación de que a un hijo le falta determinado producto, que los zapatos de los niños estén rotos, que su familia carezca de determinado bien necesario»[12]. Pensar de manera contraria equivaldría a dejarse infiltrar por los gérmenes de la futura corrupción.

La historia misma ha sido testigo de las desgracias que esta «mística» revolucionaria (encarnada, en nuestro caso, en el Che Guevara) ha traído a los pueblos que la abrazaron. La violencia como método de cambio social no es aséptica ya que la misma supone, cuando es empleada, el desprecio de todo valor. Ahora bien, cabe preguntarse: ¿cómo será posible que, procediendo de este modo, se llegase algún día, luego de haber negado todo valor que no sea el de la fuerza, a la entronización de valores en el mundo del paraíso terrestre que predican todos los revolucionarios milenaristas?

Permítasenos citar estas verdaderas, valientes y justas palabras de Oscar del Barco, otrora ideólogo gramsciano que apoyara y alentara movimientos guerrilleros en Argentina: «Creo que parte del fracaso de los movimientos "revolucionarios" que produjeron cientos de millones de muertos en Rusia, Rumania, Yugoslavia, China, Corea, Cuba, etc., se debió principalmente al crimen. Los llamados revolucionarios se convirtieron en asesinos seriales, desde Lenin, Trostsky, Stalin y Mao, hasta Fidel Castro y Ernesto Guevara. No sé si es posible construir una nueva sociedad, pero sé que no es posible construirla sobre el crimen y los campos de exterminio. Por eso las "revoluciones" fracasaron y al ideal de una sociedad libre lo ahogaron en sangre. Es cierto que el capitalismo, como dijo Marx, desde su nacimiento chorrea sangre por todos los poros. Lo que ahora sabemos es que también al menos ese "comunismo" nació y se hundió chorreando sangre por todos sus poros»[13].

Concluimos estas breves reflexiones con una pregunta: ¿cómo es posible que una sociedad, que se autodenomina «democrática» y entroniza los derechos humanos, eleve a la categoría de héroe a un guerrillero que exaltó la violencia como método, y asesinó sin tener sensibilidad alguna para apreciar el valor excelso de cada vida humana?

Notas:

[1] Ernesto Guevara. «Notas para el estudio de la ideología de la revolución cubana». En Ernesto "Che" Guevara. Obras Completas. Bs. As., MACLA, 1997, p. 173.

[2] Ibidem, p. 174.

[3] Cfr. ibidem, p. 174.

[4] Cfr. ibidem, p. 175.

[5] «El socialismo y el hombre en Cuba». En Ernesto "Che" Guevara. Obras Completas, p. 205. Lo destacado es nuestro.

[6] Ibidem, p. 218.

[7] Cfr. ibidem, p. 217.

[8] Cfr. Norman Cohn. En pos del Milenio. Revolucionarios milenaristas y anarquistas místicos de la Edad Media. Madrid, Alianza Editorial, 1997, 5ª reimpresión.

[9] Ernesto Guevara. «Cuba: ¿caso excepcional o vanguardia en la lucha contra el colonialismo?». En Ernesto "Che" Guevara. Obras Completas, op. cit., p. 230. Lo destacado nos corresponde.

[10] Ibidem, p. 234. Lo destacado es nuestro.

[11] «Guerra de guerrillas: un método» (septiembre de 1963). En Ernesto "Che" Guevara. Obras Completas, p. 381. Lo destacado nos corresponde.

[12] «El socialismo y el hombre en Cuba». En Ernesto "Che" Guevara. Obras Completas p. 220.

[13] Oscar del Barco. No Matar. Sobre la responsabilidad. Córdoba, Ediciones La Intemperie, 2008, 1ª reimpresión, p. 33.

martes, 8 de febrero de 2011

El Islam agonizará

En los años setenta parecía que en la Iglesia no había nada más importante que enfrentarse con el marxismo. Como han demostrado después los hechos, uno de los errores ha sido tomarse demasiado en serio esta ideología que, para quien quisiera ver, estaba ya al borde del precipicio, mientras para muchos cristianos (que la habían descubierto recientemente) era como una especie de primavera para el futuro del mundo. Un error de perspectiva que afectó no sólo a algunas franjas contestatarias (los de mi edad recordarán a los «cristianos para el socialismo», entre otros), sino a la mismísima cúpula de la Iglesia: la «ostpolitik» de Pablo VI, la política de diálogo, de acuerdo, de distensión hacia los regímenes de «socialismo real», partía de la convicción de que aquellos déspotas gozarían de un tiempo ilimitado. Era necesario ponerse de acuerdo con ellos a cualquier precio para crear un espacio de supervivencia para la Iglesia.

En cualquier caso, el foco de interés hoy parece estar en aquel islamismo que, desde mediados del siglo XX, era visto por muchos occidentales como una especie de fósil para subdesarrollados, confinado en la franja de los trópicos. Ahora, en cambio, corremos el riesgo de sobre-valorar su potencia y su futuro. ¿Un error de perspectiva, como el del marxismo? Es posible, dado que, al salir de su contexto tribal y esparcirse por Occidente, el islamismo tendrá que vérselas con nuestros «venenos», con nuestros racionalismos, secularismos y laicismos.

Mucho por andar. El Islam tiene seiscientos años menos que el cristianismo. Debe todavía atravesar las fases de Reforma, de Renacimiento, de Ilustración y de Cientifismo a las que la fe en Cristo ha podido hacer frente, saliendo viva de todas, aunque con crisis y pérdidas. La Escritura judeo cristiana ha «sobrevivido» al asalto devastador de la crítica racionalista. Deberíamos preguntarnos que sucederá cuando el Corán sea agredido y viviseccionado por los «expertos», con el trabajo y el ensañamiento que cierta investigación académica occidental ha dedicado a la Biblia. En cualquier caso, la crisis del Islam, en contacto con nuestros ácidos disolventes (los mismos que han corroído el marxismo hasta destruirlo) y con los valores de una civilización impregnada por dos milenios de cristianismo, será un proceso largo y dramático. Los de mi generación no verán su desarrollo, pero pueden intuir sus líneas, reflexionando sobre las dinámicas internas que guían, desde el principio, la fe musulmana, a la que contemplan a menudo los cristianos atribuyéndole categorías propias. Pienso en el concepto de diversidad, sobre todo en su aspecto «misionero», y me pregunto si existe algo parecido en el Islam. En realidad, los musulmanes no han tenido nunca un apostolado organizado, ni estructuras misioneras como las ha tenido, y las tiene, el cristianismo. Es más: como veremos, han intentado desalentar las conversiones al Islam. Los historiadores son unánimes a la hora de afirmar que Mahoma murió sin prever en modo alguno el desarrollo que iba a tener la fe que predicaba, pensando que se dirigía exclusivamente a los habitantes de la península arábiga. Quería darles una fe monoteísta, arrancarlos de las supersticiones paganas, y darles una comunidad, como la que tenían ya judíos y cristianos.

La extraordinaria, imprevista expansión árabe tras la muerte del Profeta no sucedió -como cuenta el imaginario popular- al grito de «¡Cree o muere!». Que no fue así lo demuestran también las minorías cristianas y judías que sobreviven tras más de mil años de dominación musulmana. En realidad, los árabes no fueron a la guerra para convertir a la fe a los incrédulos, sino para someter bajo su dominio las tierras conquistadas. Tras las matanzas iniciales, establecían con los vencidos un verdadero «contrato de protección» que se basaba en dos puntos: pagar un tributo y aceptar la pública humillación, reconociendo los privilegios de los vencedores. Encontramos muchas de estas «cartas de protección» (en realidad, de «dominio») en los países cristianos invadidos.

Obligaciones y humillaciones. Entre las obligaciones, estaba la prohibición de tocar las campanas, de mostrar en público la cruz, de construir nuevas iglesias y conventos, de erigir casas más altas que las de los discípulos de Mahoma, de hospedarlos gratuitamente en su peregrinación a La Meca. A estos deberes y humillaciones se les unen dos que parecen desconcertantes: la prohibición de leer el Corán y de enseñarlo a los hijos. A veces van más allá, imponiendo a cristianos y judíos conservar su religión bajo pena de muerte en caso de abandono. Para explicar estas medidas (incomprensibles para un cristiano), existen también razones económicas. La «protección» tenía un precio, y muy alto: las tres cuartas partes de las ganancias de los desventurados «protegidos». Sólo ellos pagaban los impuestos. Los musulmanes, en la medida de lo posible, eran mantenidos. De aquí la prohibición a los no árabes de entrar a formar parte de la casta privilegiada. Cada converso más era un contribuyente forzado menos. Nada, por tanto, de «¡Cree o muere!». Sino más bien «¡Paga y sobrevive!». Nos regalan los oídos, desde hace tiempo, hablando de la «tolerancia musulmana» (por ejemplo, en España) contraponiéndola naturalmente a la «intolerancia» católica. Pero estos apologetas de Alá olvidan explicar (o lo ignoran) cómo fueron las cosas: por una parte, los explotados, por otra, la élite de los patrones que vivían como parásitos, vigilando para que las otras religiones sobrevivieran y poder así seguir librándose del fortísimo tributo.

En la época de la siembra, por ejemplo, los soldados del emir vigilaban y tomaban la mies directamente, en el campo. Nada de «tolerancia» por tanto, sino cínico interés económico. Los turistas que visitan admirados las grandes mezquitas o los palacios de los emires musulmanes, como la Alhambra de Granada, no saben que aquellas maravillas se erigieron matando de hambre a los «protegidos». Si, en el mundo cristiano todo se ha erigido con el dinero de las limosnas voluntarias de los creyentes, todo, o casi todo, en el mundo musulmán ha sido construido con los sacrificios impuestos a los creyentes, pero de otras religiones. Una realidad ignorada en muchos discursos de cierto tercermundismo occidental.

El «rodillo» matrimonial. ¿Cómo se entiende, entonces, la lenta pero inexorable islamización de tantas vastísimas regiones como por ejemplo el norte de África u Oriente Medio, sedes de cristiandades problemáticas, cierto, pero siempre florecientes? Precisamente el ser problemáticas explica por qué a los invasores árabes se les han abierto las puertas: mejor ellos (de los que, a menudo no conocían la doctrina) que la dependencia de Bizancio o la lucha entre varias sectas e Iglesias. Cuando los creyentes de Alá se hicieron dueños de la zona, sólo las primeras generaciones cristianas y judías soportaron el apabullante estatuto de «protegidos». Serlo no significaba sólo tasas y humillaciones, sino exclusión de cualquier papel en la vida social, reservada exclusivamente a los musulmanes. Actuó también, con potencia, el rodillo de la implacable ley matrimonial: quien se enamoraba de una mujer islámica debía convertirse también él para poder casarse con ella. Sin embargo, el musulmán que se enamoraba de una cristiana, desde el momento de la boda ella se convertía en compañera en la fe musulmana. En cualquier caso, el paso al Corán era -y es- irremediable.

Alguno ha comparado ya el Islam con una trampa: fácil y agradable la entrada, que no requiere catecumenado alguno, sino sólo recitar ante dos testigos la convicción de que sólo hay un Dios, Alá, y que Mahoma es su profeta. Pero con una salida, como toda trampa, imposible: pena de muerte, sin excepción, para quien, una vez dentro, quiera abjurar, renegar de la nueva fe.

Poco o nada, por tanto, se debe en el Islam a una obra «misionera» o de «apostolado» para la cual han faltado desde siempre las estructuras. Falta la «pasión por convencer» que desde los inicios ha caracterizado al creyente en el Evangelio.

Deberíamos ser conscientes de esta lección de historia: más que de «convertir», el mundo musulmán ha tenido, desde siempre, el deseo de «someter». Y es él mismo sólo allí donde existe como amo y donde hay forzosos «protegidos». La diáspora no es su hábitat. De aquí mis dudas fundadas sobre la posibilidad de tomar un Occidente donde no será fácil poner a todos bajo el imperio de la medialuna y de los verdes estandartes del Profeta.

domingo, 6 de febrero de 2011

Acoger siempre toda vida humana y reconocer plena dignidad de enfermos, exhorta Benedicto XVI

VATICANO, 06 Feb. 11 (Fuente ACI )
Al concluir el rezo del Ángelus dominical, el Papa Benedicto XVI alentó a generar una renovada cultura de vida que acoja siempre toda vida humana, especialmente la naciente; y que no vea a los enfermos solo como "cuerpos frágiles" sino y sobre todo como personas cuya dignidad se mantiene intacta.
Al saludar a una delegación de la Facultad de Medicina y Cirugía de la Universidad de Roma en ocasión de un congreso sobre la asistencia sanitaria del embarazo, el Papa señaló que "cuando la investigación científica y tecnológica es guiada por auténticos valores éticos es posible encontrar soluciones adecuadas para la acogida la vida naciente y para la promoción de la maternidad". "Auspicio que las nuevas generaciones de agentes sanitarios sean portadores de una renovada cultura de vida", expresó.
El Papa recordó luego que hoy se celebra en Italia la "Jornada por la vida" y expresó su deseo de que "todos se esfuercen por hacer crecer la cultura de la vida, para poner al centro, en toda circunstancia, el valor del ser humano".
"Según la fe y la razón la dignidad de la persona es irreducible a sus facultades o a las capacidades que puede manifestar,y por tanto no se hace menos cuando la persona misma es débil, discapacitada o necesita ayuda".
De otro lado el Santo Padre recordó que el próximo 11de febrero se celebrará la Jornada Mundial del Enfermo. "Es una ocasión propicia para reflexionar, para rezar y para acrecentar la sensibilidad de la comunidad eclesial y de la sociedad hacia los hermanos y hermanas enfermos".
"En el mensaje para esta Jornada, inspirado en una expresión de la primera Carta de Pedro 'fueron curados de sus heridas', invito a todos a contemplar a Jesús, el Hijo de Dios, que ha sufrido, ha muerto pero ha resucitado".
El Papa resaltó que "Dios se opone radicalmente a la prepotencia del mal. El Señor se hace cargo del hombre en toda situación, comparte el sufrimiento y abre el corazón a la esperanza". "Por eso exhorto –concluyó– a todos los operadores sanitarios a que reconozcan en el enfermo no solo un cuerpo marcado por la fragilidad, sino primero que nada a una persona, a la que se debe dar toda la solidaridad y ofrecer respuestas adecuadas y competentes".

sábado, 15 de enero de 2011

Apostasía y campañas publicitarias

“Distinguido Señor: por la presente quiero comunicarle, de forma resolutiva, mi voluntad de que sea destruida, de forma inmediata, toda referencia a mi persona en sus ficheros y archivos parroquiales”. Así comienza uno de los formularios que existen para que los bautizados que quieren dejar de ser católicos se dirijan a la Iglesia solicitando su “baja”. Aunque no son muchos los que se acercan a los obispados y parroquias para este proceso –y menos los que lo concluyen– llevan provocando un cierto ruido mediático en los últimos años en España. Y es que, aunque se trata de actos libres y personales, detrás de ellos hay corrientes y grupos que promueven la apostasía de la fe católica. Siendo un terreno delicado, en el que hay que respetar a la persona y sus decisiones, sobre todo en lo que respecta a algo tan sagrado como la conciencia, es preciso, no obstante, mirar con detalle al entramado ideológico interesado que subyace.

