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LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO, SUS PELIGROS Y ALCANCES

martes, 10 de enero de 2017

Lava jato, Foro de Sao Paulo, comunismo y corrupción transnacional

Por Carlos Sánchez Berzaín, Director del Interamerican Institute for Democracy

La pesquisa del "lava jato" comenzó en 2013 con la Policía Federal de Curitiba que investigando lavado de activos llegó a Petrobras la empresa más grande de Brasil.

Lo que empezó siendo una investigación local sobre lavado de activos en Brasil con el nombre de “lava jato”, es hoy el escándalo más grande de corrupción de la región con dimensiones mundiales, que revela una extensa red de crimen transnacional organizado y operado sobre la base del “Foro de Sao Paulo”. Se trata de corrupción organizada con fines políticos para enriquecer ilícitamente a los que se presentaron como defensores de los pobres y anti neoliberales, dándoles dinero ilimitado para la manipulación electoral y mediática, la violación de los derechos humanos y el destrozo de la democracia. Los miles de millones de dólares de coimas, mordidas, comisiones, sobre precios y/o sobornos digitados desde el poder político del Brasil por medio de constructoras de ese país en toda América Latina son testimonio de la corrupción y abuso de poder que no pueden quedar impunes.

El Foro de Sao Paulo es una agrupación de partidos y organizaciones políticas latinoamericanas de izquierda fundado en 1990 por el Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil, Ignacio Lula da Silva, con estrategia de la dictadura cubana en 1990. Según sus fundadores “el Foro fue constituido para reunir esfuerzos de los partidos y movimientos de izquierda después de la caída del muro de Berlín y las consecuencias del neoliberalismo en los países de Latinoamérica y el Caribe”. A tiempo de su fundación el único miembro que ejercía poder era la dictadura castrista en Cuba. Lula da Silva llegó al poder el 1 de enero de 2003 y gobernó por dos períodos hasta el 1 de enero de 2011 que entregó el mando a Dilma Rousseff.

La pesquisa del “lava jato” comenzó en 2013 con la Policía Federal de Curitiba que investigando lavado de activos llegó a Petrobras la empresa más grande de Brasil. El sistema consistía en que “Petrobras licitaba obras a grandes empresas constructoras de Brasil como parte de un programa impulsado por el presidente Lula y su entonces ministra de Energía Dilma Rousseff,……Para favorecer la contratación de ciertas empresas, la petrolera brasileña pedía sobornos que rondaban el 3% del presupuesto, que repartían entre políticos y empresarios. El dinero era reintroducido al sistema a través de negocios de hoteles, lavanderías y estaciones de gasolina para ser blanqueado. Luego era transferido al extranjero a través de empresas fachada, a cuentas en China o Hong Kong”. La fiscalía de Brasil estima que “entre 2004 y 2012 cerca de 8.000 millones de dólares fueron licuados por esta red criminal”

De acuerdo a la Revista Forbes al 6 de enero de 2017, de las 20 “constructoras más fuertes en América Latina” 15 son brasileras: Norberto Odebrecht la 1, Grupo OAS la 2, CCR Rodovias la 4, CTrela Realty la 5, PDG Realty la 6, Andrade Gutierrez la 8, Invepar la 9, OAS la 10, Camargo Correa la 12, Queiroz Galvao la 13, Grupo Galvao la 14, UTC Engenharia la 15, MRV la 16, Galvao Engenharia la 17, y CR Almeida la 20. Según las autoridades judiciales de Brasil “miembros del gobierno brasilero extendieron esta red de pagos bajo la mesa para que las principales constructoras de ese país logren importantes concesiones en toda América Latina”. Esto significa que Odebrecht es la principal pero no la única. Entonces se debe establecer que empresas brasileras además de Odebrecht han realizado obras y tienen contratos en Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Argentina del periodo Kirchner y otros países con gobiernos vinculados al Foro de Sao Paulo y al posterior socialismo del siglo XXI. La característica con los gobiernos de Castro en Cuba, Chávez y Maduro en Venezuela, Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia y Ortega en Nicaragua habría sido la contratación de excepción, o contratos directos, o adjudicaciones vinculadas a financiamientos concedidos por el gobierno del Brasil de Lula y/o Rousseff.

Ejecutivos de Odebrecht reconocieron ante autoridades de los Estados Unidos que “la firma había cometido actos de corrupción incluyendo el pago de cerca de 788 millones de dólares en sobornos”. La información es aún incompleta pero según la prensa, autoridades estadounidenses han adelantado que los “pagos ilícitos incluyen 349 millones de dólares en Brasil, 98 millones en Venezuela y 10 millones en México”. Se espera mayor detalle de los sobornos para los próximos días, pero el tema no es solo Odebrecht, se trata de las otras empresas brasileras que han operado bajo el mismo sistema en obras de montos menores. Un tema a esclarecer es en Bolivia, el caso de la carretera por los territorios indígenas del Tipnis, para la que el propio Lula da Silva personalmente se trasladó a la zona en apoyo a Evo Morales.

El gobierno de Ecuador en acción defensiva señaló “que no aceptara sin pruebas las versiones de funcionarios de Odebrecht sobre supuestos sobornos por 33,5 millones de dólares”, aunque no ha indicado que tipo de pruebas espera además de la confesión de los empresarios y la red de corrupción ya descubierta y probada. La dictadura cubana trata de tapar el tema con el silencio. Sobre Venezuela se ha publicado que Odebrecht entregó 35 millones de dólares a la última campaña de Chávez en 2012 y la actitud es de silenciar el asunto.

El lava jato, el car wash o el lavador de autos, pese a las cifras millonarias ya confesadas ha mostrado solo la punta del iceberg de corruptela. Es necesario conocer la lista de obras de todas las constructoras brasileras en los países cuyos gobiernos forman parte del Foro de Sao Paulo en los últimos desde 2002 por lo menos, porque la corrupción nació de ahí como lo prueban los hechos. Interesa a la izquierda honesta que así sea para no ser cómplice de la impunidad dictatorial. La corrupción no es un tema de ideología, pero en este caso si es un elemento esencial de las dictaduras del socialismo del siglo XXI que con recursos de la corrupción como la del lava jato y de otras fuentes oprimen a los pueblos de Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua.

Publicado por Diario las Américas el domingo 8 de enero, 2017

lunes, 26 de diciembre de 2016

Elites globales ponen al cristianismo como blanco a disparar

El término gobernabilidad global se refiere a la dimensión política de la globalización. Aquí la cuestión es hasta qué grado el gobierno estará centralizada y controlada por las instituciones internacionales de forma que amenazan con disminuir la capacidad de los gobiernos nacionales y locales. Defensores de gobierno global tienden a preferir tanto la regulación transnacional de los mercados y la creación de nuevas normas de derechos humanos marcados por una mayor centralización.

En este último sentido, la gobernanza global puede implicar mucho más que una simple coordinación y la cooperación internacional, que ha existido a través de las relaciones internacionales modernas. Ahora también es una ideología profunda y ampliamente integrado que busca la centralización y la regulación de las zonas de amplio alcance de la interacción internacional global. Se cree y se hace avanzar por sus devotos con un celo casi religioso. Entre estos devotos son los profesores universitarios y profesores de todos los niveles, profesionales de la organización no gubernamental, abogados internacionales, periodistas, cada vez más un gran número de dirigentes y funcionarios gubernamentales electos y designados, funcionarios internacionales, celebridades y las élites culturales, y expertos en las Naciones Unidas y otras organizaciones intergubernamentales. Si esta creciente y cada vez más influyente cuerpo de creyentes simplemente quería resolver los problemas internacionales candentes, sus efectos serían en gran medida inobjetable. es necesaria la cooperación internacional para prevenir, controlar y resolver conflictos; proporcionar asistencia de emergencia humanitaria que tanto necesita; y promover el aumento de la prosperidad de las naciones.

Globalistas, como se les llama, una vez y defensores de gobierno global, como ahora se conocen a menudo, requieren mucho más, sin embargo. ideología gobierno global apunta a la erosión y la eliminación de la soberanía nacional al reducir el control del gobierno nacional sobre el movimiento de personas, mercancías, servicios y capitales a través de las fronteras nacionales. Se trata de establecer un orden completamente secular en la que actividades como la educación, la salud, el desarrollo económico, y la justicia se forman por expertos globales en lugar de por los líderes en sus contextos locales y nacionales naturales. Regla de los expertos, por burócratas globales, es considerado como el ideal.

Estos expertos, a su vez comparten un conjunto común de puntos de vista sobre el mundo. Son los seculares que son, en el mejor de los sospechosos, pero a menudo abiertamente hostiles a la religión y la cultura tradicional como influencias sobre la civilización. Son los burócratas o los defensores de la burocracia que creen que el gobierno por parte de expertos en lugar de por los funcionarios elegidos es la única manera de avanzar en una agenda progresiva de la modernización. Son ecologistas que, en diversos grados, consideran a los seres humanos y el crecimiento de la población humana como un flagelo en la ecología mundial. Por tanto, son casi universalmente defensores del control de la población que se consideran a la familia, especialmente la familia tradicional y las creencias religiosas de las familias, como una amenaza a la integridad del medio ambiente. A menudo son los eugenistas que desean reducir la fertilidad de los pueblos menos deseables. Son transnationalists que creen que el Estado-nación es una construcción cultural anacrónico en necesidad de deconstrucción. Por lo general son los defensores de la plasticidad de género que buscan en nombre de los derechos humanos para promover la redefinición global de la masculinidad y la feminidad y por lo tanto una redefinición de la persona humana y del matrimonio como base normativa de la vida familiar. Son materialistas que en última instancia niegan la naturaleza espiritual trascendente del ser humano y que de este modo se refiere casi exclusivamente por las necesidades físicas y emocionales de las personas. Ellos son relativistas que por lo general rechazan el concepto de la verdad moral objetiva, de la ley natural, o de las dimensiones religiosas y espirituales de la persona humana. Consideran poder y control como los mecanismos por los que rehacer el mundo a su propia imagen. Son centralistas que tienen poca consideración por los derechos de los órganos subsidiarios, agencias locales de ayuda mutua y de apoyo, iglesias, gobiernos locales, o incluso los gobiernos nacionales que desean preservar sus formas distintivas de la vida. En nombre de la solidaridad mundial, que violan los principios básicos de la subsidiariedad.

Las enseñanzas tradicionales del cristianismo, enraizados en el Evangelio de Jesucristo, son un objetivo importante para los defensores del gobierno global. Han adoptado el manto de la paz, la justicia, los derechos humanos, y la promoción a la humanitaria evangelio social de la Iglesia, pero han atacado sistemáticamente a la Iglesia como institución, la familia tradicional y los valores morales tradicionales, y el amor a la patria y el amor de Dios . Buscan a suplantar el papel histórico de la Iglesia en la prestación de las obras de misericordia corporales. Es un rival de la libertad religiosa e incluso la libertad de conciencia.

Esta versión siniestra de gobierno global es un signo de nuestro tiempo. Se alimenta a un ritmo cada vez mayor por la globalización de la comunicación electrónica. Internet y los medios sociales en sus propios derechos grandes favores a la vida moderna a menudo promueven agendas antihumanos de pornografía en Internet y el abuso sexual de sindicalismo criminal global y la captación de terroristas transnacional y la promoción.

En este nuevo mundo virtual, la paz y la justicia lidiar con la violencia y la depravación. La Iglesia debe estar al tanto de los movimientos ideológicos en el trabajo bajo el pretexto de humanismo secular y el liberalismo progresista. ideología gobierno global es el hijastro intelectual del pensamiento materialista marxista. En la era de la globalización, la primera es la visión del mundo reinante de las élites. La Iglesia, por tanto, debe entenderlo y resistir sus objetivos más siniestros al servir como un signo de contradicción; mediante la cooperación con la institucionalización internacional donde es más justificada; y por oponerse a ella cuando se viola la dignidad básica humana, los derechos subsidiarios de la Iglesia, y los agentes incrustados de ayuda mutua y soporte sobre el cual dependen las comunidades locales.

La Iglesia debe promover una forma humana y justa de gobierno global cuando se resistía a las características y los compromisos políticos de la ideología que promueven una cultura de la muerte en lugar de una civilización de la vida y el amor. El verdadero bien y la felicidad de las personas humanas se apoya en un auténtico respeto de la dignidad humana y la promoción del bien común a la luz de las verdades más profundas de la naturaleza humana. La Iglesia-al igual que todas las personas de buena voluntad deben trabajar para garantizar que promueve la gobernabilidad global más que frustra a este fin.

viernes, 28 de octubre de 2016

PPK, Dios lo obliga a cumplir la Consagración

Por Carlos Polo

El 21 de Octubre el Presidente de Perú, Pedro Pablo Kuczynski - PPK, sorprendió a propios y extraños consagrando al Perú, a su familia y a él mismo al Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María. Tal iniciativa provocó un sentimiento encontrado en la población, mayoritariamente creyente.

Por un lado, alegría porque nuestro país ha quedado bendecido al ser invocadas devociones sagradas para el mundo católico. Pero por otro lado, extrañeza y desconfianza porque la consagración personal de PPK se produjo luego de que varios de sus ministros aprobaran una serie de normas contrarias a la moral cristiana en los primeros días de su gobierno. Normas que no solo el mismo PPK respaldó sino que además apoyó utilizando la burla de autoridades eclesiales y, por ende, de todo creyente.

¿Cómo explicarse entonces una consagración sagrada para los católicos si pocos días antes apoyó temas absolutamente rechazados por la Iglesia Católica tales como píldoras abortivas, matrimonio gay o ideología de género? ¿Es tan fácil “servir a dos Señores”?

En general, PPK maneja un orden de prioridades bastante curioso. ¿Cómo entender la prioridad que PPK le otorga a comprar píldoras del día siguiente cuando los enfermos mueren por falta de atención básica en hospitales (sin mencionar el cargamento de Paracetamol vencido encontrado en almacenes del MINSA en Piura, como uno de tantos ejemplos)? ¿O a la organización de Juegos Panamericanos antes que atender la total inseguridad ciudadana por la cual muchos jóvenes mueren asesinados por el robo de un celular? ¿O que mientras se dedicaba al show mediático de realizar rutinas de ejercicios con sus ministros en el patio de Palacio de Gobierno, corruptos como Carlos Moreno y cómplices hacían de las suyas en el mismo edificio?

¿Cómo evitar pensar que el Presidente PPK tiene algún tipo de afección que alguno puede pensar que coincide con la demencia senil o la esquizofrenia?

La oración de consagración redactada por la Misión por el Amor de Dios en Todo el Mundo que PPK suscribió dice textualmente: “pido a Dios perdón por todas las transgresiones que haya cometido en el pasado, todas las que se hayan hecho en el pasado de la República y por todas aquellas decisiones que se hayan tomado estando en contra de sus mandamientos y le pido su ayuda para cambiar todo lo que nos separa de Él”.

Mencionemos algunas de las “decisiones contra sus mandamientos” cuya autoría recae en el gobierno de PPK:

- La promoción del uso de la píldora del día siguiente: no impugnar la medida cautelar de un juez y, por el contrario, pedir una acción de inejecutabilidad de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre la AOE.
- La aprobación del registro sanitario de la píldora abortiva acetato de ulipristal que actúa hasta 5 días después de la implantación de un embrión humano en el útero, es decir, hasta dos semanas después de su concepción /fecundación.
- La Norma Técnica de Planificación Familiar por la cual administrar un anticonceptivo ha dejado de considerarse como un tratamiento médico y, por tanto, podría entregarse a los niños desde los 12 años sin consentimiento de sus padres y podría aplicarlo personal no médico. Esta lista incluye todo método anticonceptivo, incluyendo al DIU o anticonceptivos hormonales como píldoras, inyectables o implantes.
- Currículo Básica Escolar 2017 que está hecha desde las consignas de la ideología de género para normalizar conductas dictadas por el lobby internacional LGTB.
- La firma de la Convención Interamericana contra toda forma de discriminación e intolerancia que suscribe los mismos contenidos polémicos de la ideología de género rechazados en el Congreso. (Esto ocurrió el día 25 de Octubre, 4 días después del acto de consagración)

La prudencia y la caridad sugieren darle al Presidente el beneficio de la duda. Si PPK fuera mi amigo personal, le diría que la consagración al Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María no son cosas de juego. De hecho el segundo de los 10 mandamientos es muy explícito al respecto: “No tomarás el Nombre de Dios en vano”. No tener intención de cumplir lo prometido sería un sacrilegio, violatorio del honor de las Personas invocadas y de todas aquellas que las veneran.

Por tanto, Señor PPK, agradeciéndole por lo que nos toca a los católicos peruanos, lo animamos a que cumpla y corrija todo lo actuado en su presente gobierno y en el pasado. Pida ayuda. Estaremos atentos.

No honrar su palabra no solo sería injurioso para los creyentes en Jesucristo sino que será complicado presentarse ante Dios con un pasivo de tal magnitud.

Este es el texto completo de la consagración que pronunció el presidente Pedro Pablo Kuczynski:

Yo, Pedro Pablo Kuczynski, Presidente de la República del Perú, con la autoridad que se me ha otorgado, hago un acto de consagración de mi persona, mi familia, aquí presente mi esposa, y la República del Perú al amor y protección de Dios Todopoderoso a través de la intercesión del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María.

Pongo en sus manos amorosas mi gobierno con todos sus trabajadores y ciudadanos que están bajo mi responsabilidad. Ofrezco a Dios Todopoderoso mis pensamientos y decisiones como Presidente para que los utilice para el bien de nuestro país y siempre estar consciente de los Diez Mandamientos al gobernarlo. Le pido a Dios que, a través de la intercesión del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María, escuche y acepte mi acto de consagración y cubra a nuestro país con su especial protección.

Al hacer esta plegaria le pido a Dios perdón por todas las transgresiones que haya cometido en el pasado, todas las que se hayan hecho en el pasado de la República y por todas aquellas decisiones que se hayan tomado estando en contra de sus mandamientos y le pido su ayuda para cambiar todo lo que nos separa de Él. Yo, Pedro Pablo Kuczynski, como Presidente de la República del Perú, declaro este juramento solemne ante Dios y los ciudadanos de nuestro país hoy 21 de octubre de 2016.

miércoles, 5 de octubre de 2016

Católicos y Vida Pública

La enseñanza social católica nos da una visión del mundo como podría y debería ser: el mundo creado como Dios lo quiso.
Arzobispo José H. Gómez de Los Ángeles

El Evangelio de Jesucristo es la doctrina más radical en la historia de las ideas. Si el mundo creyera lo que Jesús proclamó — que Dios es nuestro Padre y que todos somos hermanos y hermanas creados a su imagen con una dignidad divina y un destino trascendente — todas las sociedades podrían transformarse de inmediato.

Lo que siempre se cruza en el camino del hermoso plan de Dios para la creación, claro está, es el pecado humano y la debilidad. Toda estructura de injusticia social comienza en los corazones de los individuos. Las sociedades no pecan, las personas sí. Entonces, para los católicos, la reforma social significa algo más que generar conciencia, ampliar oportunidades y elaborar nuevos programas. Esas cosas efectivamente son necesarias, pero la verdadera justicia y la paz duradera requieren de la conversión de los corazones y la renovación de las mentes.

La visión católica es espiritual y no política. Antes que nada los católicos pertenecen a la “ciudad de Dios”, y tenemos además el deber de construir la “ciudad del hombre”, corregir las injusticias y buscar un mundo que refleje los deseos de Dios para sus hijos: lo que Jesús llamó el Reino de Dios y los apóstoles llamaron el cielo nuevo y la tierra nueva.

La Iglesia articula principios universales que tienen su raíz en las leyes de la naturaleza y que reflejan la sabiduría que la Iglesia universal ha ganado en más de 2,000 años de servicio a la gente en muchas naciones, realidades culturales, sistemas de gobierno y regímenes económicos.

El motivo y la medida en todo lo que hacemos es nuestra preocupación por promover el florecimiento de la persona humana. En este contexto, nuestros principios nos hacen trabajar por la justicia y el bien común, proteger a los vulnerables y a los débiles, promover la libertad y la dignidad humanas, y preferir soluciones que sean personales, locales y de pequeña escala.