Una sencilla búsqueda por Internet nos da una idea de todo lo que se mueve, aunque no siempre queden claras las filiaciones y vinculaciones. En primer lugar, nos encontramos con personas que se han agrupado para “defender” ante la “malvada jerarquía” de la Iglesia, que no hace más que “poner trabas”, el derecho a renunciar a la comunidad eclesial. Estos grupos son muy activos y beligerantes, y emplean muchos esfuerzos para ayudar a la gente a apostatar, facilitando documentos, formularios y hasta apoyo legal. De la voluntad personal de dejar la Iglesia se pasa a un activismo que, es de suponer, tiene que contar con alguna financiación o apoyo externos.

En segundo lugar, diversas organizaciones de izquierda (aquí la etiqueta “progresistas” estaría fuera de lugar) han hecho de esta campaña una de sus banderas de aparición pública. Como la cuestión religiosa en España está como está, y sigue teniendo un indudable tirón mediático –y demagógico–, se erigen en defensoras de la libertad del individuo ante una superestructura que lo considera como miembro suyo y así se sigue “aprovechando” del ciudadano.

Muy vinculado con esta corriente está el hecho de que los movimientos que forman parte del “lobby gay” sean los principales promotores, a día de hoy, de la apostasía, tanto en España como en otros países occidentales. Poco me importa que me tachen de homófobo, cuando se trata de un hecho fácilmente constatable por cualquier persona que sepa leer un periódico, o sin llegar a eso, viendo la televisión. Las plataformas de presión de los homosexuales (o empresas publicitarias, si quieren verlas así) están llevando a cabo una fuerte campaña de promoción de la apostasía. ¿Quién no ha visto, por ejemplo, a los representantes de COGAM con varias cajas ante la puerta del Arzobispado de Madrid, llevando 1.500 solicitudes de apostasía? Documentos personales, sí. Entregados por una organización ante todos los medios de comunicación, también.

Y llego a donde me interesa. Hay otros intereses ocultos que pocas veces salen a la luz. Algunas sectas están moviendo este tema, en una campaña de desprestigio de la Iglesia católica y, por extensión, de la religiosidad más institucional. La primera de ellas, el Movimiento Raeliano, que entre otras extrañas actividades vinculadas a su creencia en los extraterrestres, dirigen una importante corriente de promoción de la apostasía (ligada a su defensa de la homosexualidad y a su participación en las cabalgatas del “orgullo gay”). Los raelianos llevan ya desde el año 2001 invitando a los cristianos (no sólo católicos) a “desapuntarse”, bajo el lema: “bautizar inconscientemente... apostatar conscientemente”. Para apoyar esta extravagante promoción han creado una web en varios idiomas en la que hacen un repaso a los casos más sonados de pederastia por parte de miembros del clero, para convencer de la maldad de las grandes Iglesias.

Para facilitar esta renuncia religiosa, ofrecen las direcciones de obispados de todo el mundo, y la posibilidad de descargar on-line un “acta de apostasía o solicitud de desbautización”, lista para rellenar y enviar a la propia parroquia y al obispado correspondiente, y con amenazas de acciones jurídicas. Su web www.apostasie.org es, de hecho, una de las más importantes acerca de este tema a nivel mundial. Comenzaron promoviendo la apostasía entre los pueblos indígenas, y luego la orientaron hacia el colectivo homosexual, asegurando que la secta, frente a las Iglesias cristianas, es el único grupo religioso que lo apoya. Un tanto importante a su favor popular.

Y ya no esconden su autoría de la campaña, como puede leerse en un comunicado en el que se dirigen, sobre todo, a homosexuales, personas divorciadas o que hayan abortado: “Los miembros del Movimiento Raeliano Internacional, van a salir a la calle por todo el mundo para lanzar una campaña de incitación a la Apostasía, distribuyendo formularios muy simples para que sean enviados a los obispos de la zona donde los católicos han sido bautizados. Apostatar, no es renegar de Jesús ni de su mensaje, sino solamente de una organización que traiciona sus Mensajes de amor y de justicia y que continúa haciéndolo”. El interés propagandístico y proselitista es claro, al terminar su comunicado recordando: “El Movimiento Raeliano cuenta con 55.000 miembros en 84 países. Ver www.rael.org”.

No es la única secta que está detrás de estas campañas. Una anécdota: en 1999 se pudo ver en las calles de algunas ciudades españolas una pegatina con un obispo tachado y una dirección de Internet: www.revo.org. Esta página, titulada “Jesucristo el Revolucionario”, viene a defender aquello de “Cristo sí, Iglesia no”... ofreciendo al final un vínculo con la página principal de la secta Vida Universal, dirigida por una profetisa alemana a la que habla directamente el Espíritu Santo. ¿Casualidad? No. Si observamos con más detalle esta web, aparecen grandes críticas a las Iglesias cristianas como traidoras al evangelio, y se hace una invitación directa: “Nosotros proponemos: salirse de las Iglesias institucionales para poder seguir los pasos del Nazareno”. Bien claro.

Hay muchos intereses detrás de la promoción de la apostasía, y aquí he repasado solamente algunos que conozco. Es difícil observarlos y rastrearlos, pero están ahí. Repito que hay que respetar la decisión de una persona que, por las circunstancias que sea, decide dejar la Iglesia formalmente (porque hay que mirar también la gran apostasía silenciosa de tanta gente...). Recibirla, atenderla y sufrir por su marcha, pues es un miembro de la familia de los seguidores de Cristo que decide irse voluntariamente. Pero también hay que ser lúcidos para discernir qué ideologías o motivaciones hay detrás de las grandes campañas que pueden condicionar a las personas. Y sobre todo a los sencillos, que son siempre los más indefensos. Se les puede estar manipulando cuando se les vende una supuesta libertad.

Un artículo de Luis Santamaría

martes, 11 de enero de 2011

Lo que los católicos deben conocer sobre las Cruzadas

Tomado de la Enciclopedia Católica - Aciprensa

Cruzadas

Las Cruzadas fueron expediciones emprendidas, en cumplimiento de un solemne voto, para liberar los Lugares Santos de la dominación mahometana. El origen de la palabra remonta a la cruz hecha de tela y usada como insignia en la ropa exterior de los que tomaron parte en esas iniciativas. Escritores medievales utilizan los términos crux (pro cruce transmarina, Estatuto de 1284, citado por Du Cange s.v. crux), croisement (Joinville), croiserie (Monstrelet), etc. Desde la edad media el significado de la palabra cruzada se extendió para incluir a todas las guerras emprendidas en cumplimiento de un voto, y dirigidas contra infieles, ej. contra mahometanos, paganos, herejes, o aquellos bajo edicto de excomunión. Las guerras emprendidas por los españoles contra los moros constituyeron una cruzada incesante del siglo XI al XVI; en el norte de Europa se organizaron cruzadas contra los prusianos y lituanos; el exterminio de la herejía albigense se debió a una cruzada, y, en el siglo XIII los papas predicaron cruzadas contra Juan Lackland y Federico II. Pero la literatura moderna ha abusado de la palabra aplicándola a todas las guerras de carácter religioso, como, por ejemplo, la expedición de Heraclio contra los persas en el siglo VII y la conquista de Sajonia por Carlomagno. La idea de la cruzada corresponde a una concepción política que se dio sólo en la Cristiandad del siglo XI al XV; esto supone una unión de todos los pueblos y soberanos bajo la dirección de los papas. Todas las cruzadas se anunciaron por la predicación. Después de pronunciar un voto solemne, cada guerrero recibía una cruz de las manos del papa o de su legado, y era desde ese momento considerado como un soldado de la Iglesia. A los cruzados también se les concedían indulgencias y privilegios temporales, tales como exención de la jurisdicción civil, inviolabilidad de personas o tierras, etc. De todas esas guerras emprendidas en nombre de la Cristiandad, las más importantes fueron las Cruzadas Orientales, que son las únicas tratadas en este artículo.

DIVISION

Ha sido habitual el describir las Cruzadas como ocho en número:

  • primera, 1095-1101;
  • segunda, encabezada por Luis VII, 1145-47;
  • tercera, conducida por Felipe Augusto y Ricardo Corazón de León, 1188-92;
  • cuarta, durante la cual Constantinopla fue tomada, 1204;
  • quinta, que incluyó la conquista de Damietta, 1217;
  • sexta, en la que Federico II tomó parte (1228-29); así como Teobaldo de Champaña y Ricardo de Cornualles (1239);
  • séptima, liderada por San Luis, 1249-52;
  • octava, también bajo la dirección de San Luis, 1270.

Esta división es arbitraria y excluye muchas expediciones importantes, entre ellas las de los siglos XIV y XV. En realidad las Cruzadas continuaron hasta fines del siglo XVII, la cruzada de Lepanto ocurrió en 1571, la de Hungría en 1664, y la cruzada del duque de Borgoña a Candía, en 1669. Una división más científica se basa en la historia de las colonias cristianas en Oriente; por consiguiente el tema se tratara en el siguiente orden:

I. Origen de las Cruzadas;
II. Fundación de estados cristianos en Oriente;
III. Primera destrucción de los estados cristianos (1144-87);
IV. Intentos de restaurar los estados cristianos y la cruzada contra San Juan de Acre (1192-98);
V. La cruzada contra Constantinopla (1204);
VI. Las cruzadas del siglo XIII (1217-52);
VII. Pérdida final de las colonias cristianas de Oriente (1254-91);
VIII. La cruzada del siglo XIV y la invasión otomana;
IX. La cruzada en el siglo XV;
X. Modificaciones y persistencia de la idea de cruzada.

I. ORIGEN DE LAS CRUZADAS

El Origen de las Cruzadas remonta directamente a la condición moral y política de la Cristiandad Occidental en el siglo XI. En aquel tiempo Europa estaba dividida en muchos estados cuyos soberanos estaban absortos en tediosas y fútiles disputas territoriales mientras el emperador, en teoría la cabeza temporal de la Cristiandad, gastaba su energía en disputas sobre Investiduras. Solo los papas habían mantenido una justa noción de unidad cristiana; Ellos veían a que grado los intereses de Europa eran amenazados por el imperio Bizantino y por las tribus mahometanas, y solo ellos tenían una política extranjera cuyas tradiciones se formaron bajo León IX y Gregorio VII. La reforma efectuada en la Iglesia y el papado bajo la influencia de los monjes de Cluny había aumentado el prestigio del romano pontífice ante todas las naciones cristianas; por tanto nadie sino el papa podía inaugurar el movimiento internacional que culminó en las Cruzadas. Pero a pesar de su eminente autoridad nunca habría podido el papa persuadir a los pueblos occidentales de armarse para la conquista de la Tierra Santa de no haber sido por que las relaciones inmemoriales entre Siria y Occidente favorecieron su plan. Los europeos escucharon la voz de Urbano II porque sus propias inclinaciones y tradiciones históricas los impulsaban hacia el Santo Sepulcro. Desde fines del siglo V no había habido ninguna ruptura en su comunicación con Oriente. Desde el primer período cristiano colonias de sirios habían introducido las ideas religiosas, arte, y cultura de Oriente en las grandes ciudades de Galia y de Italia. Los cristianos occidentales a su vez viajaron en grandes cantidades a Siria, Palestina, y Egipto, sea para visitar los Lugares Santos o para seguir la vida ascética de los monjes de la Tebaida o del Sinaí. Aun existe el itinerario de un peregrinaje de Burdeos a Jerusalén, que data de 333; en 385 San Jerónimo y Santa Paula fundaron los primeros monasterios latinos en Belén. Ni siquiera la invasión bárbara pareció desalentar el ardor por las peregrinaciones a Oriente. El Itinerario de Santa Silvia (Etheria) muestra la organización de esas expediciones, que eran dirigidas por clérigos y escoltadas por tropas armadas. En el año 600, San Gregorio el Grande hizo erigir un hospicio en Jerusalén para el alojamiento de los peregrinos, envió sus designios a los monjes del Monte Sinaí ("Vita Gregorii" in "Acta SS.", marzo 1I, 132), y, aunque la condición deplorable de la Cristiandad Oriental después de la invasión árabe hizo esta comunicación más difícil, de ninguna manera ceso.

Ya desde el siglo VIII anglosajones sufrieron las más grandes dificultades para visitar Jerusalén. El viaje de San Willibaldo, obispo de Eichstädt, tomó siete años (722-29) y proporciona una idea de las variadas y severas tribulaciones a las que los peregrinos eran sometidos (Itiner. Latina, 1, 241-283). Después de su conquista de Occidente, los Carolingias trataron de mejorar la condición de los latinos establecidos en Oriente; en 762 Pipino el Breve entró en negociaciones con el Califa de Bagdad. En Roma el 30 de noviembre de 800, el mismo día en el que León III invocó el arbitraje de Carlomagno, embajadores de Haroun al-Raschid entregaron al rey de los Francos las llaves del Santo Sepulcro, el estandarte de Jerusalén, y unas preciosas reliquias (Einhard, "Annales", ad un. 800, in "Mon. Germ. Hist.: Script.", I, 187); esto fue un reconocimiento del protectorado franco sobre los cristianos de Jerusalén. Que se edificaron iglesias y monasterios pagados por Carlomagno es certificado por una especie de censo de los monasterios de Jerusalén de 808 ("Commemoratio de Casis Dei" in "Itiner. Hieros.", I, 209). In 870, al momento del peregrinaje de Bernardo el monje (Itiner. Hierosol., I, 314), esas instituciones eran todavía muy prósperas, y se ha demostrado con abundancia que se enviaban limosnas periódicamente de Occidente a Tierra Santa . En el siglo X justo cuando el orden político y social de Europa estaba más perturbado, caballeros, obispos, y abades, actuando por devoción y gusto de la aventura, estaban acostumbrados a visitar Jerusalén y orar en el Santo Sepulcro sin ser vejados por los mahometanos. De repente, en 1009, Hakem, el Califa fatimí de Egipto, en un ataque de locura ordenó la destrucción del Santo Sepulcro y de todos los establecimientos cristianos en Jerusalén. Por años después de esto los cristianos fueron cruelmente perseguidos. (Ver la relación de un testigo ocular, Iahja de Antioquía, en la "Epopée byzantine" de Schlumberger, II, 442.) En 1027 el protectorado Franco fue derrocado y reemplazado por el de los emperadores bizantinos, a cuya diplomacia se debió la reconstrucción del Santo Sepulcro. Incluso se cercó el barrio cristiano con un muro, y unos comerciantes Amalfi, vasallos de los emperadores griegos, construyeron hospicios para peregrinos en Jerusalén, ej. el Hospital de San Juan, cuna de la Orden de los Hospitalarios.