En los Estados Unidos del siglo 21, la Iglesia se enfrenta a una sociedad altamente secularizada y étnicamente diversificada, que ha sido modelada por las fuerzas económicas de la globalización, una mentalidad tecnócrata y un estilo de vida consumista. Nuestra sociedad está centrada en el propio individuo, con una frecuente preocupación exagerada por los derechos ilimitados del individuo y sus libertades para la autodefinición y la propia invención. La felicidad y el significado en la vida estadounidense están definidos cada vez más por las preocupaciones individualistas, el placer material y el confort. Y vemos muchos signos de que, como personas, nos estamos alejando cada vez más de nuestras comunidades y de nuestros deberes de la vida en común. Con cada vez con más frecuencia vemos que somos menos capaces de tener empatía por aquellos que no conocemos.

El Papa Francisco habla de la “globalización de la indiferencia” ante el sufrimiento y la crueldad en el mundo. Y tiene razón.

En Estados Unidos y el extranjero, la gente de nuestra sociedad globalizada parece tolerar una creciente lista de injusticias y atentados contra la dignidad. Por nombrar solo algunos: el aborto cada vez más difundido, la eutanasia “silenciosa” de los ancianos y los enfermos, políticas de control natal que apuntan a los pobres y a los que “no encajan”, la discriminación racial, la creciente brecha entre pobres y ricos, la contaminación del medio ambiente, especialmente en comunidades pobres y minoritarias; la pornografía y la drogadicción; la pena de muerte y las escandalosas condiciones de nuestras prisiones; la erosión de la libertad religiosa; el sistema de inmigración quebrado que rompe familias y que origina una subclase que vive permanentemente en las sombras de nuestra prosperidad.

La enseñanza social de la Iglesia “habla” a todos sobre estos temas. Si bien el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, un recurso fundamental, tiene casi 500 páginas, es cierto que nos podemos sentir tentados a segmentar nuestra compasión y trazar líneas de división sobre a quién y a qué debemos cuidar, en medio de un contexto de tantas injusticias cotidianas que claman al cielo.
Por décadas hemos aceptado una “línea equivocada” respecto al testimonio social de la Iglesia: una línea que divide a los que se llaman católicos “pro-vida” con los que se consideran católicos “de paz y justicia”. Esta es una falsa división que además escandaliza a Cristo y a los que dan testimonio fiel de la Iglesia en la sociedad.

Dios no ve el mundo a través de las limitaciones de nuestras categorías políticas de “izquierda” o de “derecha”, de “liberales” o “conservadores”. Él es nuestro Padre y nos ve solo como sus hijos. 
Cuando uno de los hijos de Dios sufre una injusticia Él nos alienta al amor y la compasión y a “hacer las cosas bien”. Nuestra preocupación por la dignidad humana y la vida nunca puede ser parcial o a medias. ¿Cómo podemos justificar que defendamos la dignidad de algunos y no de otros o que queramos proteger la creación de Dios mientras le negamos estas cuestiones básicas a algunas de sus criaturas más vulnerables?

En algunos círculos de la Iglesia vemos hoy un regreso a la visión de una “túnica indivisa” o de una “vida éticamente consistente”. Los que la promueven tienen intenciones nobles: quieren que la sabiduría moral de la Iglesia y la pasión por la justicia aporten en un rango más amplio de temas urgentes. Reconocen que el testimonio social de la Iglesia debe estar fundado en nuestra responsabilidad común para defender el don de la vida humana en todas sus etapas y de cualquier condición.

Sin embargo, esta línea de pensamiento puede llevar en la práctica a una especie de relativismo moral que genera serios problemas sociales más o menos equivalentes. Establecer prioridades y marcos para la toma decisiones se convierte en un ejercicio arbitrario, a veces partidista, en el ejercicio del cálculo político.

Un amplio deseo para promover el desarrollo integral de la persona humana lleva a una agenda obvia y crucial de temas como el aborto, la eutanasia, la pena capital, la pobreza global y los temas relacionados de los migrantes y refugiados, y el cambio climático. Cada una de estas realidades de nuestro mundo representa una afrenta a la dignidad humana y amenazan la sustentabilidad del orden social.

Pero la dura verdad es que no todas las injusticias del mundo son “iguales”. Podemos entender esto tal vez mejor con los temas del pasado comparados con los temas del presente. Por ejemplo, nunca describiríamos la esclavitud como uno de los varios problemas de los siglos 18 y 19 en la vida de Estados Unidos. De hecho hay males “menores”, pero eso significa que también hay males “mayores”, males que son más serios que otros. Algunos de ellos llegan a ser tan graves que los cristianos están llamados a afrontarlos como un deber primario.

Entre los males y las injusticias de la vida estadounidense de 2016, el aborto y la eutanasia son distintos y cada uno de ellos es una amenaza. Cada uno es un ataque personal y directo sobre la vida humana inocente y vulnerable. El aborto y la eutanasia funcionan en nuestra sociedad como lo que el Catecismo de la Iglesia Católica llama “estructuras de pecado” o “pecados sociales”.

Ambas prácticas son sancionadas por la ley de la tierra y apoyadas, promovidas, e incluso pagadas, como parte de una política de gobierno. El aborto se ha convertido en una parte de la salud, ampliamente hablando, y en una de las “libertades” de las que presumen los estadounidenses. La eutanasia o el suicidio asistido con médicos están ganando rápidamente casi el mismo estatus. Ambas prácticas son celosamente defendidas por las élites de nuestras sociedades: aquellos que modelan la opinión pública y la moralidad cívica a través del gobierno, los medios y la educación.

Nuestras élites sociales nos dicen que el aborto y la eutanasia son asuntos privados y profundamente personales que al final deben preocupar sólo a los individuos involucrados. Si eso fuera verdad, estos asuntos no serían cuestiones de política pública ni serían sujetos de constante debate y litigio.

Los males y las injusticias cometidos a puertas cerradas siguen siendo malos e injustos y nunca son meramente personales sino que tienen consecuencias e implicancias en nuestra vida juntos. Y la Iglesia está llamada a hablar la verdad y confrontarse con los ídolos del corazón humano y los de la sociedad. Como el Papa Francisco ha dicho: “No es lícito eliminar una vida humana para resolver un problema. . . (Es) Pecado contra Dios Creador: piensen bien en esto”.

Este es un gran desafío para la el testimonio social de la Iglesia en nuestra sociedad, que busca afrontar muchos de sus problemas con la eliminación de la vida humana: no sólo a través del aborto y el suicidio asistido, sino también con la pena de muerte, la investigación con embriones humanos y la anticoncepción obligatoria.

Es esta mentalidad más amplia — a la que el Francisco y otros Papas han llamado “cultura de muerte”— lo que la Iglesia debe afrontar. Por ello el aborto y la eutanasia no son solo dos asuntos entre muchos o solo cuestiones de la conciencia individual. El aborto y la eutanasia generan preguntas básicas sobre los derechos humanos y la justicia social, preguntas sobre el tipo de sociedad y el tipo de personas que queremos ser. ¿Realmente queremos ser una sociedad en la que las vidas de los débiles se sacrifican en pos del confort y el beneficio de los que son más fuertes? Cualquier aproximación que tolere esencialmente el aborto y la eutanasia o que equipare ambos con otros temas, no sólo traiciona la hermosa visión de la enseñanza social de la Iglesia sino que además debilita la credibilidad de su testimonio en nuestra sociedad.

La Iglesia tiene que seguir insistiendo que la injusticia fundamental y la violencia en nuestra sociedad es el asesinato directo de aquellos que aún no han nacido, a través del aborto, y de aquellos que están enfermos o en el final de sus vidas, a través de la eutanasia y el suicidio asistido. En esta cultura, la Iglesia tiene que insistir en que el aborto y la eutanasia son males graves e intrínsecos: males que son corrosivos y corruptores, males que están en el corazón de otras injusticias sociales.

El aborto y la eutanasia son asuntos sociales “fundamentales” porque si el niño en el vientre no tiene derecho a nacer, si el enfermo y el anciano no tienen derecho a ser cuidados, entonces no hay fundamento sólido para defender los derechos humanos de nadie, y tampoco habría fundamento sólido para la paz y la justicia en la sociedad. ¿Cómo podemos afirmar que hablamos por los marginados y los que están privados de sus derechos si es que permitimos que millones de niños inocentes sean asesinados cada año en el vientre materno? Si no podemos justificar el cuidado de las más débiles e inocentes criaturas de Dios, ¿cómo podemos pedir a nuestra sociedad que resista los excesos del nacionalismo y el militarismo o que afronte la pobreza global o que proteja nuestra casa común en la creación?

En términos más amplios, la Iglesia enfrenta un desafío sin precedentes en los Estados Unidos de este siglo 21. Este es tal vez el signo más perturbador del futuro de nuestra nación: el incremento de la hostilidad y la discriminación contra las instituciones cristianas y el vilipendio de las creencias cristianas por parte de los gobiernos, las cortes, los medios y la cultura popular. Cada vez más en nuestro país vemos la fe religiosa marginada por ser considerada algo que es “personal” y “privado”. Los católicos y otros creyentes afrontan fuertes presiones para que mantengan su fe sólo para ellos y para que vivan como si su fe no tuviera influencia en cómo viven en la sociedad o en cómo cumplen sus deberes como ciudadanos. El testimonio social de la Iglesia hoy — todas nuestras obras de misericordia y caridad; toda nuestra defensa de los principios morales y los derechos humanos — se enfrenta ahora a una atmósfera difundida de confusión sobre el significado de la vida humana y el propósito de las instituciones sociales a todo nivel.

Para evangelizar en esta cultura la Iglesia tiene que articular un nuevo humanismo cristiano, una nueva visión de lo humano enraizada en el hermoso plan de amor de Dios para la creación y para toda vida humana. Nuestra nueva evangelización es acogida, querida y defendida, especialmente por esas vidas que necesitan más cuidado y atención, esas vidas que pueden ser consideradas una carga para otras. Nuestra nueva evangelización tiene que buscar una sociedad digna de la santidad y la dignidad de la persona humana, donde nadie es extraño y a nadie se le deja de lado o se le excluya.
Nuestro humanismo tiene que ser más que palabras. Tiene que estar expresado en acciones, en obras de misericordia. Donde sea que la dignidad se niegue o en cualquier lugar donde haya injusticia, estamos llamados a defender la vida. Nuestra sociedad debe saber que, mientras haya cristianos, nunca habrá una razón para que alguien sufra sin esperanza y sin ayuda.

La Iglesia necesita una enseñanza clara y valiente y un testimonio que confronte a los ídolos de un Estados Unidos secularizado y postcristiano. Desde hace varios años, mi amigo el Obispo de Phoenix, Thomas Olmsted, ha sido uno de los más claros y valientes líderes y maestros de la Iglesia. En su ministerio vemos todas las cosas esenciales del nuevo humanismo cristiano que se necesita para nuestros tiempos.