En vez de disminuir, el entusiasmo de los cristianos occidentales por el peregrinaje a Jerusalén pareció más bien aumentar durante el siglo XI. No solos príncipes, obispos, y caballeros, sino aun hombres y mujeres de las más humildes clases emprendieron la jornada santa (Radulphus Glaber, IV, vi). Ejércitos enteros de peregrinos cruzaron Europa, y en el valle del Danubio se establecieron hospicios donde podían completar sus provisiones. En 1026 Ricardo Abad de Saint-Vannes, condujo 700 peregrinos a Palestina con gasto de Ricardo II, duque de Normandía. En 1065 más de 12,000 alemanes que cruzaron Europa bajo el mando de Günther, obispo de Bamberg, en su camino a Palestina tuvieron que buscar refugio en una fortaleza en ruinas, donde se defendieron contra una banda de beduinos (Lambert de Hersfeld, en "Mon. Germ. Hist.: Script.", V, 168). Así es evidente que a fines del siglo XI la ruta de Palestina le era bastante familiar a los cristianos occidentales que tenían al Santo Sepulcro como a la reliquia más venerada y estaban listos a afrontar cualquier peligro para visitarlo. El recuerdo del protectorado de Carlomagno aun vivía, y un rastro de él se encuentra en la leyenda medieval del viaje de este emperador a Palestina (Gaston Paris in "Romania", 1880, pág. 23). El ascenso de los turcos seleúcidas, sin embargo, comprometió la seguridad de los peregrinos e incluso amenazó la independencia del imperio bizantino y de toda la Cristiandad. En 1070 Jerusalén fue tomada, y en 1091 Diógenes, el emperador griego, fue derrotado y hecho cautivo en Mantzikert. Asia Menor y toda Siria se volvieron la presa de los turcos. Antioquía sucumbió en 1084, y para 1092 ni una de las grandes sedes metropolitanas de Asia permanecía en posesión de los cristianos. Aunque separados de la comunión de Roma desde el cisma de Miguel Cerulario (1054), los emperadores de Constantinopla suplicaron por la ayuda de los papas; en 1073 se intercambiaron cartas sobre el asunto entre Miguel VII y Gregorio VII. El papa seriamente contempló el liderar una fuerza de 50,000 hombres a Oriente para restablecer la unidad cristiana, repeler a los turcos, y rescatar el Santo Sepulcro. Pero la idea de la cruzada constituía sólo una parte de este magnífico plan. (Las cartas de Gregorio VII están en P. L., CXLVIII, 300, 325, 329, 386; cf. discusión crítica de Riant in Archives de l'Orient Latin, I, 56.) El conflicto sobre las Investiduras en 1076 obligó al papa a abandonar sus proyectos; los emperadores Nicéphoro Botaniates y Alejo Comneno eran desfavorables a una unión religiosa con Roma: finalmente la guerra estalló entre el imperio bizantino y los Normandos de las Dos Sicilias.

Fue el Papa Urbano II quien asumió los planes de Gregorio VII y les dio una forma más definida. Una carta de Alejo Comneno a Roberto, conde de Flandes, registrada por los cronistas, Guibert de Nogent ("Historiens Occidentaux des Croisades", ed. por la Académie des Inscriptions, IV, 13l) y Hugues de Fleury (in "Mon. Germ. Hist.: Script.", IX, 392), parece dar a entender que la cruzada fue instigada por el emperador bizantino, pero esto se ha probado falso (Chalandon, Essai sur le règne d'Alexis Comnène, appendix), Alejo sólo había querido enrolar quinientos caballeros flamencos en el ejército imperial (Anna Comnena, Alexiada, VII, iv). El honor de iniciar la cruzada se ha atribuido también a Pedro el Ermitaño, un solitario de Picardía, quien, después de un peregrinaje a Jerusalén y una visión en la iglesia del Santo Sepulcro, fue a ver a Urbano II y fue comisionado por él para predicar la cruzada. Sin embargo, aunque testigos oculares de la cruzada mencionan su predicación, no le atribuyen el papel tan importante que le asignan mas tarde varios cronistas, ej. Alberto de Aix y sobre todo Guillermo de Tiro. (Ver Hagenmeyer, Peter der Eremite Leipzig, 1879.) La idea de la cruzada se atribuye principalmente al Papa Urbano II (1095), y los motivos que lo llevaron actuar son claramente mostrados por sus contemporáneos: "Observando el enorme daño que todos, clero o pueblo, causaron a la fe cristiana. . . a la noticia de que las provincias rumanas habían sido tomadas de los cristianos por los turcos, conmovido con compasión e impulsado por el amor de Dios, cruzó las montañas y descendió en la Galia" (Foucher de Chartres, I, in "Histoire des Crois.", III, 321). Por supuesto es posible que para aumentar sus fuerzas, Alejo Comneno haya solicitado ayuda en Occidente; sin embargo, no fue él sino el papa quien incitó al gran movimiento que llenó a los griegos de ansiedad y terror.

II. FUNDACION DE LOS ESTADOS CRISTIANOS DE ORIENTE

Después de viajar a través de Borgoña y el sur de Francia, Urbano II convocó un concilio en Clermont-Ferrand, en Auvernia. Asistieron catorce arzobispos, 250 obispos, y 400 abades; también un gran número de caballeros y hombres de todas condiciones vinieron y acamparon en la llanura de Chantoin, al este de Clermont, del 18 al 28 de noviembre de 1095. El 27 de noviembre el papa se dirigió a las multitudes congregadas, las exhortó a ir adelante y rescatar el Santo Sepulcro. Entre un entusiasmo maravilloso y gritos de "¡Dios lo quiere!" todos corrieron hacia el pontífice a obligarse por voto a partir para Tierra Santa y recibir la cruz de material rojo que llevarían en el hombro. Al mismo tiempo el papa envió cartas a todas las naciones cristianas, y el movimiento rápidamente avanzó en toda Europa. Predicadores de la cruzada aparecieron por dondequiera, y por todos lados surgieron desorganizas, indisciplinadas, hordas sin dinero, casi sin equipo, que, saliendo hacia el este por el valle del Danubio, pillaron a lo largo del camino y asesinaron a los judíos en las ciudades alemanas. Una de esas bandas, encabezada por Folkmar, un clérigo alemán, fue asesinada por los húngaros. Pedro el Ermitaño, sin embargo, y el caballero alemán, Walter Sin-un-cinco (Gautier Sans Avoir), llegaron por fin a Constantinopla con sus desorganizadas tropas. Para preservar la ciudad del pillaje Alejo Comneno los mandó llevar a través del Bósforo (agosto, 1096); en Asia Menor volvieron a saquear y fueron casi todos masacrados por los turcos. Entretanto se organizaba la cruzada regular en Occidente y, según un bien concebido plan, los cuatro ejércitos principales debían reunirse en Constantinopla.

Godofredo de Bouillon, duque de Baja Lorena a la cabeza del pueblo de Lorena, los alemanes, y los franceses del norte, siguió el valle del Danubio, cruzó Hungría, y llegó a Constantinopla el 23 de diciembre de 1096.

Hugo de Vermandois, hermano del rey Felipe I de Francia, Roberto Courte-Heuse, duque de Normandía, y el conde Esteban de Blois, llevaron bandas de franceses y normandos por los Alpes y echaron vela de los puertos de Apulia para Dyrrachium (Durazzo o Durrës), de donde tomaron la "Via Egnatia" hacia Constantinopla y se reunieron allí en mayo de 1097.

Los franceses del sur, bajo la dirección de Raimundo de San-Gilles, conde de Tolosa, y de Ademar de Monteil, obispo de Puy y legado papal, empezaron a avanzar batallando por los valles longitudinales de los Alpes Orientales y, después de conflictos sangrientos con los eslavos, llegaron a Constantinopla a fines de abril de 1097.

Por último, los Normandos de Italia del sur, atraídos por el entusiasmo de las bandas de cruzados que pasaban por su país, embarcaron para Epiro bajo el mando de Bohemundo y Tancredo, uno era el hijo mayor, el otro el sobrino, de Roberto Guiscardo.

Cruzando el imperio bizantino, consiguieron llegar a Constantinopla el 26 de abril de 1097. La aparición de los ejércitos cruzados en Constantinopla creó la más grande inquietud, y provocó los futuros e irremediables malos entendidos entre los cristianos griegos y los latinos. La invasión no pedida de estos últimos alarmó a Alejo, quien trató de prevenir la concentración de todas esas fuerzas en Constantinopla transportando a Asia Menor cada ejército occidental en el orden de su llegada; además, él trató de arrancar de los jefes de la cruzada la promesa de que restaurarían al imperio griego las tierras que iban a conquistar. Después de resistir a las súplicas imperiales durante el invierno, Godofredo de Bouillon, confinado en Pera, aceptó al fin tomar el juramento de fidelidad. Bohemundo, Roberto Courte-Heuse, Esteban de Blois, y los otros jefes cruzados sin dudar hicieron la misma promesa; Raimundo de St-Gilles, sin embargo, permaneció firme.

Transportados a Asia Menor, los cruzados sitiaron la ciudad de Nicea, pero Alejo negoció con los turcos, que le entregaron la ciudad, y prohibió entrar a los cruzados (1 de junio de 1097). Después de vencer a los turcos en la batalla de Dorilea el 1 de julio de 1097, los cristianos entraron en las mesetas altas de Asia Menor. Sin cesa hostigados por un implacable enemigo, agobiados por el extremo calor, y abatidos bajo el peso de sus armaduras de cuero cubiertas de placas de hierro, sus sufrimientos eran casi intolerables. En septiembre 1097, Tancredo y Balduino, hermanos de Godofredo de Bouillon, dejaron el grueso del ejército y entraron en territorio armenio. En Tarsus una pelea casi estalla entre ellos, pero afortunadamente se reconciliaron. Tancredo tomó posesión de las ciudades de Cilicia, mientras Balduino, llamado por los armenios, cruzó el Eufrates en octubre, 1097, y, después de casarse con una princesa armenia, fue proclamado Señor de Edesa. Entretanto los cruzados, reaprovisionados por los armenios de la región de Taurus, fueron a Siria y el 20 de octubre, 1097, llegaron a la ciudad fortificada de Antioquía, que estaba protegida por una pared flanqueada de 450 torres, abastecida por el ámel Jagi-Sian con inmensas cantidades de provisiones. Gracias a la ayuda de carpinteros e ingenieros de una flota genovesa que había llegado a la boca del Orontes, los cruzados pudieron construir arietes e iniciaron el sitio de la ciudad. Por fin, Bohemundo negoció con un jefe turco que entregó una de las torres, y en la noche del 2 de junio, 1098, los cruzados tomaron Antioquía por asalto. Al mismo día siguiente fueron sitiados dentro de la ciudad por el ejército de Kerbûga, ámel de Mosul. Plaga y hambre cruelmente diezmaron sus rangos, y muchos de ellos, entre otros Esteban de Blois, escaparon bajo cubierto de la noche. El ejército estaba al borde del desaliento cuando de repente se reanimó su valor por el descubrimiento de la Lanza Santa, resultado del sueño de un sacerdote provenzal llamado Pedro Bartolomé. El 28 de junio de 1098, el ejército de Kerbûga fue efectivamente rechazado, pero, en lugar de marchar sin retraso a Jerusalén, los jefes gastaron varios meses en disputas por a la rivalidad entre Raimundo de San-Gilles y Bohemundo, ambos exigiendo el derecho a Antioquía. No fue sino hasta abril, 1099, que empezó la marcha hacia Jerusalén, Bohemundo quedo en posesión de Antioquía mientras que Raimundo tomó Trípoli. El 7de junio los cruzados empezaron el sitio de Jerusalén. Su dificultad habría sido seria, en efecto, de no haber sido por la llegada de otra flota genovesa a Jaffa y, como en Antioquía, suministró los ingenieros necesarios para un sitio. Después de una procesión general que los cruzados hicieron descalzos alrededor de las murallas de la ciudad entre insultos y encantamientos de hechiceros mahometanos, el ataque comenzó el 14 de julio, 1099. Al día siguiente los cristianos entraron en Jerusalén por todos lados y asesinaron a sus habitantes sin consideración de edad ni sexo. Habiendo cumplido su peregrinaje al Santo Sepulcro, los caballeros eligieron como señor de la nueva conquista a Godofredo de Bouillon, quien se llamó a sí mismo "Defensor del Santo Sepulcro". Tuvieron entonces que rechazar un ejército egipcio, que fue derrotado en Ascalón, el 12 de agosto, 1099. Su situación era sin embargo muy insegura. Alejo Comneno amenazó el principado de Antioquía, y en 1100 Bohemundo mismo fue hecho prisionero por los turcos, mientras que la mayor parte de las ciudades en la costa estaban todavía bajo control mahometano. Antes de su muerte, el 29 de julio, 1099, Urbano II una vez más proclamó la cruzada. En 1101 tres expediciones cruzaron Europa bajo la dirección del conde Esteban de Blois, del duque Guillermo IX de Aquitania, y de Welf IV, duque de Baviera. Los tres lograron llegar a Asia Menor, pero fueron masacrados por los turcos. A su salida de prisión Bohemundo atacó al imperio bizantino, pero fue rodeado por el ejército imperial y forzado a aceptar ser el vasallo de Alejo. A la muerte de Bohemundo en 1111, sin embargo, Tancredo se negó a respetar el tratado y retuvo Antioquía. Godofredo de Bouillon murió en Jerusalén el 18 de julio, 1100. Su hermano y sucesor, Balduino de Edesa, fue coronado rey de Jerusalén en la Basílica de Belén el 25 de diciembre, 1100. En 1112 con la ayuda de Noruegos bajo el mando de Sigurd Jorsalafari y el apoyo de flotas genovesa, pisana, y veneciana, Balduino inició la conquista de los puertos de Siria, que completó en 1124 con la captura de Tiro. Solo Ascalón mantuvo una guarnición egipcia hasta 1153.

En ese período los estados cristianos formaban un territorio extenso y continuo entre el Eufrates y la frontera egipcia, e incluían cuatro principados casi independientes: el reino de Jerusalén, el condado de Trípoli, el principado de Antioquía, y el condado de Rohez (Edesa). Estos pequeños estados eran, por así decir, la propiedad común de toda la Cristiandad y, como tal, estaban subordinados a la autoridad del papa. Además, los caballeros franceses y comerciantes italianos establecidos en las recientemente conquistadas ciudades pronto predominaron. La autoridad de los soberanos de estos diferentes principados estaba restringida por los dueños-de-feudos, los vasallos, y los sub-vasallos que constituían la Corte de Lieges, o Suprema Corte. Esta asamblea tenía total autoridad en asuntos legislativos; ningún estatuto ni ley se podía proclamar sin su acuerdo; ningún barón podía ser privado de su feudo sin su decisión; su jurisdicción se extendía por encima de todos, incluso el rey, y también controlaba la sucesión al trono. Una "Corte de Burgueses" tenía jurisdicción similar sobre los ciudadanos. Cada feudo tenía un tribunal igual compuesto de caballeros y ciudadanos, y en los puertos había policía y cortes mercantiles (ver ASSIZES DE JERUSALÉN). La autoridad de la Iglesia también ayudaba a limitar el poder del rey; las cuatro sedes metropolitanas de Tiro, Cesarea, Bessan, y Petra estaban sujetas al Patriarca de Jerusalén, de la misma manera siete sedes subordinadas y un número de abadías, entre ellas el Monte Sión, el Monte de los olivos, el Templo, Josafat, y el Santo Sepulcro. A través de ricas y frecuentes donaciones el clero se volvió el más grande dueño de propiedades del reino; también recibió de los cruzados importantes propiedades en Europa. A pesar de las antes mencionadas restricciones en el siglo XII el rey de Jerusalén tenía un gran ingreso. Los impuestos aduanales establecidos en los puertos y administrados por nativos, los peajes impuestos a las caravanas, y el monopolio de ciertas industrias eran una fecunda fuente de ingresos. Desde un punto de vista militar todo vasallo debía un servicio de tiempo ilimitado al rey, aunque éste estaba obligado a indemnizarlos, pero para llenar las líneas del ejército era necesario enrolar nativos que recibían una anualidad a vida (fief de soudée). De esta manera se reclutó la caballería ligera de los "Turcoples", armados a la manera Sarracena. En total estas fuerzas eran poco mas de 20,000 hombres, y aún así los vasallos poderosos que las comandaban eran casi independientes del rey. Fue la gran necesidad de tropas regulares para defender los dominios cristianos la que provocó la creación de una institución única, las órdenes religiosas de caballería, a saber: los Hospitalarios, que al principio cumplían su deber en el Hospital de San Juan fundado por los antes citados comerciantes de Amalfi, y fueron organizados luego por Gerardo du Puy como una milicia que podía luchar contra los Sarracenos (1113); y los Templarios, nueve de quienes en 1118 se congregaron con Hugues de Payens y recibieron la Regla de San Bernardo. Estos miembros, ya sea caballeros de la nobleza, alguaciles, empleados, o capellanes, pronunciaron los tres votos monacales pero era sobre todo para la guerra contra los Sarracenos a lo que se comprometían. Siendo favorecidos con muchos privilegios espirituales y temporales, fácilmente ganaron reclutas entre los hijos más jóvenes de casas feudales y adquirieron tanto en Palestina como en Europa una considerable propiedad. Sus castillos, construidos en los principales puntos estratégicos, Margat, El Krak, y Tortosa, eran ciudadelas fuertes protegidas por varios cercos concéntricos. En el reino de Jerusalén estas órdenes militares virtualmente formaron dos comunidades independientes. Finalmente, en las ciudades, se dividió el poder público entre los ciudadanos nativos y los colonos italianos, genoveses, venecianos, pisanos, y también los marselleses a quienes, a cambio de sus servicios, se les dio poder supremo en ciertos distritos en pequeñas comunidades autogobernadas que tenían sus cónsules, sus iglesias, y en las orillas sus granjas, utilizadas para el cultivo de algodón y caña de azúcar. Los puertos sirios eran visitados regularmente por flotas italianas que obtenían allí las especias y sedas traídas por caravanas de Extremo Oriente. Así, durante la primera mitad del siglo XII los estados cristianos de Oriente estaban completamente organizados, y aun eclipsaron en riqueza y prosperidad a la mayor parte de los estados occidentales.

III. PRIMERA DESTRUCCION DE LOS ESTADOS CRISTIANOS (1144-87)

Muchos peligros, por desgracia, amenazaban esa prosperidad. En el sur los Califas de Egipto, en el este los ámeles seleúcidas de Damasco, Hama y Alepo, y en el norte los emperadores bizantinos, ávidos de realizar el proyecto de Alejo Comneno de tener a los estados latinos bajo su poder. Además, en presencia de tantos enemigos los estados cristianos faltaban de cohesión y disciplina. La ayuda que recibían de Occidente era demasiado dispersa e intermitente. Sin embargo esos caballeros occidentales, aislados en medio de mahometanos y forzados, debido al tórrido clima, a llevar una vida muy diferente de aquella a la que estaban acostumbrados en casa, desplegaron valentía y energía admirables en su esfuerzo por preservar las colonias cristianas. En 1137 Juan Comneno emperador de Constantinopla, se presentó delante de Antioquía con un ejército, y obligó al Príncipe Raimundo a rendirle homenaje. A la muerte de este potentado (1143), Raimundo trato de quitarse ese molesto yugo e invadió el territorio bizantino, pero fue encerrado por el ejército imperial y obligado (1144) a humillarse en Constantinopla delante del emperador Manuel. El Principado de Edesa, completamente aislado de los otros estados cristianos, no pudo resistir a los ataques de Imad-al-Din Zangi, el príncipe, o atabek, de Mosul, que forzó su guarnición a capitular el 25 de diciembre de 1144. Después del asesinato de Imad-al-Din Zangi, su hijo Nur-al-Din continuo las hostilidades contra los estados cristianos. Ante estas noticias, Luis VII de Francia, la reina Leonor de Aquitania, y un gran número de caballeros, conmovidos por las exhortaciones de San Bernardo, se enrolaron bajo la cruz (Asamblea de Vézelay, 31 de marzo de 1146). El Abad de Claraval se convirtió en el apóstol de la cruzada y concibió la idea de instar toda Europa a atacar a los infieles simultáneamente en Siria, en España, y más allá del Elba. Al principio encontró una fuerte oposición en Alemania. Finalmente el emperador Conrado III accedió a su deseo y adoptó el estandarte de la cruz en la Dieta de Spira, el 25 de diciembre de 1146. Sin embargo, no había el entusiasmo que predominó en 1095. Al mismo tiempo que los cruzados comenzaban su marcha, el rey Roger de Sicilia atacó al imperio bizantino, pero su expedición sólo frenó el progreso de la invasión de Nur-al-Din. Los sufrimientos soportados por los cruzados mientras cruzaban Asia Menor les impidió el avanzar a Edesa. Se contentaron con acosar Damasco, pero fueron obligados a retirarse al cabo de varias semanas (julio, 1148). Esta derrota causó gran descontento en Occidente; además, los conflictos entre los griegos y los cruzados sólo confirmaron la opinión general de que el imperio bizantino era el obstáculo principal al éxito de las Cruzadas. Sin embargo, Manuel Comneno trató de fortalecer los vínculos que unían el imperio bizantino a los principados italianos. En 1161 se casó con María de Antioquía, y en 1167 dio la mano de una de sus sobrinas a Amaury, rey de Jerusalén. Esta alianza dio por resultado el frustrar el progreso de Nur-al-Din, que, habiendo llegado a ser amo de Damasco en 1154, se abstuvo desde entonces de atacar los dominios cristianos.

El rey Amaury aprovechó esa tregua para intervenir en los asuntos de Egipto, puesto que los únicos representante restantes de la dinastía fatimí eran niños, y dos visires rivales se disputaban el poder supremo en medio de condiciones de anarquía absoluta. Uno de esos rivales, Shawer, siendo desterrado de Egipto, se refugio con Nur-al-Din, que envió a su mejor general, Shírkúh, a reinstalarlo. Después de su conquista del Cairo, Shírkúh trató de poner Shawer en desgracia con el califa; Amaury, aprovechándose de esto, se alío con Shawer. En dos ocasiones, en 1164 y 1167, forzó Shírkúh a salir de Egipto; un cuerpo de caballeros francos fue estacionado en una de las puertas del Cairo, y Egipto pagó un tributo de 100,000 dináres al reino de Jerusalén. En 1168 Amaury hizo otro intento de conquistar Egipto, pero falló. Después de ordenar el asesinato de Shawer, Shírkúh se proclamó a sí mismo Gran Visir. A su muerte el 3 de marzo de 1169, su sucesor fue su sobrino, Salah-al-Din (Saladino). Durante ese año Amaury, ayudado por una flota bizantina, invadió Egipto una vez más, pero fue derrotado en Damietta. Saladino tuvo total control de Egipto y no nombró ningún sucesor al último califa fatimí, que murió en 1171. Además, Nur-al-Din murió en 1174, y, mientras sus hijos y sobrinos se disputaban la herencia, Saladino tomó posesión de Damasco y conquistó toda Mesopotamia excepto Mosul. Así, cuando Amaury murió en 1173, dejando el poder real a Balduino IV, "el Leproso", un niño de trece años, el reino de Jerusalén estaba amenazado por todos lados. Al mismo tiempo dos facciones, conducidas respectivamente por Gui de Lusiñan, cuñado del rey, y Raimundo, conde de Trípoli, competían por el poder. Balduino IV murió en 1184, y fue pronto seguido a la tumba por su sobrino Balduino V. A pesar de una viva oposición, Gui de Lusiñan fue coronado rey, el 20 de julio de 1186. Aunque la lucha contra Saladino estaba ya en marcha, fue desgraciadamente conducida sin orden ni disciplina. A pesar de la tregua concluida con Saladino, Renaud de Châtillon, un poderoso señor feudal de la región transjordanica, que incluía al dominio de Montreal, el gran castillo de Karak, y Aïlet, un puerto en el Mar Rojo, buscó desviar la atención del enemigo atacando las ciudades santas de los mahometanos. Navíos sin remos fueron traídos a Aïlet a lomo de camello en 1182, y una flotilla de cinco galeras recorrió el Mar Rojo por un año entero, asolando las costas hasta Adén; un cuerpo de caballeros incluso intentó tomar Medina. Al fin esa flotilla fue destruida por Saladino, y, al gran júbilo de los mahometanos, mataron a los prisioneros francos en la Meca. Atacado en su castillo en Karak, Renaud por dos veces rechazó las fuerzas de Saladino (1184-86). Una tregua se firmó entonces, pero Renaud la rompió de nuevo y se apoderó de una caravana en la que iba la propia hermana del sultán. En su exasperación Saladino invadió el reino de Jerusalén y, aunque Gui de Lusiñan reunió todas sus fuerzas para rechazar el ataque, el 4 de julio de 1187, el ejército de Saladino aniquiló el de los cristianos en las orillas del Lago Tiberíades. El rey, el gran maestro del Templo, Renaud de Châtillon, y los hombres más poderosos del reino fueron hechos prisioneros. Después de matar a Renaud con sus propias manos, Saladino marchó sobre Jerusalén. La ciudad capituló el 17 de septiembre, y Tiro, Antioquía, y Trípoli fueron los únicos lugares en Siria que permanecieron en poder de los cristianos.

IV. INTENTOS DE RESTAURAR LOS ESTADOS CRISTIANOS Y LA CRUZADA CONTRA SAN JUAN DE ACRE

Las noticias de estos eventos causaron gran consternación en la Cristiandad, y el Papa Gregorio VIII se esforzó en poner fin a todas las disensiones entre los príncipes cristianos. El 21 de enero de 1188, Felipe Augusto, rey de Francia, y Enrique II, Plantagenet, se reconciliaron en Gisors y tomaron la cruz. El 27 de marzo en la Dieta de Mainz, Federico Barbarroja y un gran número de caballeros alemanes hicieron un voto para defender la causa cristiana en Palestina. En Italia, Pisa hizo la paz con Génova, Venecia con el rey de Hungría, y Guillermo de Sicilia con el imperio bizantino. Además, una armada escandinava de 12,000 guerreros navegando por las costas de Europa, al pasar por Portugal, ayudó a recuperar Alvor de los mahometanos. El entusiasmo por la cruzada era de nuevo de un alto nivel; pero, en cambio, la diplomacia y los planes de reyes y príncipes tenían cada vez más importancia en su organización. Federico Barbarroja inició negociaciones con Isaac Angelus, emperador de Constantinopla, con el sultán de Iconium, y aun con el mismo Saladino. Era, además, la primera vez que se unían bajo un solo jefe todas las fuerzas mahometanas; Saladino, mientras se predicaba la guerra santa, organizó contra los cristianos algo así como una contra cruzada. Federico Barbarroja, que fue el primero en prepararse para la empresa, y a quien los cronistas atribuyen un ejército de 100,000 hombres, salió de Ratisbona, el 11 de mayo de 1189. Después de cruzar Hungría tomó los estrechos balcánicos por asalto y trató de flanquear los movimientos hostiles de Isaac Angelus atacando Constantinopla. Finalmente, después del saqueo de Adrianópolis, Isaac Angelus se rindió, y entre el 21 y el 30 de marzo de 1190, los alemanes consiguieron cruzar el Estrecho de Gallípoli. Como de costumbre, la marcha a través de Asia Menor fue muy difícil. Con la idea de reabastecerse en provisiones, el ejército tomó Iconium por asalto. A su llegada a la región de Taurus, Federico Barbarroja trató de cruzar el Selef (Kydnos) a caballo y se ahogó. En seguida, muchos príncipes alemanes regresaron a Europa; los otros, conducidos por el hijo del emperador, Felipe de Suabia llegaron a Antioquía y prosiguieron luego a San Juan de Acre. Fue delante de esta ciudad que al fin todas las tropas cruzadas se reunieron. En junio de 1189, el rey Gui de Lusiñan, que había sido liberado de cautividad, se presentó allí con el resto del ejército cristiano, y, en septiembre del mismo año, llegó la armada escandinava, seguida por las flotas inglesa y flamenca, comandadas respectivamente por el Arzobispo de Canterbury y Jacques d'Hvesnes. Este heroico sitio duró dos años. En la primavera de cada año llegaban refuerzos de Occidente, y una verdadera ciudad cristiana surgió fuera de las murallas de Acre. Pero los inviernos fueron desastrosos para los cruzados, cuyas líneas eran diezmadas por enfermedades traídas por las inclemencias de la estación lluviosa y la falta de comida. Saladino vino a ayudar a la ciudad, y comunicó con élla por medio de palomas mensajeras. Máquinas lanza misiles (pierrières), impulsadas por poderosas maquinarias, fueron utilizadas por los cruzados para demoler las murallas de Acre, pero los mahometanos también tenían artillería poderosa. Este sitio famoso había durado ya dos años cuando Felipe Augusto, rey de Francia, y Ricardo Corazón de León, rey de Inglaterra, llegaron a la escena. Después de largas deliberaciones habían salido juntos de Vézelay, el 4 de julio de 1190. Ricardo embarcó en Marsella, Felipe en Génova, y se reunieron en Messina. Durante su estancia en ese lugar, que duró hasta marzo, 1191, casi se pelean, pero finalmente concluyeron un tratado de paz. Mientras Felipe llegaba a Acre, Ricardo naufragó en la costa de Chipre, entonces independiente bajo Isaac Comneno. Con ayuda de Gui de Lusiñan, Ricardo conquistó esta isla. La llegada de los reyes de Francia e Inglaterra delante de Acre provocó la capitulación de la ciudad, el 13 de julio de 1191. Pronto, sin embargo, la disputa de los reyes francés e ingles estalló de nuevo, y Felipe Augusto dejó Palestina, el 28 de julio. Ricardo fue entonces el jefe de la cruzada, y, para castigar a Saladino por no cumplir con las condiciones del tratado dentro del tiempo estipulado, mandó matar a los rehenes mahometanos. Luego, pensó atacar Jerusalén, pero, luego de engañar a los cristianos durante las negociaciones, Saladino trajo muchas tropas de Egipto. La empresa falló, y Ricardo compensó sus reveses con brillantes pero inútiles hazañas que hicieron su nombre legendario entre los mahometanos. Antes de partir vendió la Isla de Chipre, primero a los Templarios, que fueron incapaces de establecerse allí, y después a Gui de Lusiñan, que renunció al reino de Jerusalén en favor de Conrado de Montferrat (1192). Después de una última expedición para defender Jaffa contra Saladino, Ricardo declaró una tregua y embarcó para Europa, el 9 de octubre de 1192, pero no llegó a su reino inglés hasta después de haber sufrido una humillante cautividad en las manos del duque de Austria, quien vengó de esta manera los insultos que se le hicieron frente a San Juan de Acre.