Acojo esta cuarta edición de este muy leído e influyente texto Católicos y Vida Pública. Este libro es una especie de “catecismo de preguntas y respuestas” de algunos de los temas más importantes sobre la fe y la vida pública. El Obispo Olmsted es un guía sabio y prudente y, con el paso de los años, aún sigo aprendiendo de él.

Como él escribe en esta nueva edición: “es nuestro deber insertarnos en la cultura, no huir de ella. Debemos colocar nuestra confianza en el Señor y saber que cumpliendo su voluntad y hablando la verdad en el amor, Dios hará que todo se encamine al bien. Es también obligación de los fieles católicos apoyar tanto con las acciones y la oración a la gente valiente que realiza todo esto”.
Católicos y Vida Pública es una lectura obligatoria para todos nosotros que tratamos de comprometernos con la cultura para proclamar la hermosa visión de la Iglesia para la vida y la sociedad humanas. Rezo para que este libro sea ampliamente leído y vivido.

Su Excelencia José H. Gomez
Arzobispo de Los Ángeles
Marzo de 2016

1) ¿Cómo definiría una persona laica?

Cuando el Papa Juan Pablo II escribió su obra maestra sobre la vida y misión del laicado la tituló “Christifidelis Laici,” los fieles laicos de Cristo. Con este título dejaba claro que la fidelidad amorosa a Cristo es la clave para dar fruto en el Reino de Dios. Esta es una verdad que se aplica a todo cristiano en la Iglesia, no solamente a los laicos. Jesús dijo (Jn 15,5), “Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. Todo aquel que permanece en mí y yo en él dará mucho fruto, porque sin mí nada podréis hacer”.
Laico es todo fiel católico que no haya recibido el Sacramento del Orden y no pertenezca a cualquier estado religioso aprobado por la Iglesia. A través del Bautismo, el laico es incorporado a Cristo y queda integrado en el Pueblo de Dios. El laico juega un importante papel en la vida y la misión de la Iglesia. (cf Lumen Gentium, #31).

2) ¿Cuál es la diferencia entre el laico y el clero en la Iglesia Católica?

El clero recibe un carisma especial del Espíritu Santo a través del Sacramento del Orden Sacerdotal. Como tales, diáconos, presbíteros y obispos “expresan y llevan a cabo una participación en el sacerdocio de Jesucristo que es distinta, non sólo por grado sino por esencia, de la participación otorgada con el Bautismo y con la Confirmación a todos los fieles” (Christifideles Laici, #22)
Los laicos, por su parte, se encargan primariamente de asuntos temporales y como tales tienen una especie de “carácter secular”. El laico debe también involucrarse en asuntos ligados al ministerio pastoral, pero solo en cuestiones que no requieran la gracia propia del Orden Sacerdotal.

3) ¿Cuál es el papel del laico en la Iglesia Católica?

El Papel del laico es de manera especial el de “buscar el reino de Dios tratando y ordenando, según Dios, los asuntos temporales”. (Lumen Gentium, #31) Como tales, los laicos, hombres y mujeres, se encuentran en una situación única para llevar su fe a todas las realidades de la sociedad.
Debe recordarse sin embargo, que por estar ligados a los asuntos temporales, cada quien a su manera, ellos participan en la misión sacerdotal, profética y real de la Iglesia, en virtud de su Bautismo y Confirmación.

4) ¿Cómo realizan los laicos católicos su llamado a la santidad?

Todo católico recibe de Dios la vocación a la santidad, enraizada en el Bautismo. A fin de responder a este llamado, los laicos, hombres y mujeres, están llamados al “seguimiento y la imitación de Jesucristo, en la recepción de sus Bienaventuranzas, en el escuchar y meditar la Palabra de Dios, en la participación consciente y activa en la vida litúrgica y sacramental de la Iglesia, en la oración individual, familiar y comunitaria, en el hambre y sed de justicia, en el llevar a la práctica el mandamiento del amor en todas las circunstancias de la vida y en el servicio a los hermanos, especialmente si se trata de los más pequeños, de los pobres y de los que sufren”. (Christifideles Laici, #16)

5) ¿Cuáles son las responsabilidades principales de los católicos consigo mismos?

Los católicos tienen la responsabilidad de aceptar la invitación de Cristo, “Ven y sígueme”. Necesitan someterse amorosamente mientras Él los conduce por caminos de conversión, comunión y solidaridad (cf. Eclesial in America). Igualmente, necesitan formarse a sí mismos en las enseñanzas de la Iglesia para participar activamente en su vida sacramental, y para vivir en coherencia con su fe en Dios. Esta responsabilidad existe para todos los católicos en todos los estados de vida.
Por lo tanto, los católicos deben recordar siempre lo que significa “la conciencia de ser miembros de la Iglesia de Jesucristo, partícipes de su misterio de comunión y de su energía apostólica y misionera”. (Christifideles Laici, #64)

6) ¿Cuáles son las principales responsabilidades de los católicos hacia sus familias?

El Matrimonio es el fundamento de la familia. La familia, por su parte, es la célula fundamental de la sociedad. Las responsabilidades del matrimonio y de la familia son por lo tanto, de tremenda importancia, no solo para la Iglesia sino para toda la sociedad.
Las responsabilidades de los hombres y mujeres católicas hacia sus familias no serán nunca suficientemente destacadas “El compromiso apostólico de los fieles laicos con la familia es ante todo el de convencer a la misma familia de su identidad de primer núcleo social de base y de su original papel en la sociedad, para que se convierta cada vez más en protagonista activa y responsable del propio crecimiento y de la propia participación en la vida social”. (Christifideles Laici, #40)

7) ¿Cuáles son las responsabilidades del laicado católico en el ámbito público?

A través de su bautismo, el laicado está llamado a la santidad de vida (es decir a vivir su fe en Dios en la vida diaria). Sus responsabilidades no están limitadas a aspectos de piedad y devoción personales, sino también a la evangelización en todos los aspectos de la vida.
Una persona laica en el ámbito público tiene la responsabilidad particular de vivir su propia vocación en vistas al impacto que puede tener en la sociedad. Por ejemplo aquellos involucrados en el noble arte de la política o el derecho, frecuentemente están en posición de influir en las normas sociales y en asunto de gran importancia, trabajando en propuestas legislativas o procesos judiciales encaminados a preservar los derechos inalienables de todas las personas, derechos que se basan en la ley natural sobre la cual nuestra nación fue fundada.
Del mismo modo, hay otros laicos en el ámbito público que aunque no son funcionarios públicos elegidos o funcionarios del poder judicial, están en posición de poder influir en la sociedad y la cultura. Para estas personas, especialmente aquellas involucradas en cualquier tipo de medios masivos, una parte importante de sus responsabilidades es la de vivir su fe promoviendo el bien común en la sociedad.

8) ¿Cómo manifiestan los católicos su propia identidad en la vida pública?

Los católicos deben ser siempre respetuosos de la dignidad humana de los demás, incluyendo a las personas de diferente credo, o sin credo alguno. Habiendo dejado esto claro, sin embargo, los católicos no deben temer abrazar su propia identidad ni practicar su fe en la vida pública. De hecho, todo fiel recibe un llamado a evangelizar y compartir la buena nueva de Cristo con el resto del mundo.

9) ¿Cuál es la diferencia que deben marcar los católicos en la vida pública?

Hay multitud de maneras a través de las cuales los católicos pueden servir a la Iglesia a través de su aporte en la vida pública. Según cada circunstancia, los católicos están especialmente llamados a contribuir al bien común, a defender la dignidad de todo ser humano, y a vivir como fieles ciudadanos.
En este sentido, el resultado final de lo que suceda está siempre en manos de Dios. El hecho es importante recordarlo cuando un católico se encuentra en una posición de clara minoría e imposibilitado de llevar a cabo el resultado deseable. Es en estas aparentemente desesperanzadoras circunstancias, en las que los católicos ofrecen un testimonio de fidelidad en la vida pública, que Dios frecuentemente utiliza para tocar los corazones y mentes de manera no siempre visible a simple vista.
Es bueno recordar las palabras del Papa Benedicto XVI (Deus Charitas est, #35) “A veces, el exceso de necesidades y lo limitado de sus propias actuaciones le harán sentir la tentación del desaliento. Pero, precisamente entonces, le aliviará saber que, en definitiva, él no es más que un instrumento en manos del Señor; se liberará así de la presunción de tener que mejorar el mundo “algo siempre necesario” en primera persona y por sí solo. Hará con humildad lo que le es posible y, con humildad, confiará el resto al Señor”.

10) ¿Cómo se debe entender la separación entre Iglesia y estado?

La separación de Iglesia y Estado es frecuentemente utilizada como excusa para acallar a las personas de fe y desanimarlas a participar legítimamente en el espacio público. La primera enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, ciertamente no defiende de modo alguno la separación entre Iglesia y Estado, más bien defiende la protección de la libertad religiosa de sus ciudadanos. La Constitución tiene como objetivo el permitir a toda persona tener voz en el gobierno, incluyendo a aquellos cuya voz es distintivamente religiosa.
En otras palabras, no existe nada en la Constitución que impida a la persona manifestar su fe en el espacio público.

11) ¿Deberían manifestar los católicos la Doctrina de la Iglesia en el espacio público?

Hay ocasiones en las que la intervención de la Iglesia en cuestiones sociales es necesaria. Tal como enseña el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (#510), “La Iglesia interviene emitiendo un juicio moral en materia económica y social, cuando lo exigen los derechos fundamentales de la persona, el bien común o la salvación de las almas”.
En tanto que los católicos están llamados a manifestar su fe y visión religiosa en el espacio público, están también llamados a respetar la libertad religiosa y civil de todos los pueblos. De hecho, la Iglesia siente profundo respeto hacia los gobiernos seculares que asumen esta protección a personas de cualquier credo, lo mismo que a aquellos sin fe religiosa alguna.
En realidad, la Iglesia no impone su doctrina a los demás en el espacio público. Por ejemplo, no existe cualquier tipo de esfuerzo por parte de la Iglesia para obligar al público a asistir a la misa dominical ni a la recepción de los sacramentos. Sin embargo, la Iglesia experimenta una legítima preocupación respecto a los muchos asuntos de importancia social y coloca su punto de vista a fin de proponer soluciones significativas que promuevan el bien común.