Mientras Capetos y Plantagenets, olvidando la Guerra Santa, arreglaban en casa sus disputas territoriales, el emperador Enrique VI, hijo de Barbarroja, tomó a su cargo la dirección suprema de la política cristiana en Oriente. Coronado rey de las Dos Sicilias, el 25 de diciembre de 1194, tomó la cruz en Bari, el 31 de mayo de 1195, y preparó una expedición que, pensó, recuperaría Jerusalén y arrebataría Constantinopla al usurpador Alejo III. Ansioso de ejercer su autoridad imperial hizo a Amaury de Lusignan rey de Chipre y a León II rey de Armenia. En septiembre de 1197, los cruzados alemanes partieron para Oriente. Desembarcaron en San Juan de Acre y marcharon sobre Jerusalén, pero fueron detenidos delante del pequeño pueblo de Tibnin de noviembre, 1197, a febrero de 1198. Al levantar el sitio, supieron que Enrique VI había muerto, el 28 de septiembre, en Messina, donde había reunido la armada que iba a llevarlo a Constantinopla. Los alemanes firmaron una tregua con los Sarracenos, pero su futura influencia en Palestina fue asegurada por la creación de la Orden de los Caballeros Teutónicos. En 1143 un peregrino alemán había fundado un hospital para sus compatriotas; los religiosos que lo servían se trasladaron a Acre y, en 1198, se organizaron imitando el proyecto de los Hospitalarios, su regla siendo aprobada por Inocencio III en 1199.

V. LA CRUZADA EN CONTRA DE CONSTANTINOPLA (1204)

En los muchos intentos hechos para fundar los estados cristianos los esfuerzos de los cruzados se habían dirigido solo hacia el objetivo por el que la Guerra Santa había sido instituida; la cruzada contra Constantinopla muestra la primera desviación del propósito original. Para quienes trataban de lograr sus fines arrancando la dirección de las cruzadas de las manos del papa, este nuevo movimiento era, por supuesto, un triunfo, pero para la Cristiandad fue una causa de confusión. Apenas había sido elegido papa Inocencio III, en enero, 1198, cuando inauguró una política para el Oriente que siguió a lo largo de todo su pontificado. Subordinó todo lo demás al rescate de Jerusalén y a la reconquista de la Tierra Santa. En sus primeras Encíclicas convocó a todos los cristianos a unirse a la cruzada e incluso negoció con Alejo III, el emperador bizantino, tratando de convencerlo de reintegrar la comunión con Roma y utilizar sus tropas para la liberación de Palestina. Pedro de Capua, el legado papal, motivó una tregua entre Felipe Augusto y Ricardo Corazón de León, en enero de 1199, y predicadores populares, entre otros el cura párroco Foulques de Neuilly, atrajeron grandes multitudes. Durante un torneo en Ecry-sur-Aisne, el 28 de noviembre de 1199, el conde Teobaldo de Champaña y un gran numero de caballeros tomaron la cruz; en Alemania del sur Martín, Abad de Pairis, cerca de Colmar, atrajo muchos a la cruzada. Parecía, sin embargo, que, desde el principio, el papa perdió el control de esta empresa. Sin ni siquiera consultar a Inocencio III, los caballeros franceses, que habían elegido a Teobaldo de Champaña como su jefe, decidieron atacar a los mahometanos en Egipto y en marzo, 1201, concluyeron con la República de Venecia un contrato para el transporte de tropas en el mediterráneo. A la muerte de Teobaldo los cruzados eligieron como su sucesor a Bonifacio, Marqués de Montferrat, y primo de Felipe de Suabia, entonces en conflicto abierto con el papa. Justo en ese momento el hijo de Isaac Angelus, el destronado emperador de Constantinopla, buscó refugio en Occidente y le pidió a Inocencio III y a su propio cuñado, Felipe de Suabia, el reintegrarlo en el trono imperial. Se ha planteado la cuestión de si fue un acuerdo previo entre Felipe y Bonifacio de Montferrat para desviar la cruzada hacia Constantinopla, y un pasaje en la "Gesta Innocentii" (83, en Pág. L., CCXIV, CXXXII) indica que la idea no era nueva para Bonifacio de Montferrat cuando, en la primavera de 1202, la dio a conocer al papa. Entretanto los cruzados reunidos en Venecia no podían pagar la cantidad exigida por su contrato, así, a manera de intercambio, los venecianos sugirieron que ayudaran a recuperar la ciudad de Zara en Dalmacia. Los caballeros aceptaron la propuesta, y, después de unos días de sitio, la ciudad capituló en noviembre, 1202. Pero fue en vano que Inocencio III instó a los cruzados a salir para Palestina. Habiendo obtenido la absolución por la captura de Zara, y a pesar de la oposición de Simón de Montfort y una parte del ejército, el 24 de mayo de 1203, los jefes ordenaron la marcha sobre Constantinopla. Ellos habían concluido con Alejo, el pretendiente bizantino, un tratado por el cual éste prometía obtener el retorno de los griegos a la comunión con Roma, dar a los cruzados 200,000 marcos, y participar a la Guerra Santa. El 23 de junio la flota de los cruzados se presentó delante de Constantinopla; el 7 de julio tomaron posesión de un suburbio de Galacia y forzaron su entrada en el Cuerno de oro; el 17 de julio atacaron simultáneamente las murallas marinas y las murallas terrestres del Blachernæ. Las tropas de Alejo III intentaron una infructuosa salida, y el usurpador huyó, después de lo cual Isaac Angelus fue liberado de prisión y se le permitió compartir la dignidad imperial con su hijo, Alejo IV. Pero aunque éste último hubiera sido sincero habría sido incapaz de respetar las promesas hechas a los cruzados. Después de unos meses de tediosa espera, aquéllos de entre los cruzados acuartelados en Galacia perdieron paciencia con los griegos, que no sólo se negaban a respetar su acuerdo, sino que incluso los trataban con abierta hostilidad. El 5 de febrero de 1204, Alejo IV e Isaac Angelus fueron destronados por una revolución, y Alejo Murzuphla, un usurpador, emprendió la defensa de Constantinopla en contra de los cruzados latinos que se prepararon a asediar Constantinopla por segunda vez. Por un tratado concluido en marzo, 1204, entre los venecianos y los jefes cruzados, se pusieron de acuerdo por adelantado para compartir los despojos del imperio griego. El 12 de abril de 1204, Constantinopla fue tomada por asalto, y al día siguiente comenzó el cruel pillaje de sus iglesias y palacios. Obras maestras de la antigüedad, amontonadas en lugares públicos y en el Hipódromo, fueron completamente destruidas. Clérigos y caballeros, en su avidez por adquirir famosas e inestimables reliquias, tomaron parte en el saqueo de las iglesias. Los venecianos recibieron la mitad del botín; la parte de cada cruzado fue determinada según su grado de barón, caballero, o alguacil, y la mayor parte de las iglesias de Occidente se enriquecieron con los ornamentos despojados de las de Constantinopla. El 9 de mayo de 1204, un colegio electoral, constituido por prominentes cruzados y venecianos, se congregó para elegir un emperador. Dandolo, Dogo de Venecia, rechazó el honor, y no se consideró a Bonifacio de Montferrat. Al fin Balduino, conde de Flandes, fue elegido y solemnemente coronado en Santa Sofía. Constantinopla y el imperio fueron divididos entre el emperador, los venecianos, y el jefe de los cruzados; el Marqués de Montferrat recibió Tesalónica y Macedonia, con el título de rey; Enrique de Flandes fue hecho Señor de Adramyttion; Luis de Blois fue hecho duque de Nicea, y se otorgaron feudos a seiscientos caballeros. Entretanto, los venecianos se reservaron los puertos de Tracia, el Peloponeso, y las islas. Se eligió como patriarca a Tomas Morosini, un sacerdote veneciano.

Ante las noticias de estos eventos tan extraordinarios, en los que no había tenido ninguna influencia, Inocencio III se plegó como en sumisión a los designios de la Providencia y, en el interés de la Cristiandad, se decidió a obtener lo mejor de la nueva conquista. Su principal objetivo fue de acabar con el cisma griego y poner las fuerzas del nuevo imperio latino al servicio de la cruzada. Por desgracia, el imperio latino de Constantinopla estaba en una condición demasiado precaria para proporcionar cualquier apoyo material a la política papal. El emperador era incapaz de imponer su autoridad a los barones. En Nicea no lejos de Constantinopla, el ex gobierno bizantino reunió los restos de su autoridad y sus partidarios. Se proclamó emperador a Teodoro Lascaris. En Europa Joannitsa, zar de los valaquitas y de los búlgaros, invadió Tracia y destruyó el ejército cruzado frente a Adrianópolis, el 14 de abril de 1205. Durante la batalla cayó el emperador Balduino. Su hermano y sucesor, Enrique de Flandes, dedicó su reino (1206-16) a interminables conflictos con los búlgaros, los lombardos de Tesalónica, y los griegos de Asia Menor. A pesar de eso, consiguió fortalecer la conquista latina, formo una alianza con los búlgaros, y estableció su autoridad incluso sobre los propietarios feudales de Morea (Parlamento de Ravena, 1209); sin embargo, lejos de conducir una cruzada en Palestina, tuvo que solicitar ayuda de Occidental, y fue obligado a firmar tratados con Teodoro Lascaris e incluso con el sultán de Iconium. Los griegos no se reconciliaron con la Iglesia de Roma; la mayor parte de sus obispos abandonaron sus sedes y se refugiaron en Nicea, dejando sus iglesias a los obispos latinos nombrados para reemplazarlos. Los conventos griegos fueron reemplazados por monasterios cistercienses, por comanderías de Templarios y Hospitalarios, y por capítulos de canónigos. Con raras excepciones, sin embargo, la población nativa permaneció hostil y tomó a los conquistadores latinos como extranjeros. Habiendo fallado en todos sus intentos por instigar en los barones del imperio latino el emprender una expedición contra Palestina, y entendimiento por fin la causa del fracaso de la cruzada en 1204, Inocencio III decidió (1207) organizar una nueva cruzada sin tomar en cuenta la opinión de Constantinopla. Las circunstancias, sin embargo, eran desfavorables. En lugar de concentrar las fuerzas de la Cristiandad contra los mahometanos, el papa los desbandó proclamando (1209) una cruzada contra los albigenses en el sur de Francia, y contra los Almorávides de España (1213), los paganos de Prusia, y Juan Lackland de Inglaterra. Al mismo tiempo ocurrieron estallidos de emoción mística semejantes a los que habían precedido la primera cruzada. En 1212 un joven pastor de Vendôme y un joven de Colonia reunieron miles de niños a quienes les propusieron conducirlos a la conquista de Palestina. El movimiento se extendió a través de Francia e Italia. Esta "Cruzada de los Niños" llegó por fin a Brindisi, donde comerciantes vendieron a muchos de los niños como esclavos a los moros, mientras que casi todos los demás morían de hambre y agotamiento. En 1213 Inocencio III había predicado una cruzada en todas partes de Europa y enviado al Cardinal Pelagius a Oriente para obtener, si posible, el regreso de los griegos al seno de la unidad romana. El 25 de julio de 1215, Federico II, después de su victoria sobre Otón de Brunswick, tomó la cruz en la tumba de Carlomagno en Aquisgrán. El 11 de noviembre de 1215, Inocencio III inauguró el Cuarto Concilio De Letrán con una exhortación a todo los fieles para participar en la cruzada, cuya salida se fijó para 1217. Al momento de su muerte (1216) el Papa Inocencio pensó que se había iniciado un gran movimiento.

VI. LAS CRUZADAS DEL SIGLO XIII (1217-52)

En Europa sin embargo, la predicación de la cruzada encontró gran oposición. Los príncipes temporales se oponían fuertemente a la perdida de jurisdicción sobre los súbditos que tomaban parte en las cruzadas. Absortos en intrigas políticas, eran reacios a enviar tan lejos las fuerzas militares en las que dependían. Rápidamente, en diciembre, 1216, se le concedió a Federico II la primera moratoria en el cumplimiento de su voto. La cruzada tal como se predicó en el siglo XIII ya no fue el gran movimiento entusiasta de 1095, sino una serie de empresas irregulares e intermitentes. Andrés II, rey de Hungría, y Casimiro, duque de Pomerania, se hicieron a la vela de Venecia y Spalato, mientras un ejército escandinavo pasaba por Europa. Los cruzados llegaron a San Juan de Acre en 1217, pero se limitaron a incursiones en territorio musulmán, después de lo cual Andrés de Hungría regresó a Europa. Recibiendo refuerzos en la primavera de 1218, Juan de Brienne, rey de Jerusalén, se decidió a ejecutar un ataque en Tierra Santa pasando por Egipto. Los cruzados en acuerdo llegaron a Damietta en mayo, 1218, y, después de un asedio marcado por muchos actos de heroísmo, tomaron la ciudad por asalto, el 5 de noviembre, 1219. En lugar de aprovechar esta victoria, desperdiciaron más de un año en disputas inútiles, y no fue sino hasta mayo de 1221, que salieron para el Cairo. Rodeado por los sarracenos en Mansura, el 24 de julio, el ejército cristiano fue derrotado. Juan de Brienne fue obligado a comprar la retirada con la entrega de Damietta a los sarracenos. Entretanto el emperador Federico II, que debía ser el jefe de la cruzada, se había quedado en Europa y continuaba a importunar al papa con nuevos aplazamientos de su salida. El 9 de noviembre de 1225, se casó con Isabel de Brienne, heredera del reino de Jerusalén, la ceremonia se produjo en Brindisi. Ignorando completamente a su suegro, asumió el título de rey de Jerusalén. En 1227 sin embargo, no había salido todavía para Palestina. Gregorio IX, elegido papa el 19 de marzo, 1227, exigió a Federico el cumplir con su voto. Por fin, el 8 de septiembre, el emperador embarcó pero pronto regresó; por consiguiente, el 29 de septiembre, el papa lo excomulgó. Sin embargo, Federico se hizo a la vela de nuevo el 18 de junio, 1228, pero en lugar de conducir una cruzada solo ejecutó un juego diplomático. Persuadió a Malek-el-Khamil, sultán de Egipto, que estaba en guerra con el príncipe de Damasco, y concluyó un tratado con él en Jaffa, en febrero, 1229, según el cual Jerusalén, Belén, y Nazaret serian regresadas a los cristianos. El 18 de marzo de 1229, sin ninguna ceremonia religiosa, Federico asumió la corona real de Jerusalén en la iglesia del Santo Sepulcro. Al volver a Europa, se reconcilió con Gregorio IX, en agosto, 1230. El pontífice ratificó el Tratado de Jaffa, y Federico envió caballeros a Siria a que tomaran posesión de las ciudades y obligar a todos los señores feudales a rendirle homenaje. Una lucha ocurrió entre Ricardo Filangieri, el mariscal del emperador, y los barones de Palestina, cuyo jefe era Juan d'Ibelin, señor de Beirut. Filangieri vanamente intentó obtener posesión de la isla de Chipre. Y, cuando Conrado, hijo de Federico II e Isabel de Brienne, llegó a la mayoría de edad en 1243, la Suprema Corte, antes descrita, nombró como regente a Alix de Champaña, reina de Chipre. De esta manera se abolió el poder alemán en Palestina.

Entretanto el conde Teobaldo IV de Champaña había conducido una infructuosa cruzada en Siria (1239). De la misma manera el duque de Borgoña y Ricardo de Cornualles, hermano del rey de Inglaterra, que había emprendido el recuperar Ascalón, concluyeron una tregua con Egipto (1241). Europa estaba ahora amenazada por un desastre más doloroso. Después de conquistar Rusia los mongoles bajo la dirección de Gengis Kan se presentaron en 1241 en las fronteras de Polonia, derrotaron al ejército del duque de Silesia en Liegnitz, aniquilaron el de Béla, rey de Hungría, y llegaron al Adriático. Palestina sufrió las consecuencias de esta invasión. Los mongoles habían destruido el imperio musulmán de Kharizm en Asia Central. Huyendo delante de sus conquistadores, 10.000 kharizmianos ofrecieron sus servicios al sultán de Egipto, y entre tanto se apoderaron de Jerusalén cuando pasaban por allí, en septiembre, 1244. Las noticias de esta catástrofe crearon un gran revuelo en Europa, y en el Concilio de Lyon (junio-julio, 1245) el Papa Inocencio IV proclamó una cruzada, pero la falta de armonía entre él y el emperador Federico II predestinó el pontífice a la desilusión. Excepto por Luis IX, rey de Francia, que tomó la cruz en diciembre, 1244, nadie mostró ninguna buena voluntad para conducir una expedición a Palestina. Informado que los mongoles estaban bien dispuestos hacia la Cristiandad, Inocencio IV les envió Giovanni di Pianocarpini, un franciscano, y Nicolás Ascelin, un dominicano, como embajadores. Pianocarpini estuvo en Karakorum el 8 de abril, 1246, el día de la elección del gran khan, pero nada resultó de este primer intento de crear una alianza con los mongoles contra los mahometanos. Sin embargo, cuando San Luis, que salió de París el 12 de junio de 1248, había llegado a la Isla de Chipre, recibió allí a una embajada amical del gran khan y, en retorno, le envió a dos dominicanos. Alentado, quizás, por esta alianza, el rey de Francia decidió atacar Egipto. El 7 de junio de 1249, tomó Damietta, pero fue sólo seis meses más tarde que marchó sobre el Cairo. El 19 de diciembre su avanzada, comandada por su hermano, Roberto de Artois, empezó imprudentemente a combatir en las calles de Mansura y fue exterminado. Al rey mismo le cortaron la comunicación con Damietta y lo hicieron prisionero el 5 de abril de 1250. Al mismo tiempo, la dinastía Ayubí fundada por Saladino fue derrocada por la milicia mameluca, cuyos ámeles tomaron posesión de Egipto. San Luis negoció con éste último y fue puesto en libertad a condición de entregar Damietta y pagar un rescate de un millón de besantes de oro. Se quedó en Palestina hasta 1254; negoció con los ámeles egipcios por la liberación de prisioneros; mejoró el equipo de las fortalezas del reino, San Juan de Acre, Cesarea, Jaffa, y Sidón; y envió a fray Guillermo de Rubruquis como embajador al Gran Kan. Entonces, a la noticia de la muerte de su madre, Blanca de Castilla, que había actuado como regente, volvió a Francia. Desde la cruzada contra San Juan de Acre, un nuevo estado Franco, el reino de Chipre, fue formado en el mediterráneo frente a Siria y llegó a ser un valioso punto de apoyo para las cruzadas. Por una pródiga distribución de tierras y franquicias, Gui de Lusiñan consiguió atraer colonos a la isla, caballeros, hombres de armas, y civiles; sus sucesores establecieron un gobierno modelado en el reino de Jerusalén. El poder del rey era limitado por la Suprema Corte, compuesta de todos los caballeros, vasallos, o bajo-vasallos, con sede en Nicosia. Sin embargo, los feudos eran menos extensos que en Palestina, y los señores feudales podían heredar sólo en línea directa. La isla de Chipre fue pronto poblada con colonos franceses que consiguieron predominar sobre los griegos, a quienes incluso impusieron su lengua. Iglesias construidas en el estilo francés y castillos fortificados aparecieron por todos lados. La catedral de Santa Sofía en Nicosia, erigida entre 1217 y 1251, era casi una copia de una iglesia en Champaña. En fin, la actividad comercial se convirtió en una característica pronunciada de las ciudades de Chipre, y Famagusta se convirtió en uno de los más activos puertos mediterráneos.

VII. PÉRDIDA FINAL DE LAS COLONIAS CRISTIANAS DE ORIENTE (1254-91)

Sin mas ayuda de fondos de Occidente, y desgarradas por desórdenes internos, las colonias cristianas debieron su salvación temporal a los cambios en la política musulmana y a la intervención de los mongoles. Los venecianos sacaron a los genoveses de San Juan de Acre y trataron la ciudad como territorio conquistado; en una batalla en la que cristianos lucharon contra cristianos, y en la que pelearon Hospitalarios contra Templarios, 20.000 hombres perecieron. Por venganza los genoveses se aliaron con Miguel Paleólogo, emperador de Nicea, cuyo general, Alejo Strategopulos, no tuvo ningún problema para entrar en Constantinopla y derrocar al emperador latino, Balduino II, el 25 de julio de 1261. La conquista del Califato de Bagdad por los mongoles (1258) y su invasión de Siria, donde tomaron Alepo y Damasco, aterró a los cristianos y a los mahometanos; pero el ámel mameluco, Baybars el Arbelester, derrotó a los mongoles y les arrebato Siria en septiembre, 1260. Proclamado sultán como consecuencia de una conspiración, en 1260, Baybars inició una guerra implacable contra los estados cristianos restantes. En 1263 destruyó la iglesia de Nazaret; en 1265 tomó Cesarea y Jaffa, y en fin capturó Antioquía (mayo, 1268). La cuestión de una cruzada seguía discutiéndose en Occidente, pero excepto entre hombres con una visión religiosa, como San Luis, ya no se le daba ninguna seriedad al asunto entre los príncipes europeos. Veían la cruzada como un instrumento político, que se utilizaba sólo cuando servía sus propios intereses. Para impedir la predicación de una cruzada contra Constantinopla, Miguel Paleólogo le prometió al papa trabajar por la unión de las iglesias; pero Carlos de Anjou, hermano de San Luis, a quien la conquista de las Dos Sicilias había hecho uno de los príncipes más poderosos de la Cristiandad, emprendió el llevar a cabo para su beneficio propio los designios orientales hasta allí acariciados por el Hohenstaufen. Mientras María de Antioquía, nieta de Amaury II, le dejó los derechos que ella reivindicaba a la corona de Jerusalén, él firmó el tratado de Viterbo con Balduino II (27 mayo, 1267), que le aseguró eventualmente la herencia de Constantinopla. De ninguna manera preocupado por estas combinaciones diplomáticas, San Luis pensó sólo en la cruzada. En un parlamento tenido en París, el 24 de marzo, 1267, él y sus tres hijos tomaron la cruz, pero, a pesar de su ejemplo, muchos caballeros se opusieron a las exhortaciones del predicador Humberto de Romans. Escuchando los informes de los misioneros, Luis se decidió a ir a Tunicia, cuyo príncipe esperaba convertir al cristianismo. Se ha afirmado que San Luis fue conducido a Tunicia por Carlos de Anjou, pero en vez de alentar la ambición de su hermano el santo se empleó a frustrarla. Carlos había tratado de aprovecharse de la vacancia de la Santa Sede entre 1268 y 1271 para atacar Constantinopla, ya que las negociaciones de los papas con Miguel Paleólogo por la unión religiosa se lo habían impedido hasta ese momento. San Luis recibió la embajada del emperador griego muy cortésmente y ordenó a Carlos de Anjou de reunirse con él en Tunicia. Los cruzados, entre quienes estaba el príncipe Eduardo de Inglaterra, llegaron a Cartago el 17 de julio, 1270, pero la peste se declaró en su campamento, y el 25 de agosto, San Luis murió por la peste. Carlos de Anjou concluyó entonces un tratado con los mahometanos, y los cruzados reembarcaron. Solo el príncipe Eduardo, decidido a cumplir su voto, salió para San Juan de Acre; sin embargo, después de unas razias en territorio sarraceno, concluyó una tregua con Baybars.

El campo estaba ahora despejado para Carlos de Anjou, pero la elección de Gregorio X, quien era favorable a la cruzada, de nuevo frustró sus planes. Mientras los emisarios del rey de las Dos Sicilias atravesaban la península balcánica, el nuevo papa esperaba la unión de las iglesias Occidental y Oriental, evento que se proclamó solemnemente en el Concilio de Lyon, el 6 de julio, 1274; Miguel Paleólogo prometió tomar la cruz. El 1 de mayo de 1275, Gregorio X realizó una tregua entre este soberano y Carlos de Anjou. Entretanto Felipe III, rey de Francia, el rey de Inglaterra, y el rey de Aragón hicieron el voto de ir a Tierra Santa. Por desgracia la muerte de Gregorio X llevó estos planes a la nada, y Carlos de Anjou reasumió sus antiguos proyectos. En 1277 envió a Siria a Rogelio de San Severino, quien consiguió plantar su estandarte en el castillo de Acre y en 1278 tomó posesión del principado de Achaia en el nombre de su nuera Isabel de Villehardouin. Miguel Paleólogo no había podido realizar la unión del clero griego con Roma, y en 1281 el Papa Martín IV lo excomulgó. Habiendo firmado una alianza con Venecia, Carlos de Anjou se preparó a atacar Constantinopla, y su expedición fue fijada para abril, 1283. El 30 de marzo de 1282, sin embargo, ocurrió la rebelión conocida como las Vísperas Sicilianas, y una vez más se frustraron sus proyectos. Para dominar a sus propios insubordinados sujetos y emprender la guerra contra el rey de Aragón, Carlos fue obligado por fin a abandonar sus planes en Oriente. Entretanto Miguel Paleólogo quedó como amo de Constantinopla, y la Tierra Santa fue dejada sin defensa. En 1280 los mongoles intentaron una vez más invadir Siria, pero fueron rechazados por los egipcios en la batalla de Hims; en 1286 los habitantes de San Juan de Acre expulsaron al senescal de Carlos de Anjou y pidieron la ayuda de Enrique II, rey de Chipre. Kelaoun, el sucesor de Baybars, rompió entonces la tregua que había concluido con los cristianos, y se apoderó de Margat, la fortaleza de los Hospitalarios. Trípoli se rindió en 1289, y el 5 de abril de 1291, Malek-Aschraf, hijo y sucesor de Kelaoun, se presentó delante de San Juan de Acre con 120,000 hombres. Los 25,000 cristianos que defendían la ciudad ni siquiera tenían un comandante supremo; no obstante resistieron con heroico valor, llenaron las brechas de las murallas con estacas y sacos de algodón y lana, y comunicaron por mar con el rey Enrique II, quien les llevó ayuda de Chipre. Sin embargo, el 28 de mayo, los mahometanos ejecutaron un ataque general, penetraron dentro la ciudad, y sus defensores escaparon en sus navíos. La más fuerte oposición fue presentada por los Templarios, la guarnición de cuya fortaleza resistió diez días más, sólo para ser completamente aniquilada. En julio de 1291, los últimos pueblos cristianos en Siria capitularon, y el reino de Jerusalén cesó de existir.

VIII. LA CRUZADA DEL SIGLO XIV Y LA INVASION OTOMANA

La pérdida de San Juan d'Acre no llevó los príncipes de Europa a organizar una nueva cruzada. Los pensamientos de los hombres estaban de hecho, como de costumbre, dirigidos hacia el Este, pero en los primeros años del siglo XIV la idea de una cruzada inspiraba principalmente los trabajos de teóricos que veían en ella los mejores medios para reformar la Cristiandad. El tratado de Pierre Dubois, funcionario legal de la corona en Coutances, "De Recuperatione Terræ Sanctæ" (Langlois, ed., París, 1891), se parece al trabajo de un soñador, aunque algunas de sus opiniones son verdaderamente modernas. El establecimiento de la paz entre príncipes cristianos por medio de un tribunal de arbitraje, la idea de hacer un príncipe francés emperador hereditario, la secularización del Patrimonio de San Pedro, la consolidación de las Ordenes de Hospitalarios y Templarios, la creación de un disciplinado ejército cuyos diferentes cuerpos deberían tener un uniforme especial, la creación de escuelas para el estudio de lenguas orientales, y el matrimonio mixto de doncellas cristianas con sarracenos eran las ideas principales que él propuso (1307). En cambio los escritos de hombres de mayor actividad y más grande experiencia sugerían métodos más prácticos para efectuar la conquista de Oriente. Persuadidos que la derrota cristiana en Oriente era principalmente debida a las relaciones mercantiles que las ciudades italianas Venecia y Génova continuaban a tener con los mahometanos, estos autores deseaban el establecimiento de un bloqueo comercial que, en unos años, ocasionaría la ruina de Egipto y causaría que cayese bajo control cristiano. Con este propósito se recomendó que una gran armada fuera preparada al costo de los príncipes cristianos para efectuar una labor de vigilancia en el mediterráneo y prevenir el contrabando. Éstos eran los proyectos presentados en las memorias de Fidentius de Padua, un franciscano (hacia 1291, Bibliothèque Nationale, MSS Latín., 7247); en las del rey Carlos II de Nápoles (1293, Bib. Nat., Frankish MSS., 6049); Jacques de Molay (1307, Baluze, ed., Vitæ paparum Avenion., II, 176-185); Enrique II, rey de Chipre (Mas-Latrie, ed., Histoire de Chypre, II, 118); Guillaume d'Adam, arzobispo de Sultanieh (1310, Kohler, ed., Collect. Hist. de las Cruzadas, Documentos armenios, II); y Marino Sanudo, el veneciano (Bongars, ed., Secreta fidelium Crucis, II). También Carlos II insistió en la consolidación de las órdenes militares. Muchas otras memorias, sobre todo la de Hayton, rey de Armenia (1307, ed. Documentos armenios, I), consideraban que una alianza entre los cristianos y los mongoles de Persia era indispensable al éxito. De hecho, desde fines del siglo XIII muchos misioneros habían penetrado en el imperio mongol; en Persia como en China, su propaganda floreció. San Francisco de Asís, y Raimundo Lully habían esperado sustituir la cruzada bélica por una conversión pacífica de los mahometanos al Cristianismo. Raymundo Lully, nacido en Palma, Isla de Mallorca, en 1235, empezó (1275) su "Gran Arte", que, por medio de un método universal para el estudio de lenguas orientales, equiparía a los misioneros para entrar en polémicas con los doctores mahometanos. El mismo año él predominó sobre el rey de Mallorca para fundar el colegio de estudios superiores de la Santísima Trinidad en Miramar, donde los Frailes Menores podrían aprender las lenguas orientales. Él mismo tradujo tratados catequéticos al árabe y, después de pasar su vida viajando por Europa tratando de convencer a papas y reyes a sus ideas, sufrió el martirio en Bougie, donde había empezado su trabajo de evangelización (1314). Entre los mahometanos esta propaganda encontró dificultades insuperables, mientras que los mongoles, algunos de los cuales eran todavía miembros de la iglesia nestoriana, lo recibían de buena gana. Durante el pontificado de Juan XXII (1316-34) se establecieron misiones franciscanas y dominicanas permanentes en Persia, China, Tataria y Turkestán, y en 1318 se creó el Arzobispado de Sultanieh en Persia. En China Giovanni de Monte Corvino, creado arzobispo de Cambaluc (Peking), organizó la jerarquía religiosa, fundó monasterios, y convirtió al Cristianismo a hombres de marca, quizá al mismo Gran Khan. El reporte de viaje del bienaventurado Orderico de Pordenone (Cordier, ed.) a través de Asia, entre 1304 y 1330, nos muestra que la Cristiandad tenía una posición establecida en Persia, India, Asia Central y China del sur.