12) ¿Cómo responde Ud. a las afirmaciones de que los católicos no deben imponer su punto de vista religioso sobre los demás?

Algunos católicos y otros creyentes se han visto atemorizados hasta el silencio y hasta confundidos por acusaciones de que están imponiendo su moralidad a los demás. Se argumenta que la fe de una persona no debe tener impacto alguno sobre su vida pública.. Esto conlleva al infame síndrome del “Soy católico pero…”! Ciertamente, si la fe personal no impacta en la totalidad de la propia vida, incluyendo las responsabilidades políticas y sociales personales, entonces no se puede hablar de una fe auténtica; sería una impostura, una falsificación.
Una sociedad democrática necesita la participación activa de todos sus ciudadanos, incluyendo al pueblo creyente. El pueblo creyente, el pueblo de fe, se conecta con la realidad en base a aquello en lo que cree, tal como los ateos abrazan asuntos en base a lo que tienen como preciado: luchan por aquello que creen correcto y se oponen a lo que consideran equivocado. Esto no es una imposición sobre la moralidad del otro. Se trata de actuar con integridad. Más aún, las personas de fe genuina fortalecen todo el tejido moral de un país. El compromiso activo de los católicos en los procesos democráticos es bueno para la sociedad y para su ciudadanía responsable.

13) ¿Los católicos deberían tomar en cuenta su propia fe al momento de votar?

Si se supone que los católicos deben vivir su fe en todas las actividades cotidianas de su vida, es lógico que también lleven en cuenta esa misma fe en el momento de votar. Como se percibe en la enseñanza del Vaticano II, “recuerden, por tanto, todos los ciudadanos el derecho y al mismo tiempo el deber que tienen de votar con libertad para promover el bien común”. (Gaudium et Spes, #75)
Al prepararse para votar, los católicos necesitan comprender su fe de modo que sus conciencias estén propiamente formadas. Además de esta formación, es importante investigar todos los asuntos importantes y los candidatos que se presentan a la elección. Solo luego de suficiente preparación y oración, es que el católico está plenamente hábil para ejercitar sus responsabilidades como buen ciudadano y emitir un voto significativo.

14) ¿Pueden los católicos estar honestamente en desacuerdo en asuntos de política, sociales o culturales?

En el año 2003, La Congregación para la Doctrina de la Fe, publicó un documento titulado “Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso de los católicos en la vida política” que señala la existencia de asuntos políticos en los cuales los católicos pueden estar en desacuerdo. Hay, sin duda, asuntos sobre los cuales los católicos pueden legítimamente discordar, como los mejores métodos para alcanzar una reforma del bienestar o el referido a la inmigración ilegal.
Sin embargo, hay otro tipo de asuntos que son intrínsecamente malos y nunca podrán ser legítimamente apoyados. Por ejemplo, los católicos nunca deberán promover legítimamente o votar a favor de ley alguna que ataque vidas humanas inocentes.

15) ¿Qué significa que los católicos deben seguir su conciencia al tomar una decisión moral?

Antes de seguir nuestra conciencia, debemos formarla de acuerdo con la voz de Dios. Nuestra conciencia no es el origen de la verdad. La Verdad se encuentra fuera de nosotros; existe independientemente de nosotros y debe ser descubierta a través del constante esfuerzo de la mente y el corazón. No es una tarea fácil para quienes sufrimos los efectos y consecuencias del pecado original, por lo que debemos enfrentarnos siempre a las tentaciones continuas del demonio. La conciencia recibe la verdad revelada por Dios y discierne como aplicarla a las circunstancias concretas.
El Catecismo de la Iglesia Católica enseña (#1783) “Hay que formar la conciencia, y esclarecer el juicio moral. Una conciencia bien formada es recta y veraz. Formula sus juicios según la razón, conforme al bien verdadero querido por la sabiduría del Creador. La educación de la conciencia es indispensable a seres humanos sometidos a influencias negativas y tentados por el pecado a preferir su propio juicio y a rechazar las enseñanzas autorizadas”.
Como vemos, formar bien la propia conciencia y seguirla con integridad no es tarea fácil, puesto que la conciencia personal no puede inventar lo que es cierto y lo que es bueno. Los debe buscar mas allá de sí misma. Al actuar correctamente, descubrimos la verdad por gracia del Espíritu Santo y la ayuda de la Palabra de Dios que se nos alcanza por intermedio de la Iglesia. Por ello, cuando sometemos nuestra conciencia a esta verdad objetiva, actuamos de manera correcta y crecemos hacia la madurez en Cristo.

16) ¿Es obligatorio para los católicos seguir lo que el Papa o los obispos afirman en asuntos políticos?

Por el hecho de ser los líderes de la Iglesia, es siempre importante respetar las afirmaciones de la jerarquía de la Iglesia. El papel que cabe al Papa y a los Obispos es el de enseñar con claridad en lo que atañe a asuntos de fe y costumbres, incluyendo aquellos que tienen que ver con asuntos políticos.
Existen algunos asuntos, sin embargo, en los cuales puede un católico discordar con la jerarquía de la Iglesia. En algunos casos, por ejemplo, un católico puede estar de acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia, pero llegar a un juicio prudente diferente en cuanto a su aplicación.
Ejemplos de este tipo pueden incluir una instancia en la que alguien concuerda con las enseñanzas de la Iglesia sobre la “guerra justa” o la “pena de muerte” pero llega a conclusión diferente sobre si los hechos de la situación constituyen una “guerra justa” o a la “rara” circunstancias en que la pena de muerte pueda ser usada de acuerdo a las enseñanzas de la Iglesia.
Debe ser enfatizado, sin embargo, que a pesar de estos ejemplos, existen otros temas como el aborto o la eutanasia, que son siempre moralmente malos y no permiten cualquier tipo de juicio prudente que los justifique. En estos asuntos nunca será apropiado para cualquier católico, situarse en el lado opuesto al de la enseñanza de la Iglesia.

17) ¿Todos las cuestiones políticas y sociales son iguales cuando de escoger un candidato político se trata?

¡Absolutamente no! La Iglesia Católica está activamente insertada en una amplia variedad de asuntos de política pública de importancia, incluyendo inmigración, educación, vivienda, salud y bienestar, por nombrar algunos cuantos. En cada uno de ellos debemos hacer lo máximo a nuestro alcance por estar informados y por apoyar las soluciones propuestas que nos parezcan las más adecuadas y eficaces. Sin embargo, si se trata de ataques directos a la vida humana inocente, ni siquiera el hecho de estar correctos en todos los otros temas, justificaría una elección errada en este gravísimo asunto.
Según escribió el Papa Juan Pablo II, “se ha hecho habitual hablar, y con razón, sobre los derechos humanos; como por ejemplo sobre el derecho a la salud, a la casa, al trabajo, a la familia y a la cultura. De todos modos, esa preocupación resulta falsa e ilusoria si no se defiende con la máxima determinación el derecho a la vida como el derecho primero y frontal, condición de todos los otros derechos de la persona”. (Christifideles Laici, #38)

18) ¿Existen algunos temas “no negociables” para los católicos insertos en política?

Hay varios temas que son “no negociables” para los católicos insertos en la vida política, pues envuelven asuntos intrínsecamente malos. En un discurso a los políticos europeos el 30 de marzo de 2006, el Papa Benedicto XVI afirmó: “Por lo que atañe a la Iglesia católica, lo que pretende principalmente con sus intervenciones en el ámbito público es la defensa y promoción de la dignidad de la persona; por eso, presta conscientemente una atención particular a principios que no son negociables. Entre estos, hoy pueden destacarse los siguientes: protección de la vida en todas sus etapas, desde el momento de la concepción hasta la muerte natural; reconocimiento y promoción de la estructura natural de la familia, como unión entre un hombre y una mujer basada en el matrimonio, y su defensa contra los intentos de equipararla jurídicamente a formas radicalmente diferentes de unión que, en realidad, la dañan y contribuyen a su desestabilización, oscureciendo su carácter particular y su irreemplazable papel social; protección del derecho de los padres a educar a sus hijos.
Los temas mencionados por el Papa Benedicto son todos “no negociables” y son algunos de los más contemporáneos en la arena política. Debo notar, sin embargo, que otros temas, aun cuando no sean intrínsecamente malos, merecen ser considerados con mucha oración, temas como la guerra justa y la pena de muerte, asuntos relativos a la pobreza y otros relacionados a la inmigración ilegal.

19) ¿Cuáles son las causas que pueden dejar a los católicos fuera de la Santa Comunión?

Nadie que sea consciente de haber cometido un pecado grave debe recibir la Santa Comunión. Porque la eucaristía es el verdadero Cuerpo y Sangre de Jesucristo, nuestro don más precioso en la Iglesia. Y como nos advierte San Pablo (I Cor 11,27-29): “Todo aquel que come o bebe del cáliz del Señor de manera indigna, será reo del Cuerpo y Sangre del Señor. Examínese pues, cada cual, y coma así el pan y beba de la copa. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo”.
Todos los católicos deben examinar sus conciencias, y abstenerse de recibir la Santa Comunión si no se encuentran viviendo en estado de gracia. Un político católico que al momento de hacerlo, sea abiertamente “pro-aborto” o abortista y persiste obstinadamente en contradicción a nuestra fe, se convierte en fuente de escándalo. En estos y otros caos similares, las medidas más allá de la persuasión moral, necesitan ser asumidas por aquellos que ejercen el liderazgo en la Iglesia. Como afirma el Señor en el libro del Levítico 19,16) “no permanezcas ocioso cuando la vida de tu vecino esté en peligro”.
Si un político apoya activamente y promueve la expansión de la cultura de muerte, no solo está causando escándalo; está pecando. De manera similar, cuando un político realiza actos (como el de votar) por liberar el aborto o promueve el aborto, o manda la distribución de anticonceptivos por parte de las farmacias y otros, ese político está cooperando materialmente con el pecado grave. Cuando esto ocurre, el político tal no puede recibir la comunión sin acudir previamente al Sacramento de la Reconciliación y hacer una buena confesión. Una buena confesión requiere del dolor por tal pecado y un firme propósito de enmienda. Siendo que el daño hecho sería de naturaleza pública, la enmienda deberá también serlo.

20) ¿Por qué la Iglesia coloca metas tan altas a los católicos?