Llevando así a una alianza entre mongoles y cristianos contra los mahometanos, la cruzada había producido el efecto deseado; A principios del siglo XIV el desarrollo futuro del Cristianismo en Oriente parecía asegurado. Por desgracia, sin embargo, los cambios internos que ocurrieron en Occidente, la disminución de la influencia política de los papas, la indiferencia de los príncipes temporales a lo que no afectaba directamente sus intereses territoriales hicieron inútiles todos los esfuerzos para el restablecimiento del poder cristiano en Oriente. Los papas obraron para asegurar el bloqueo de Egipto prohibiendo el intercambio comercial con los infieles y organizando un escuadrón para prevenir el contrabando, pero los venecianos y genoveses en provocación enviaron sus navíos a Alejandría y vendieron esclavos y provisiones militares a los mamelucos. Además, no se pudo efectuar la consolidación de las órdenes militares. Por la supresión de los Templarios en el Concilio de Viena, 1311, el rey Felipe el Justo asenó un cruel revés a la cruzada; en lugar de dar a los Hospitalarios la inmensa riqueza de los Templarios, la confiscó. La Orden Teutónica habiéndose establecido en Prusia en 1228, en Oriente quedaron solo los Hospitalarios. Después de la captura de San Juan de Acre, Enrique II, rey de Chipre, les había ofrecido refugio en Limassol, pero allí se encontraron en muy estrechas circunstancias. En 1310 tomaron la Isla de Rodas, que había llegado a ser una guarida de piratas, y la hicieron su morada permanente. En fin, la contemplada alianza con los mongoles nunca se realizó totalmente. Fue en vano que Argoun, Khan de Persia, envió al monje Nestoriano, Raban Sauma, como embajador al papa y a los príncipes de Occidente (1285-88); sus propuestas obtuvieron solo vagas respuestas. El 23 de diciembre de 1299, Cazan, sucesor de Argoun, derrotó a los cristianos en Hims, y capturó Damasco, pero no pudo retener sus conquistas, y murió en 1304 al momento de preparar una nueva expedición. Los príncipes occidentales tomaron la cruz afín de destinar para su uso propio los diezmos que, para pagar los gastos de la cruzada, recaudaban en las propiedades del clero. Para estos soberanos la cruzada ya no tenía mas que un interés fiscal. En 1336 el rey Felipe VI de Francia, a quien el papa había nombrado jefe de la cruzada, reunió una flota en Marsella y se preparaba a ir a Oriente cuando las noticias de los planes de Eduardo III lo obligaron a regresar a París. La guerra estalló entonces entre Francia e Inglaterra, y fue un obstáculo insuperable al éxito de cualquier cruzada justo cuando las fuerzas combinadas de toda la Cristiandad no habrían sido bastante poderosas para resistir a la nueva tempestad que se preparaba en Oriente. Desde fines del siglo XIII una banda de turcos otomanos, sacados de Asia Central por las invasiones mongoles, había fundado un estado militar en Asia Menor y ahora amenazaba con invadir Europa. Capturaron Efeso en 1308, y en 1326 Osmán, su sultán, estableció su residencia en Bursa (Prusia) en Bitinia bajo Ourkhan, además, organizó las guardias regulares a pie de los janizaros contra las que las indisciplinadas tropas de caballeros occidentales no podían ganar. Los turcos entraron en Nicomedia en 1328 y en Nicea en 1330; cuando amenazaron a los emperadores de Constantinopla, éstos reanudaron negociaciones con los papas con vista a la reconciliación de las Iglesias griega y romana, por cuyo propósito se envió a Barlaam como embajador a Aviñón, en 1339. Al mismo tiempo los mamelucos egipcios destruyeron el puerto de Lajazzo, centro comercial del reino de Armenia Menor, donde los restos de las colonias cristianas habían buscado refugio después de la toma de San Juan de Acre (1337). El bienestar comercial de los venecianos mismos fue amenazado; con su apoyo el Papa Clemente VI en 1344 consiguió reorganizar la liga marítima cuyo funcionamiento había sido impedido por la guerra entre Francia e Inglaterra. Génova, los Hospitalarios, y el rey de Chipre todos enviaron sus contingentes, y, el 28 de octubre, 1344, los cruzados tomaron Smyrna, que fue confiada al cuidado de los Hospitalarios. En 1345 refuerzos dirigidos por Humberto, Delfín de Viena, se presentaron en el Archipiélago, pero el nuevo jefe de la cruzada estaba absolutamente incapacitado para el trabajo que se le asignó; incapaces de resistir a la piratería de los turcos ámeles, los cristianos concluyeron una tregua con ellos en 1348. En 1356 los Otomanos capturaron Gallípoli y cortaron la ruta a Constantinopla.

La causa de la cruzada encontró entonces un defensor imprevisto en Pedro I, rey de Chipre, quien, llamado por los armenios, consiguió sorprender y tomar por asalto la ciudad de Adalia en la costa Ciliciana en 1361. Incitado por su canciller, Felipe de Mézières, y Pierre Thomas, el legado papal, Pedro I emprendió un viaje a Occidente (1362-65) con la esperanza de reavivar el entusiasmo de los príncipes cristianos. El papa Urbano V le ofreció una magnífica bienvenida, como también lo hizo Juan el Bueno, rey de Francia, que tomó la cruz en Aviñón, el 20 de marzo, 1363; el ejemplo de este ultimo fue seguido por el rey Eduardo III, el Príncipe Negro, el emperador Carlos IV, y Casimiro, rey de Polonia. Por doquier se ofrecieron al rey Pedro hermosas promesas, pero cuando, en junio, 1365, embarcó en Venecia no lo acompañaba casi nadie excepto sus propias fuerzas. Después de reunirse con la flota de los Hospitalarios, se presentó inesperadamente frente al Viejo Puerto de Alejandría, desembarcó sin resistencia, y pilló la ciudad durante dos días, pero ante la aproximación de un ejército egipcio sus soldados lo forzaron a retirarse, 9-16 octubre, 1365. De nuevo en 1367 saqueó los puertos de Siria, Trípoli, Tortosa, Laodicea, y Jaffa, destruyendo así el comercio de Egipto. Luego, durante otro viaje a Occidente, hizo un gran esfuerzo para interesar a los príncipes a la cruzada, pero a su retorno a Chipre fue asesinado, como resultado de un complot. Entretanto los otomanos continuaron su progreso en Europa, tomaron Filipolis en 1363 y, en 1365, capturaron Adrianópolis, que fue hecha la capital de los sultanes. Ante el ruego del Papa Urbano V, Amadeo VII, conde de Saboya, tomó la cruz y el 15 de agosto, 1366, su armada tomó Gallípoli; luego, después de rescatar al emperador griego, Juan V, tenido cautivo por los búlgaros, regresó a Occidente. A pesar del heroísmo desplegado durante esas expediciones, los esfuerzos hechos por los cruzados fueron demasiado intermitentes para producir resultados durables. Felipe de Mézières, un amigo y admirador de Pedro de Lusiñan, ansioso de encontrar un remedio a los males de la Cristiandad, soñó en fundar una nueva milicia, la Orden de la Pasión, una organización cuyo carácter era el ser simultáneamente clerical y militar, y cuyos miembros, aunque casados, llevarían una vida casi monacal consagrándose a la conquista de la Tierra Santa. Bien recibido por Carlos V, Felipe de Mézières se estableció en París y propagó sus ideas entre la nobleza francesa. En 1390 Luis II duque de Borbón, tomó la cruz, y a la instigación de los genoveses fue a sitiar el-Mahadia, una ciudad africana en la costa de Tunicia. En 1392 Carlos VI que había firmado un tratado de paz con Inglaterra, parecía haber sido ganado para la cruzada justo antes de volverse loco. Pero el momento de las expediciones a la Tierra Santa había pasado, y de allí en adelante la Europa cristiana fue forzada a defenderse a sí misma contra las invasiones otomanas. En 1369 Juan V, Paleólogo, fue a Roma y abjuró el cisma; de allí en adelante los papas trabajaron valientemente para preservar los restos del imperio bizantino y los estados cristianos en los Balcanes. Habiéndose vuelto amo de Serbia en la batalla del Kosovo en 1389, el sultán Bajazet impuso su soberanía sobre Juan V y obtuvo posesión de Filadelfia, la última ciudad griega en Asia Menor. Sigismundo, rey de Hungría, alarmado ante el progreso de los turcos, le envió una embajada a Carlos VI, y un gran número de señores franceses, entre ellos el conde de Nevers, hijo del duque de Borgoña, se enrolaron bajo el estandarte de la cruz y, en julio de 1396, se les unieron en Buda caballeros ingleses y alemanes. Los cruzados invadieron Serbia, pero a pesar de sus prodigios de valor Bajazet los derrotó completamente frente a Nicópolis, el 25 de septiembre, 1396. El conde de Nevers y un gran numero de señores fueron hechos prisioneros de Bajazet y liberados solo bajo la condición de rescates enormes. A pesar de esta derrota, debida a la impetuosidad mal dirigida de los cruzados, una nueva expedición salió de Aigues-Mortes en junio, 1399, bajo el mando del mariscal Boucicault y consiguió romper el bloqueo que los turcos habían establecido alrededor de Constantinopla. Además, entre 1400 y 1402, Juan Paleólogo hizo otro viaje a Occidente para pedir refuerzos.

IX. LA CRUZADA EN EL SIGLO XV

Un inesperado evento, la invasión por Timur y los mongoles, salvó Constantinopla por el momento. Aniquilaron el ejército de Bajazet en Ancyra, el 20 de julio, 1402, y, dividieron el imperio otomano entre varios príncipes, reduciéndolo a un estado de vasallaje. Los gobernantes occidentales, Enrique III, rey de Castilla, y Carlos VI, rey de Francia, enviaron embajadores a Timur (ver el informe de Ruy Gonçales de Clavijo, Madrid, 1779), pero las circunstancias no eran favorables, como lo habían sido en el siglo XIII. La rebelión nacional en China que derrocó a la dinastía mongol en 1368 había dado por resultado la destrucción de las misiones cristianas en Extremo Oriente; en Asia Central los mongoles se habían convertido al mahometismo, y Timur mostró su hostilidad a los cristianos tomando Smyrna a los Hospitalarios. El mariscal Boucicault se aprovechó del abatimiento en el que la invasión mongol había dejado los poderes mahometanos para saquear los puertos de Siria, Trípoli, Beirut, y Sidón en 1403, pero fue incapaz de retener sus conquistas; Timur, en cambio, pensaba sólo en obtener posesión de China y volvió a Samarcanda, donde murió en 1405. Las guerras civiles que estallaron entre los príncipes otomanos dieron unos años de respiro a los emperadores bizantinos, pero Murat II, habiendo restablecido el poder turco, sitio Constantinopla de junio a septiembre de 1422, y obligó a Juan VIII, Paleólogo a pagarle tributo. En 1430 Murat quitó Tesalónica a los venecianos, forzó la muralla del Hexamilion, que Manuel había erigido para proteger el Peloponeso, y subyugó Serbia. La idea de la cruzada era siempre popular en Occidente, y, en su lecho de muerte, Enrique V de Inglaterra lamentó el no haber tomado Jerusalén. En sus cartas a Bedford, el regente, y al duque de Borgoña, Juana de Arco aludió a la unión de la Cristiandad contra los sarracenos, y la creencia popular expresada en la poesía de Christine de Pisan era que, después de liberar Francia, la doncella de Orleans guiaría Carlos VII a Tierra Santa. Pero esto era sólo un sueño, y las guerras civiles en Francia, la cruzada contra los husitas, y el concilio de Constanza, impidieron el tomar cualquier acción contra los turcos. Sin embargo, en 1421 Felipe el Bueno, duque de Borgoña, envió a Gilberto de Lannoy, y en 1432, a Bertrand de la Brocquière, a Oriente como emisarios confidenciales para reunir información que pudiera ser de valor para una futura cruzada. Al mismo tiempo se reanudaron negociaciones por la unión religiosa que facilitaría la cruzada entre los emperadores bizantinos y los papas. El emperador Juan VIII vino en persona a asistir al concilio convocado por el Papa Eugenio IV en Ferrara, en 1438. Gracias a la buena voluntad de Bessarión y de Isidoro de Kiev, los dos prelados griegos que el papa había elevado al cardenalato, el concilio, que se transfirió a Florencia, estableció la armonía en todos los puntos, y el 6 de julio, 1439, se proclamó solemnemente la reconciliación. La reunión fue mal recibida por los griegos y esto no llevó a los príncipes occidentales a tomar la cruz. Aventureros de todas nacionalidades se enrolaron bajo las ordenes del cardinal Giuliano Cesarini y fueron a Hungría a sumarse a los ejércitos de János Hunyadi, voivoda de Transilvania, que acababa de repeler a los turcos en Hermanstadt, de Ladislao Jagellón, rey de Polonia, y de Jorge Brankovitch, Príncipe de Serbia. Habiendo derrotado a los turcos en Nis, el 3 de noviembre, 1443, los aliados pudieron conquistar Serbia, gracias a la defección de los albaneses dirigidos por Jorge Castriota (Scanderbeg), su comandante nacional. Murat firmó una tregua de diez años y abdicó el trono, el 15 de julio, 1444, pero Giuliano Cesarini, el legado papal, no favorecía la paz y quiso seguir adelante hasta Constantinopla. A causa de su instigación los cruzados rompieron la tregua e invadieron Bulgaria, por lo cual Murat de nuevo tomó el comando, cruzó el Bósforo en galeras genovesas, y aniquiló el ejército cristiano en Varna, el 10 de noviembre, 1444. Esta derrota dejó a Constantinopla sin defensa. En 1446 Murat consiguió conquistar Morea, y cuando, dos años más tarde, János Hunyadi trató de ir a ayudar Constantinopla fue derrotado en Kosovo. Solo Scanderbeg consiguió mantener su independencia en Epiro y, en 1449, rechazó una invasión turca. Mehmet II, que sucedió a Murat en 1451, se preparaba a sitiar Constantinopla cuando, el 12 de diciembre, 1452, el emperador Constantino XI decidió proclamar la unión de las iglesias en presencia de los legados papales. La esperada cruzada, sin embargo, no se produjo; y cuando, en marzo, 1453, las fuerzas armadas de Mehmet II, 160,000, completamente rodearon Constantinopla, los griegos tenían sólo 5,000 soldados y 2,000 caballeros occidentales, comandados por Giustiniani de Génova. A pesar de esta seria desventaja, la ciudad resistió durante dos meses contra el enemigo, pero en la noche del 28 de mayo, 1453, Mehmet II ordenó un ataque general, y después de una desesperada batalla, en la que pereció el emperador Constantino XI, los turcos entraron en la ciudad por todas partes y perpetraron una matanza espantosa. Mehmet II pasó a caballo por encima de montones de cadáveres y montado entró a la iglesia de Santa Sofía, y la transformó en una mezquita.