Las altas metas a las que los católicos (y todos los cristianos) están llamados vienen de Cristo. Las encontramos en las Sagradas Escrituras. Por ejemplo, cuando Jesús dice (Jn 14,15) “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos”. También al señalar (Mc 8, 34-36) “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo tome su cruz, y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará. Pues, ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida?”
Encontramos también en las Escrituras exhortaciones como aquellas de San Pablo a Timoteo en las que escribe (I Tim 4,2-5) “Proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, amenaza, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá un tiempo en el que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas. Tú, en cambio, pórtate en todo con prudencia, soporta los sufrimientos, realiza la función de evangelizador, desempeña a la perfección tu ministerio”.
Existen casos en los que los católicos en la vida pública sirven con gran valentía y distinción. Miden las cosas según las altas metas establecidas por Cristo. Hay lamentablemente otros, que obstinadamente persisten manifiestamente en pecado grave, en los que el riesgo de escándalo es inmenso. En asuntos como el aborto, por ejemplo, se trata del asesinato de una vida totalmente inocente, y son por lo tanto malas nuevas tanto para los bebés no nacidos como para sus madres. Es un error horroroso. Es algo intrínsecamente malo.
Tenemos seria obligación de proteger la vida humana, y especialmente las vidas de los más inocentes y vulnerables entre nosotros. Quien se omita de hacerlo, cuando por el contrario está en condición de protegerla, comete serio pecado de omisión. Colocan en peligro su propio bienestar espiritual y se tornan en fuente de escándalo para los demás. Si en caso fuesen católicos, no deberían recibir la Santa Comunión.

21) ¿Los católicos pueden pertenecer o expresar apoyo a los diferentes partidos políticos?

La Iglesia nunca toma partido ni endosa candidatos políticos. Sin embargo, la Iglesia alienta a los laicos a integrar partidos políticos con el objetivo de dedicarse a promover el bien común.
En este sentido, la educación política y civil se recomienda como muy necesaria para que todos los ciudadanos sean capaces de hacer su parte en asuntos políticos. (cf. Gaudium et Spes, #75)

22) Los obispos y sacerdotes ¿tienen el derecho de intervenir en asuntos políticos, sociales o culturales?

Los Obispos y Sacerdotes no deben participar en la administración pública del gobierno. Sin embargo, poseen el derecho, y en algunos casos la obligación, de manifestarse en asuntos políticos, sociales o culturales que impacten contra la Iglesia o el bien común.
En su Encíclica Deus Caritas Est (#28), el Papa Benedicto XVI afirma: “no es tarea de la Iglesia el que ella misma haga valer políticamente esta doctrina: quiere servir a la formación de las conciencias en la política y contribuir a que crezca la percepción de las verdaderas exigencias de la justicia y, al mismo tiempo, la disponibilidad para actuar conforme a ella, aun cuando esto estuviera en contraste con situaciones de intereses personales”.
El Santo Padre continua (ibid): “La Iglesia no puede ni debe emprender por cuenta propia la empresa política de realizar la sociedad más justa posible. No puede ni debe sustituir al Estado. Pero tampoco puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia. Debe insertarse en ella a través de la argumentación racional y debe despertar las fuerzas espirituales, sin las cuales la justicia, que siempre exige también renuncias, no puede afirmarse ni prosperar”.

23) Si los Obispos y Sacerdotes pueden intervenir en asuntos públicos, ¿cuál es la diferencia entre el clero y el laicado en asuntos de política pública?

Mientras que los Obispos y los Sacerdotes pueden manifestarse apropiadamente sobre asuntos importantes, el laicado puede intervenir en un grado muchísimo mayor. A diferencia de los miembros del clero, el laicado, de hecho, está llamado a desempeñar un papel en todas las áreas que envuelve la política, incluyendo política de partido y la administración gubernamental.
Los miembros del laicado no presentan en general restricciones para asumir oficios elegibles o para encargarse de asuntos de estado, mientras que los miembros del clero están generalmente prohibidos de asumir tales cargos y posiciones.

24) ¿Qué pueden hacer los católicos para fomentar la justicia en la sociedad?

Es mucho lo que pueden hacer los católicos para incentivar la justicia social. Parte significativa del incentivar la justicia es el preocuparse por la dignidad humana de toda persona – especialmente los pobres, marginados o vulnerables. Una preocupación por la justicia debe tener en mente siempre el perdón y la misericordia de Cristo.
La Promoción de la justicia se puede encontrar en muchas agencias de la Iglesia, incluyendo aquellas que sirven a los sin hogar, inmigrantes, prisioneros, discapacitados y los ancianos, por nombrar algunos cuantos. Los católicos deben preocuparse siempre por la justicia y sentirse alentados a promoverla no solo en el espacio público, sino en esfuerzos voluntarios en sus vidas cotidianas.

25) ¿Cuáles son las responsabilidades de los católicos que son dueños o administradores de empresas respecto de sus trabajadores y la sociedad en general?

En virtud de su trabajo, los católicos que son responsables de empresas tienen responsabilidades específicas tanto para con sus trabajadores como para la sociedad en general. La enseñanza social católica los apoya en el derecho a la iniciativa privada a la vez que les recuerda el deber de respetar la dignidad humana de sus trabajadores.
En efecto, toda empresa tiene el deber de respetar la dignidad humana de sus trabajadores y de tratarlos con justicia. Aunque es cierto que la razón primaria de una empresa es la creación de ganancias, sería errado que ésta se concentrara exclusiva o excesivamente en la maximización de la ganancia sin la suficiente preocupación por el bienestar de los trabajadores y de la comunidad a la que sirve.
Es importante destacar que los católicos influyentes en el mundo de los negocios, como todos los demás, tienen la obligación de compartir su tiempo, talento, y bienes. Las personas con muchos medios están en una posición privilegiada para asistir grandemente tanto a la Iglesia como a la sociedad a través de la participación en diversas iniciativas, sean filantrópicas, caritativas, educativas e incluso políticas que respeten la vida y promuevan el bien común.

26) ¿Cómo pueden contribuir los católicos con una “cultura de vida”?

Los católicos pueden contribuir con una “cultura de vida” de la misma manera que pueden hacerlo promoviendo la justicia, la paz y la dignidad humana. Hay una inmensa cantidad de oportunidades de voluntariado para ayudar en centros para embarazadas en crisis, hospicios, asilos de ancianos y muchas otras instituciones afines.
Además, los católicos están llamados a defender y trabajar por una “cultura de vida” convirtiéndola en un asunto de constante importancia en el debate político y en el espacio público.
Finalmente, la oración es el medio primordial para promover e incentivar una “cultura de vida”. Así como la oración personal diaria es siempre importante, el reunirse en oración pública puede dar un conmovedor testimonio al resto de la sociedad.

27) ¿Qué medios deben emplear los católicos para manifestar sus convicciones sobre asuntos del espacio público?

Hay diversos medios que los católicos pueden emplear legítimamente para manifestar sus convicciones respecto a asuntos del espacio público. Aquellos católicos elegidos como funcionarios, por ejemplo, están en una situación privilegiada para manifestar su oposición en asuntos de política pública que sean intrínsecamente malos.
Debido a la democracia que vivimos, aún aquellos que no están insertos directamente en la vida política, tienen oportunidad y responsabilidad de expresar sus opiniones sobre diversos asuntos y votar en las elecciones.
El acto de votar sea un importante medio de expresar convicciones respecto a diversos asuntos, sin embargo, los católicos no necesitan esperar a que haya elecciones para expresar sus puntos de vista. Cartas a los editores, eventos públicos organizados, y la comunicación con funcionarios electos son también buenos ejemplos de modos de expresión de puntos de vista y de suscitar posibles cambios en el espacio público.

28) ¿Deberían los católicos poner a un lado su fe para trabajar con personas de otras religiones?

Los católicos estamos llamados a vivir nuestra fe en todo lo que hacemos, incluyendo el diálogo y la colaboración con organizaciones ecuménicas o interreligiosas. Actividades tales como la oración, el diálogo o diversos proyectos de servicio comunitario con personas de otros credos son encomiables, especialmente cuando los que participan están bien formados en su fe. Estas acciones, si son auténticas, nunca necesitarían que una persona ponga de lado su fe para poder participar en ellas.

29) ¿Cuáles son las responsabilidades las instituciones católicas en el ámbito público?

Existe una gran variedad de instituciones católicas que realizan importantes acciones al rededor del mundo, incluyendo numerosas organizaciones caritativas, hospitales, escuelas y universidades. En nuestro país, nos hemos visto bendecidos desde hace mucho tiempo con el servicio cuidadoso y de alta calidad que estas instituciones proporcionan, especialmente a los más vulnerables de nuestra sociedad.
Parte de la razón por la cual estas instituciones son tan destacadas es precisamente su fidelidad a la Iglesia y por el deseo que surge de la fe católica de promover el bien común. Cuando las instituciones católicas son fieles a su identidad y misión, cumplen plenamente con sus responsabilidades en el ámbito público, y Dios realiza grandes obras a través de ellas.
Desafortunadamente, muchas instituciones católicas en la actualidad están bajo la presión de abandonar su identidad y misión, para convertirse en organizaciones seculares como cualquier otra. Pero las instituciones católicas tienen la seria responsabilidad de resistir a tales tentaciones, conscientes de que ningún bien se puede lograr sin Dios.
Como nuestro Santo Padre señala en su libro Jesús de Nazaret (p. 33): “Cuando Dios es visto como un asunto secundario que puede ser puesto de lado temporal o permanentemente por cosas más importantes, son precisamente estas cosas supuestamente más importantes las que terminan siendo nada.”
Así como las instituciones católicas pueden ser grandes testigos de nuestra fe como consecuencia de su labor en el ámbito público, también pueden ser una fuente de escándalo. Al respecto, es importante que estas instituciones sirvan el bien común y se abstengan de cualquier palabra u obra que sean contrarias a la fe, especialmente en materias que son intrínsecamente perversas.
Para este fin, la Iglesia correctamente objeta las pretensiones del gobierno de obligar la participación de instituciones católicas en abortos, adopciones homosexuales, y en cualquier otro asunto que comprometería su responsabilidad de cumplir a plenitud con su identidad y misión.

30) ¿Cuál es la mejor manera de combatir la secularización en nuestra sociedad y la mala representación de la fe en el espacio público?