La captura de la "Nueva Roma" fue la más espantosa desgracia sufrida por la Cristiandad desde la toma de San Juan de Acre. Sin embargo, la agitación que las noticias de este hecho causaron en Europa fue más aparente que genuina. Felipe el Bueno, duque de Borgoña, dio un espectáculo alegórico en Lille en el que la Santa Iglesia solicitaba la ayuda de caballeros que pronunciaban los votos más extravagantes delante de Dios y un faisán (sur le faisan). Æneas Sylvius, obispo de Siena, y San Juan Capistrano, el franciscano, predicaron la cruzada en Alemania y Hungría; las Dietas de Ratisbona y Francfort prometieron ayuda, y se formó una liga entre Venecia, Florencia, y el duque de Milán, pero nada se obtuvo de ella. El Papa Calixto III consiguió reunir una armada de dieciséis galeras, que, bajo las ordenes del Patriarca de Aquilea, protegió el archipiélago. Sin embargo, la derrota de los turcos frente a Belgrado en 1457, gracias a la bravura de János Hunyadi, y la sangrienta conquista del Peloponeso en 1460 parecieron por fin reanimar a la Cristiandad de su apatía. Æneas Sylvius, ahora papa bajo el nombre de Pío II, multiplicó sus exhortaciones, declarando que él mismo conduciría la cruzada, y a fines de 1463 bandas de cruzados empezaron a reunirse en Ancona. El Dogo de Venecia había cedido a las súplicas del papa, mientras que el duque de Borgoña se contentaba con enviar a 2,000 hombres. Pero cuando, en junio, 1464, el papa fue a Ancona a asumir el comando de la expedición, cayó enfermo y murió, después de lo cual la mayor parte de los cruzados, desarmados, faltos de municiones, y amenazados de inanición, regresaron a sus propios países. Los venecianos fueron los únicos que invadieron el Peloponeso y saquearon Atenas, pero veían la cruzada sólo como un medio de promover sus intereses comerciales. Bajo Sixto IV tuvieron la osadía de utilizar la armada papal para la captura de mercancía guardada en Smyrna y Adalia; asimismo compraron los derechos de Catalina Cornaro al reino de Chipre. Por fin, en 1480, Mehmet II dirigió un triple ataque contra Europa. En Hungría Matías Corvino resistió a la invasión turca, y los Caballeros de Rodas, dirigidos por Pedro d'Aubusson, se defendieron victoriosamente, pero los turcos consiguieron tomar Otranto y amenazaron con conquistar Italia. En una asamblea que se tuvo en Roma y presidida por Sixto IV, los embajadores de los príncipes cristianos otra vez prometieron ayuda; pero la situación de la Cristiandad habría sido en verdad crítica si no hubiera sido por la muerte de Mehmet II que ocasionó la evacuación de Otranto, en tanto que el poder de los turcos disminuía por varios años a causa de las guerras civiles entre los hijos de Mahoma. Al momento de la expedición de Carlos VIII en Italia (1492) se hablaba de nuevo de una cruzada; según los planes del rey de Francia, la conquista de Nápoles sería seguida por la de Constantinopla y Oriente. Por esta razón el Papa Alejandro VI le entregó el Príncipe Djem, hijo de Mehmet II y pretendiente al trono, que había tomado refugio con los Hospitalarios. Cuando Alejandro VI se ligó con Venecia y Maximiliano contra Carlos VIII, la razón oficial de la alianza era la cruzada, pero se había vuelto imposible el tomar en serio tales proyectos. Las ligas por la cruzada no eran ya mas que combinaciones políticas, y la predicación por la Guerra Santa no parecía a la gente nada más que un medio para obtener dinero. Antes de su muerte el emperador Maximiliano tomó la cruz en Metz con la debida solemnidad, pero esas demostraciones no podían llevar a ningún resultado satisfactorio. Las nuevas condiciones que entonces controlaban la Cristiandad hicieron la cruzada imposible.

X. MODIFICACIONES Y SUPERVIVENCIA DE LA IDEA DE LA CRUZADA

A partir del siglo XVI solo los intereses de los estados influenciaban la política europea; Así a los estadistas la idea de una cruzada les parecía anticuada. Egipto y Jerusalén habiendo sido conquistadas por el sultán Selim, en 1517, el Papa León X hizo supremos esfuerzo por restablecer la paz indispensable a la organización de una cruzada. El rey de Francia y el emperador Carlos V prometieron su cooperación; el rey de Portugal sitiaría Constantinopla con 300 barcos, y el papa conduciría la expedición. Justo en ese momento hubo problemas entre Francisco I y Carlos V; esos planes por consiguiente fallaron completamente. Los jefes de la Reforma eran desfavorables a la cruzada, y Lutero declaró que la guerra contra los turcos era un pecado porque Dios los había hecho Sus instrumentos para castigar los pecados de Su gente. Por consiguiente, aunque la idea de la cruzada no se perdió totalmente de vista, tomó una forma nueva y se ajustó a las nuevas condiciones. Los Conquistadores, que desde el siglo XV habían salido a descubrir nuevas tierras, se consideraron como los auxiliares de la cruzada. El Infante Don Enrique, Vasco de Gama, Cristóbal Colón, y Albuquerque llevaron la cruz en su pecho y, cuando buscaban los medios de rodear Africa o de llegar a Asia por rutas del este, pensaron en atacar a los mahometanos por detrás; además, contaban con la alianza de un fabuloso soberano que se decía era cristiano, Preste Juan. Los papas, también, alentaban con fuerza esas expediciones. Por otra parte, entre las potencias de Europa la Casa de Austria, que dominaba Hungría, donde era directamente amenazada por los turcos, y que tenía supremo control del mediterráneo, se dio cuenta de que sería para su ventaja el mantener un cierto interés en la cruzada. Hasta fines del siglo XVII, cuando se reunió una dieta de los príncipes alemanes en Ratisbona, se agitó con frecuencia la pregunta de la guerra contra los turcos, y Lutero mismo, modificando su primera opinión, exhortó la nobleza alemana a defender la Cristiandad (1528-29). La guerra en Hungría siempre participó del carácter de una cruzada y, en diferentes ocasiones, nobles franceses se enrolaron bajo el estandarte imperial. Así el duque de Mercoeur fue autorizado por Enrique IV a entrar al servicio húngaro. En 1664 Luis XIV ansioso de extender su influencia en Europa, envió un contingente al emperador que, bajo las ordenes del conde de Coligny, rechazó a los turcos en la batalla de San Gotardo. Pero tales demostraciones no tenían importancia porque, en la época de Francisco I y para mantener el equilibrio del poder en Europa frente a la Casa de Austria, los reyes de Francia no habían dudado en entrar en tratados de alianza con los turcos. Cuando, en 1683, Kara Mustapha avanzó sobre Viena con 30.000 turcos o tártaros, Luis XIV no respondió, y fue a Juan Sobieski, rey de Polonia, a quien el emperador debió su seguridad. Éste fue el esfuerzo supremo hecho por los turcos en Occidente. Agobiados por las victorias del príncipe Eugenio a fines del siglo XVII, se volvieron de allí en adelante una potencia pasiva.

En el mediterráneo, Génova y Venecia vieron su monopolio comercial destruido en el siglo XVI por el descubrimiento de continentes nuevos y de nuevas rutas marítimas hacia las Indias, mientras que su poder político era asimilado por la Casa de Austria. Sin dejar que los cruzados los estorbaran en sus empresas continentales, los Habsburgos soñaban de obtener el control del mediterráneo paralizando a los piratas de Berbería y deteniendo el progreso de los turcos. Cuando, en 1571, la isla de Chipre fue amenazada por los otomanos, que cruelmente masacraron las guarniciones de Famagusta y Nicosia, luego de que estas ciudades se habían rendido de acuerdo a términos pactados, el Papa Pío V consiguió formar una liga de potencias marítimas contra el sultán Selim, y obtuvo la cooperación de Felipe II por haberle otorgado el derecho a los diezmos de la cruzada, mientras que él mismo equipó algunas galeras. El 7 de octubre, 1571, una armada cristiana de 200 galeras, con 50.000 hombres bajo el mando de Don Juan de Austria, se enfrentó con la flota otomana en los estrechos de Lepanto, la destruyó completamente, y liberó a miles de cristianos. Esta expedición tuvo el carácter de una cruzada. El papa, considerando que la victoria había salvado a la Cristiandad, para conmemorarla instituyó la fiesta del Santo Rosario, que se celebra el primer domingo de octubre. Pero los aliados no llevaron más allá sus ventajas. Cuando, en el siglo XVII, Francia reemplazó España como la gran potencia mediterránea, se esforzó, a pesar de los tratados que la ligaban con los turcos, a defender los últimos restos de fuerzas cristianas en el Oriente. En 1669 Luis XIV envió al duque de Beaufort con una armada de 7000 hombres a la defensa de Candía, una provincia veneciana, pero, a pesar de algunas brillante salidas, sólo consiguió retrasar su captura por unas semanas. Sin embargo, la acción diplomática de los reyes de Francia con respecto a los cristianos Orientales que eran súbditos turcos fue más eficaz. El régimen de "Capitulaciones", establecido bajo Francisco en 1536, renovado bajo Luis XIV en 1673, y Luis XV en 1740, garantizó a los católicos la libertad religiosa y la jurisdicción del embajador francés de Constantinopla; A todos los peregrinos occidentales se les autorizó el acceso a Jerusalén y al Santo Sepulcro, que se confió al cuidado de los Frailes Menores. Tal fue el modus vivendi finalmente establecido entre la Cristiandad y el mundo mahometano.

A pesar de estos cambios puede decirse que, hasta el siglo XVII, la imaginación de la Cristiandad Occidental todavía estaba obsesionada por la idea de las Cruzadas. Aun el menos quimérico de los estadistas, tal como el Padre José de Tremblay, el amigo de confianza de Richelieu, a veces acariciaba tales esperanzas, mientras que el plan de la memoria que Leibniz dirigió (1672) a Luis XIV sobre la conquista de Egipto era el de una cruzada normal. Por fin, allí estaba como la reliquia respetable de un pasado glorioso la Orden de los Caballeros de San Juan de Jerusalén, fundada en el siglo XI y que continuo a existir hasta la revolución francesa. A pesar de los esfuerzos valerosos de su gran maestro, Villiers de l'Isle Adam, los turcos los habían expulsado de Rodas en 1522, y habían tomado refugio en Italia. En 1530 Carlos V les obsequió la isla de Malta, admirablemente situada desde un punto de vista estratégico, de donde podían ejercer vigilancia sobre el mediterráneo. Se obligaron a prometer dejar Malta a la recuperación de Rodas, y también a hacer la guerra a los piratas de Berbería. En 1565 los Caballeros de Malta resistieron un furioso ataque de los turcos. También mantuvieron un escuadrón capaz de hacer huir a los piratas de Berbería. Reclutados entre los más jóvenes hijos de las familias más nobles de Europa, poseían inmensos patrimonios en Francia y en Italia, y cuando la revolución francesa estalló, la orden rápidamente perdió terreno. Se le confiscó la propiedad que poseía en Francia en 1790, y cuando, en 1798, el directorio emprendió una expedición a Egipto, Bonaparte, de pasada, se apoderó de la isla de Malta, cuyos caballeros se habían puesto ellos mismos bajo la protección del Zar, Paulo I. La ciudad de Valetta se rindió a la primera llamada, y la orden se desbandó; sin embargo, en 1826 fue reorganizada en Roma como una asociación caritativa.

La historia de las Cruzadas esta por lo tanto íntimamente relacionada con la de los papas y la Iglesia. Estas Guerras Santas fueron esencialmente una empresa papal. La idea de mitigar todas las disensiones entre cristianos, de unirlos bajo el mismo estandarte y enviarlos en contra de los mahometanos, fue concebida en el siglo XI, es decir, en una época en la que aún no había ningún estado organizado en Europa, y cuando el papa era el único potentado en posición de saber y entender los intereses comunes de la Cristiandad. En esa época los turcos amenazaban con invadir Europa, y el imperio bizantino parecía incapaz de resistir a los enemigos que lo rodeaban. Urbano II entonces aprovechó la veneración en la que los lugares santos eran tenidos por los cristianos de Occidente y rogó a estos de dirigir sus combinadas fuerzas contra los mahometanos y, por un ataque audaz, detener su avance. El resultado de ese esfuerzo fue la creación de los estados cristianos en Siria. Mientras la autoridad de las papas era indiscutible en Europa, estaban en posición de proveer a esas colonias cristianas la ayuda que requerían; pero cuando esa autoridad era discutida por disensiones entre el sacerdocio y el imperio, el ejército cruzado perdía la unidad de mando tan indispensable al éxito. Las potencias marítimas de Italia, cuya ayuda era indispensable a los ejércitos cristianos, pensaban sólo en usar las Cruzadas para fines políticos y económicos. Otros príncipes, primero el Hohenstaufen y después Carlos de Anjou, siguieron este precedente, la cruzada de 1204 fue la primera rebelión abierta contra la voluntad pontifical. Por fin, cuando, al fin de la edad media, se había definitivamente abandonado toda idea de monarquía cristiana, cuando la política estatal era la única influencia que ponía en movimiento a las Potencias de Europa, la cruzada parecía un respetable pero molesto sobreviviente. En el siglo XV Europa dejó que los turcos tomaran Constantinopla, y los príncipes estaban muchos menos preocupados de partir hacia el Oriente que de encontrar una manera de no cumplir sus votos de cruzados sin perder la buena opinión del público. Después de eso todo intento de cruzada participó de la naturaleza de los esquemas políticos. A pesar de su derrota final, las cruzadas ocupan un lugar muy importante en la historia del mundo. Esencialmente obra de los papas, estas Guerras Santas antes que nada ayudaron a fortalecer la autoridad pontifical; ofrecieron a los papas la oportunidad de interferir en las guerras entre príncipes cristianos, mientras que los privilegios temporales y espirituales que otorgaron a los cruzados virtualmente hicieron de estos último sus súbditos. Al mismo tiempo ésta fue la razón principal por la cual tantos gobernantes civiles se negaron a unirse a las cruzadas. Se debe decir que las ventajas así adquiridas por los papas fueron por la seguridad común de la Cristiandad. Desde el principio las cruzadas fueron guerras defensivas y detuvieron el avance de los mahometanos que, por dos siglos, concentraron sus fuerzas en una lucha en contra de las colonias cristianas en Siria; Así Europa es ampliamente deudora de las cruzadas por el mantenimiento de su independencia. Además, las cruzadas tuvieron consecuencias en las que los papas nunca habían soñado, y que fueron quizás las más importantes de todas. Restablecieron el tráfico entre el Occidente y Oriente, que, después de haber estado interrumpido durante varios siglos, se reanudó entonces con una energía aun más grande; fueron una manera de sacar a los caballeros occidentales de las profundidades de sus provincias respectivas, introducirlos en los más civilizados países asiáticos revelándoles así un mundo nuevo, y regresarlos a sus tierras natales llenos de ideas nuevas; fueron instrumentales en extender el comercio de las Indias, del que las ciudades italianas por mucho tiempo tuvieron el monopolio, así como el de los productos que transformaron la vida material de Occidente. Además, desde fines del siglo XII, el desarrollo de la cultura general en Occidente fue el resultado directo de esas Guerras Santas. En fin, es con las cruzadas que debemos asociar el origen de las exploraciones geográficas hechas por Marco Polo y Orderico de Pordenone, los italianos que llevaron a Europa el conocimiento de Asia y China continentales. A una fecha aun más tardía, fue el espíritu del verdadero cruzado el que animó a Cristóbal Colón cuando emprendió su peligroso viaje hacia la entonces desconocida América, y a Vasco de Gama cuando salió en busca de la India. Si, de hecho, la civilización cristiana de Europa ha llegado a ser una cultura universal, en el sentido más alto, la gloria redunda, en gran medida, a las cruzadas.

LOUIS BRÉHIER
Transcrito por Douglas J. Potter
Traducido por Oscar Olague