Lamentablemente, la discriminación contra las personas de fe y los creyentes, especialmente contra los católicos, es un problema real. Un católico cabal presente en la vida pública, enfrentará casi por seguro, discriminación injusta y prejuicios. Hay muchos ejemplos de mala y desfavorable representación de la fe católica e inclusive de verdadera hostilidad contra personas de cualquier credo.
Aun cuando se han dado grandes avances en la protección de los derechos civiles en nuestro país, permanece sin embargo una fuerte tendencia contra las personas de fe en sectores significativos de los medios de comunicación y en ciertos segmentos de nuestra sociedad.
Sin embargo, es nuestro deber insertarnos en la cultura, no huir de ella. Debemos colocar nuestra confianza en el Señor y saber que cumpliendo su voluntad y hablando la verdad en el amor, Dios hará que todo se encamine al bien. Es también obligación de los fieles católicos apoyar tanto con nuestras acciones como con nuestra oración a la gente valiente que realiza todo esto.

31) ¿Cómo definiría a un candidato que es un “católico fiel”?

Existe un gran número de candidatos y políticos en nuestro país que se llaman a sí mismos católicos. Lamentablemente, sin embargo, algunos de ellos son una vergüenza para la Iglesia y un escándalo para los demás a raíz del apoyo que le brindan a temas que son intrínsecamente malos.
Un candidato que es auténticamente católico es alguien que siempre defiende la dignidad de cada persona humana y que pone el bienestar del bien común sobre los intereses partidarios o personales. Su vida personal y pública está formada por su fe en Jesucristo y sus enseñanzas. Tal candidato puede pertenecer a cualquier partido político, pero nunca respaldará asuntos que son intrínsecamente malos como el aborto, la eutanasia, la investigación con células estaminales embrionales, la clonación humana o el “matrimonio” homosexual.

32) ¿Cuál es la posición de la Iglesia en el tema de la inmigración?

Los asuntos de inmigración que nuestro país enfrenta son extraordinariamente complejos y no se prestan a respuestas o soluciones fáciles. Sin embargo, existen ciertos principios de la enseñanza católica que son relevantes para confrontar estos asuntos.
La Iglesia claramente reconoce el derecho del estado a controlar sus fronteras.. Al mismo tiempo, tal como señaló el Papa Juan Pablo II, “la Iglesia en América debe ser abogada vigilante que proteja, contra todas las restricciones injustas, el derecho natural de cada persona a moverse libremente dentro de su propia nación y de una nación a otra. Hay que estar atentos a los derechos de los emigrantes y de sus familias, y al respeto de su dignidad humana, también en los casos de inmigraciones no legales.” (Ecclesia in America, 65)
Mientras nuestro país trata de resolver estos asuntos complejos, el progreso sólo será posible si lo buscamos mediante un diálogo transparente y amable y respetando la dignidad humana de todos. Hacemos bien en recordar las palabras del Papa Benedicto XVI a los obispos de Estados Unidos (16 de Abril de 2008), “quiero animarlos a ustedes y sus comunidades a seguir acogiendo a los inmigrantes que se unen a ustedes en la actualidad, a compartir su alegrías y esperanzas, a apoyarlos en sus penas y pruebas, y a ayudarlos a florecer en su nuevo hogar. Esto, en efecto, es lo que sus compatriotas han hecho durante generaciones. Desde el inicio, abrieron la puerta a los fatigados, los pobres, ‘las masas oprimidas ansiosas por respirar en libertad’ (ver el Soneto inscrito en la Estatua de la Libertad). Estas son las personas que América ha hecho suyas.”

33) ¿Qué línea deberá trazar un funcionario electo entre su fe y sus obligaciones políticas?

Los funcionarios electos deben dejar que su fe oriente todas sus actividades, incluidos los asuntos públicos. Al vivir abiertamente su fe, deben mostrar el debido respeto por las libertades civiles de toda persona, inclusive de aquellos de otro credo, o de credo ninguno.
Debe ser señalado, sin embargo, que algunas veces los políticos católicos erradamente piden abandonar su fe por causa de su obligación a respetar a aquellos de diferente opinión, o para honrar alguna obligación inherente a sus funciones. Estos pedidos se dan probablemente con mayor frecuencia cuando los políticos católicos dicen estar personalmente en oposición al asesinato de inocentes niños no nacidos.
Increíblemente, son políticos de este tipo quienes juzgan inapropiado apoyar legislaciones que protejan la vida humana, pues consideran que al hacerlo estarían imponiendo su propia fe sobre la de los demás o en todo caso, que estarían violando el compromiso propio de sus funciones. Son reclamos ridículos. Proteger la vida humana no es apenas un imperativo religioso, sino un imperativo humano, y un imperativo propio de toda y cada persona.
Los fieles tienen todo el derecho de manifestar sus creencias en el espacio público como cualquier otra persona. De hecho, los funcionarios católicos elegidos deben manifestar su fe al tiempo de promover el bienestar de todos, incluyendo la protección de la vida humana inocente.

34) ¿Qué tan serias son las actuales amenazas a la libertad religiosa en los Estados Unidos?

Los Estados Unidos fueron fundados bajo el principio de la libertad religiosa y de allí su importancia crucial para todos los estadounidenses. La libertad religiosa es particularmente importante para los católicos que están llamados, especialmente en este momento de la historia, a unirse a aquellos de otras confesiones y personas de buena voluntad para proteger esta libertad fundamental.
Hay diversas amenazas extremadamente serias a la libertad religiosa que sea dan actualmente en los Estados Unidos y alrededor del mundo. En nuestro país, una de estas amenazas está contenida en los esfuerzos del gobierno que busca coaccionar, a aquellos con objeciones religiosas, para que paguen o proporcionen cobertura médica que incluya males intrínsecos como los abortivos y los anticonceptivos.
El Papa Benedicto se refirió a estos temas en un discurso a los Obispos de Estados Unidos el 19 de enero de 2012, cuando dijo que “a la luz de estas consideraciones, es fundamental que toda la comunidad católica de Estados Unidos llegue a comprender las graves amenazas que plantea al testimonio moral público de la Iglesia el laicismo radical, que cada vez encuentra más expresiones en los ámbitos político y cultural. Es preciso que en todos los niveles de la vida eclesial se comprenda la gravedad de tales amenazas. Son especialmente preocupantes ciertos intentos de limitar la libertad más apreciada en Estados Unidos: la libertad religiosa”.
En este discurso el Santo Padre también se refirió a lo que consideró “una preocupante tendencia a reducir la libertad de religión a una mera libertad de culto, sin garantías de respeto de la libertad de consciencia”.

35) ¿Los empleadores católicos violan la libertad religiosa de sus empleados no católicos cuando no proporcionan abortivos o anticonceptivos en sus planes de salud?

Incluso si hubiera una religión cuya fe de algún modo contemplara que otros deban pagar por los anticonceptivos o abortivos de sus miembros, esta frecuente afirmación refleja una serie incomprensión de la libertad religiosa, además de no tener sentido. El hecho de que un empleador objete en consciencia pagar por estos artículos no viola de ninguna manera la libertad religiosa de nadie.
La Iglesia Católica no impone su fe a otros; de hecho, Ella cree que hacer eso es una seria violación de la dignidad humana. Pero aquí no estamos lidiando con alguna clase de imposición de nuestra fe. Básicamente estamos defendiendo nuestra libertad dada por Dios. Es muy desconcertante que un significativo número de personas en nuestra sociedad actual estén tratando de forzar a otros a violar sus convicciones profundamente arraigadas por la fe, especialmente si tienen que ver con el matrimonio y la familia.
Afortunadamente, hay muchas personas de diversas confesiones que comparten fuertemente nuestra convicción sobre la libertad religiosa y defienden con nosotros esta primera y fundamental libertad civil. Después de todo, no considerar la libertad religiosa no es sólo una seria preocupación de la Iglesia Católica, sino que es simplemente algo no estadounidense.

36) ¿Cómo pueden los católicos vivir respetando adecuadamente la creación de Dios?

Estamos llamados a ser buenos administradores y respetar la creación de Dios. Esta responsabilidad se extiende primeramente al prójimo por ser seres humanos creados a imagen de Dios, pero también incluye a otros seres vivientes y a toda la creación.
Como el Papa Francisco ha escrito, “el cuidado de la naturaleza es parte de un estilo de vida que implica capacidad de convivencia y de comunión. Jesús nos recordó que tenemos a Dios como nuestro Padre común y que eso nos hace hermanos. El amor fraterno sólo puede ser gratuito, nunca puede ser un pago por lo que otro realice ni un anticipo por lo que esperamos que haga. Por eso es posible amar a los enemigos. Esta misma gratuidad nos lleva a amar y aceptar el viento, el sol o las nubes, aunque no se sometan a nuestro control. Por eso podemos hablar de una fraternidad universal”. (Laudato Si’ #228)

Al respecto, el Santo Padre también afirma que “cabe reconocer que nuestro propio cuerpo nos sitúa en una relación directa con el ambiente y con los demás seres vivientes. La aceptación del propio cuerpo como don de Dios es necesaria para acoger y aceptar el mundo entero como regalo del Padre y casa común, mientras una lógica de dominio sobre el propio cuerpo se transforma en una lógica a veces sutil de dominio sobre la creación”. (Laudato Si’, #155)

viernes, 9 de septiembre de 2016

Matrimonio, gaymonio y lesbimonio

A la unión legal de un hombre con una mujer (sexos diferentes) se le llama matrimonio. Los contrayentes adquieren la condición de familia y de esta manera perpetúan la especie humana por medio de la procreación.
Es pues la familia, la célula básica y el soporte vital de nuestra sociedad. La palabra matrimonio viene del latín matrimonium, que en su esencia quiere decir o significa: oficio ó condición de la mujer (Madre). Está claro que el oficio o condición femenina se fundamenta en la posesión de matriz. La matriz (útero) es un órgano reproductor muy especializado en los mamíferos y con el que la mujer procrea.
Por lo tanto, la unión de dos hombres (con sexos iguales y que no pueden procrear entre sí) nunca puede ser Matrimonio por rotunda imposibilidad física y biológica, ya que ninguno de los dos contrayentes posee matriz.
La posesión de la matriz, es pues el condicionante fundamental que se da para que pueda constituirse un verdadero matrimonio, desde el punto de vista físico, biológico y etimológico.
Es pues necesario inventar una palabra que aclare y diferencie esta diversidad, pues actualmente no existe ninguna en el Diccionario. De esta manera se solucionara y resolverá para siempre la actual situación extremadamente conflictiva que estamos viviendo. Se puede llamar "gaymonio" a la unión de personas varones y que naturalmente no poseen matriz.
"Gaymonio" sería una expresión, para mi muy adecuada, a la nueva situación legal de estas parejas masculinas. En el caso de ser dos mujeres (con matrices, pero que no logran realizar su condición de posibles madres, al no poder fertilizar sus matrices entre sí) se podría llamar "lesbimonio".
Y ya nadie, se vería ofendido por llamar matrimonio a lo que hablando con propiedad, nunca ha sido, es, ni puede ser.

El principio de no contradicción de Aristóteles dice claramente: una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo lo que es. Y el matrimonio, no puede ser al mismo tiempo clara y rotundamente lo que no es.

Origen esotérico, gnóstico, teosófico y racista de la ideología de género

Matriarcas de la ideología de género

La primera es la de la filósofa francesa Simone de Beauvoir, para la que «no se nace mujer; llega una a serlo» y cada uno -pero ella pensaba sobre todo en las mujeres- tiene derecho a elegir el propio género, masculino o femenino, independientemente del sexo biológico.
En la segunda versión, teorizada por Judith Butler, el género absorbe totalmente el sexo y cada uno puede decidir qué quiere ser en una gama que ya no prevé sólo dos posibilidades -hombre o mujer- sino tres, cinco, cincuenta o infinitas.
Se puede trazar también otro itinerario, que desde Beauvoir y Butler no va hacia adelante, sino hacia atrás. La teoría de género no habría nacido sin una serie de precursores que formularon, muchos años antes, versiones que podemos llamar prototípicas; ciertamente, no son tan sofisticadas y radicales como las de Butler.

Margaret Sanger, madre del feminismo abortista

La principal de estas proto-teóricas del género es la estadounidense Margaret Sanger (1879-1966).
Comparadas con las teorías sucesivas, las ideas de Sanger parecen incluso moderadas. Pero sin ella no existirían las teorías de género sucesivas.
Las biografías oficiales de Sanger nos presentan una heroína feminista que, movida por la compasión hacia las mujeres que morían de parto después de diez hijos o más o que recurrían a peligrosos abortos clandestinos, dedica su vida a la propaganda de los anticonceptivos, aceptando también la prisión y el exilio. Su verdadera historia es algo distinta.
No se puede entender a Margaret Sanger sin sus intereses esotéricos. Sanger parte de las ideas de la Sociedad Teosófica. En 1936 la invitan a hablar en la sede mundial de esta sociedad en Adyar, en la India. Su discurso es publicado, en dos partes, en el órgano de la Sociedad Teosófica, The Theosophist, y explica con gran detalle la relación entre sus teorías sobre el feminismo y el género y su interpretación de las doctrinas teosóficas.
La fundadora de la internacional abortista Planned Parenthood Margaret Sanger en una foto de 1916... si repasáramos su biblioteca encontraríamos libros de esoterismo teosófico y doctrina gnóstica que añora una "edad de oro" andrógina, sin hombres ni mujeres.

El esoterismo de la Sociedad Teosófica

Si bien hoy en día es muy estudiada, sobre todo por la influencia crucial que tuvo en el arte moderno a través de pintores del calibre de Kandinsky y Mondrian, tal vez sea necesario presentar brevemente la Sociedad Teosófica a los que no la conozcan.
Fue fundada en 1875 en Nueva York por el coronel y abogado estadounidense Henry Steel Olcott y por una de las figuras más importantes de la historia del esoterismo, Helena Petrovna Blavatsky, perteneciente a la nobleza rusa.
Su doctrina central es que con la ayuda de los Maestros, los cuales no son espíritus sino hombres particularmente evolucionados que viven durante cientos de años y residen en un centro misterioso entre la India y el Tíbet, la humanidad -que en su estado actual es el resultado de un proceso cósmico de decadencia descrito con claras referencias gnósticas- es llamada a un proceso de evolución.
Este se cumple a través de la emergencia progresiva en la Tierra de siete razas-raíces, cada una de ellas dividida en siete sub-razas. Según Blavatsky, en su tiempo estaban en la vigilia de la emergencia de la sexta sub-raza de la quinta raza-raíz, espiritualmente superior a las precedentes y que se habría manifestado en los Estados Unidos.
Aclaremos enseguida un equívoco, difundido en la literatura no especializada. La teoría de las razas-raíces de Blavatsky está abierta a varias interpretaciones, pero la Sociedad Teosófica ha condenado cualquier interpretación de tipo racista, considerando que las distintas «razas» deben en todo caso colaborar en armonía entre ellas.
Sin embargo, las interpretaciones racistas han existido, si bien las Sociedad Teosófica las ha denunciado como erróneas.

La variante racista de la teosofía

En Alemania se desarrolló a principios del siglo XX una corriente llamada «ariosofía» que interpreta la teoría teosófica de las razas sobre la base de un primado racista de la raza aria. Un ávido lector de las publicaciones «ariosóficas» en Austria era un muchacho llamado Adolf Hitler.
La misma Sanger, como resulta por la lectura de los diarios de personalidades teosóficas de la época, no fue particularmente bien acogida en Adyar, aunque su conferencia fue publicada en la revista de la Sociedad Teosófica. Tampoco su interpretación de la «raza nueva» correspondía, de hecho, con la de la dirección teosófica oficial.
Queda el hecho que sobre la base de especulaciones esotéricas, Sanger pensaba que estaba a punto de surgir una nueva raza superior a las precedentes y que se manifestaría en los Estados Unidos.

La gnosis de Sanger: fomentar lo andrógino

¿Qué tiene que ver todo esto con el género? Lo explica la propia Sanger. Sus ideas de tipo gnóstico la habían llevado al convencimiento de que la diferencia sexual entre hombre y mujer era algo malo, como también el modo cómo las mujeres traían los hijos al mundo. Son consecuencias de un proceso de degeneración y no existían en la edad de oro originaria, la del andrógino, es decir, de una persona humana en la que coexistían los caracteres masculinos y femeninos y con formas de generación distintas del parto.
Liberar a la mujer con los anticonceptivos de su papel de madre es el primer paso para permitir a las mujeres y, en consecuencia, también a los hombres, elegir el propio género, quién y qué quieren ser, iniciando el proceso de vuelta hacia el andrógino originario. No es aún la teoría de género como la conocemos hoy, pero es su núcleo fundamental.
La nueva raza en marcha hacia la superación del género biológico podrá emerger, continuaba Sanger, sólo dónde la humanidad sea intelectual y culturalmente más avanzada: en Estados Unidos y entre los estadounidenses blancos de origen Nord europeo.
Sanger tampoco tenía una buena opinión de los emigrantes italianos: «los negros y los europeos del sur -escribía- son intelectualmente inferiores a los americanos nativos», una expresión que el movimiento «nativista» utilizaba para excluir del número de los «verdaderos americanos» a los emigrantes llegados de Italia.
En una cita famosa, Sanger comparaba a los afro-americanos con «mala hierba que hay que extirpar» a través de una severa política eugenésica que debería incluir la esterilización forzada.
En cuanto a los aborígenes australianos, consideraba que estaban «apenas un escalón por encima de los chimpancés».

La raza blanca superior abolirá los sexos

Ciertamente, los defensores de la teoría de las razas y de la eugenesia eran muchos. Pero sólo Margaret Sanger vinculaba la eugenesia al género: una vez extirpada la mala hierba, la «raza nueva» podría finalmente emerger en su marcha hacia la androginia, capaz de superar la esclavitud biológica de la diferenciación sexual.
Muy mal acogida en la Sociedad Teosófica, Sanger encontró terreno fértil para sus ideas en el Ku Klux Klan, la organización estadounidense nacida para perpetuar la discriminación racial contra los afro-americanos y, al mismo tiempo, -esto es algo que se olvida a menudo- para propagar un feroz anti-catolicismo basándose en el mito de una América «blanca, anglosajona y protestante».
Muchas películas nos han presentado al Ku Klux Klan como una organización masculina. Los historiadores -a partir de la obra fundamental de Kathleen Blee, Women of The Klan (Mujeres del Klan)- han subrayado que en el Ku Klux Klan «histórico», el del periodo de entreguerras, las mujeres tuvieron en realidad un papel esencial.
Margaret Sanger colaboró con el Ku Klux Klan, perfeccionó sus ideas sobre la raza y el género en diálogo con las mujeres del Klan y habló a menudo ante un público entusiasmado de activistas de la organización racista encapuchas y aplaudiendo.
Algunas fotografías que se pueden ver en internet representando a Sanger hablando al Klan son falsas, hechas con Photoshop. Las reuniones del Klan eran secretas y las fotografías son raras. Pero para confirmar el vínculo entre Sanger y el Klan, incluyendo conferencias y mujeres encapuchadas, no hace falta dirigirse a las personas críticas sobre su persona y la teoría de género. Ella misma lo narra en su autobiografía, minimizando y justificando, ciertamente, pero admitiendo la relación y hablando de «decenas» de invitaciones por parte del Ku Klux Klan.
Alguien podría plantear alguna objeción citando actitudes muy hostiles a los homosexuales por parte del Ku Klux Klan. Otros replicarían citando los nombres de un cierto número de dirigentes del Klan y de organizaciones vinculadas a este que eran homosexuales o bisexuales. Pero es un debate que no llevaría muy lejos.
El tema de este artículo, de hecho, es otro. He querido demostrar cómo la formulación arquetípica de la teoría de género, la de Margaret Sanger, nace de una interpretación desviada -y no compartida por la gran mayoría de los teósofos- de ideas sobre la raza de la Sociedad Teosófica y nace en diálogo con el racismo americano representado por el Ku Klux Klan.
La idea central es que esa en la que se puede elegir si ser mujer u hombre es una nueva humanidad, una «raza nueva» que podrá nacer sólo entre las élites iluminadas «blancas, anglosajonas y protestantes» y no entre los negros, los «europeos del sur» y los católicos, «intelectualmente inferiores» y destinados a ser extirpados como la mala hierba. ¿Han desaparecido estas ideas entre los que defienden el género?
Mirando el sentido de superioridad con el que atacan a manifestaciones como la de la Plaza San Juan tachándolas de «medievales» me permitiría no estar tan seguro.


Massimo Introvigne