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viernes, 9 de agosto de 2013

El Lobby Gay y la estrategia del cuco

Fuente: Profesionales por la Ética

La estrategia del cuco

El cuco es un pájaro que pone los huevos en nido ajeno para que otros pájaros los incuben, convencidos de que son sus propias crías las que nacerán y por tanto el beneficio es para su especie. Sin embargo están criando nuevos cucos que repetirán la estrategia de sus padres con los nuevos huevos de sus criadores.
No tengo nada contra los homosexuales. Sí tengo mucho que decir contra el lobby gay, porque con su estrategia del cuco está tratando de minar los principios básicos de una sociedad libre y democrática. Y como llevo tiempo siguiendo el asunto, me veo en la obligación de informar de lo que está sucediendo.
En la actualidad, en los países occidentales, los homosexuales son personas libres y con plenos derechos. No es ya que no se les persiga penalmente, lo que sería inadmisible, sino que manifiestan sus gustos sentimentales de forma pública, sus afectos por las calles, tienen lugares públicos y “de ambiente” donde se reúnen de forma voluntaria e incluso en muchos países tienen una suerte de fiestas patronales pagadas con dinero público donde básicamente se hace alarde de su tendencia sexual.
Pero el cuco no quiere ser como los demás pájaros, quiere ser, si no el único, al menos el hegemónico. Y ahí comienzan los problemas.
En el programa del lobby gay está la equiparación mundial y a todos los efectos de las uniones homosexuales a las heterosexuales contra la opinión de una gran parte de la sociedad. En muchos países existe un mal llamado matrimonio homosexual al que hay que poner un adjetivo explicativo porque, como no cumple la principal e ineludible premisa de un matrimonio, necesita “muletas” para poder valerse.
La nieve es blanca y no es necesario decirlo. Si fuera roja habría que decirlo para diferenciarla de la nieve de verdad porque, naturalmente, si cae nieve roja es que no es nieve porque alguna sustancia la enrojece y, por tanto, será algo parecido, pero no es agua pura congelada.
Pero el lobby gay se ha encontrado con un problema en la imposición del matrimonio gay: esa sociedad civil que planta cara a su tergiversación del matrimonio y de la sociedad y que no hay forma de acallar. Y lo mejor es que no pueda hablar. La imposición del silencio con medidas penales. Veamos cómo.
La primera estrategia es mostrar tal cantidad de casos de bulling, mobbing, acoso y maltrato a homosexuales, que la sociedad se asuste y considere que ese colectivo está en una situación de desamparo extremo y que merece una legislación de discriminación positiva.
Para este paso ya han empezado con encuestas denunciatorias manipuladas “al mayor y al detalle”. En las encuestas minoristas que dan en sus cursos de diversidad sexual, la estrategia es apoderarse de los casos de acoso en centros escolares que no presentan causa, por diversas razones, alegando que el oscurantismo con la homosexualidad es la causa de que no se mencione que el chico fue acosado por homosexual.
De esa forma, a los casos de acoso por posible tendencia sexual, añaden los de muchachos cuya causa de acoso ha podido ser cualquier cosa que el instructor no ha querido mencionar: malformaciones, discapacidades mentales…
En las encuestas mayoristas acabamos de ver el caso de la organización europea FRA que se ha gastado 370.000 euros en unas encuestas diseñadas por el lobby gay para demostrar el brutal acoso de la población homosexual, mediante unos procedimientos nada científicos ni fiables y cuyos resultados (un 25% de agresiones físicas) no coinciden en absoluto con los datos policiales.
La segunda parte de la estrategia es demostrar que las opiniones no favorables con la agenda del lobby gay, o con algunos aspectos de la homosexualidad es el caldo de cultivo de esas presuntas agresiones. La última fase es la instauración de normas de discriminación positiva del homosexual, cuya vida, actitud, prácticas o exigencias no pueden ser cuestionadas porque son germen de agresión y constitutivas de delito. El mero hecho de oponerse al matrimonio homosexual sería punible, pues constituiría una discriminación. Naturalmente el vocabulario en esta guerra de imposiciones es esencial: se pretenden ”leyes de igualdad” en las que la instauración de las desigualdades más evidentes beneficien a un colectivo en detrimento de las libertades de otros.
Y ahí viene la imposición más tremenda. No es que todos debamos ser gays, sino que todos debemos opinar bien de ellos, porque lo que ahora no es constitutivo de delito, el que yo piense que no me parece bien la homosexualidad, o no me guste la pluma porque no me agrada la gestualidad femenina en los varones, al igual que no me gusta la moda de los pantalones caídos, resultaría base para una posterior agresión.
La demonización ya está en marcha: en los cursos de diversidad sexual tienen todo un muestrario de palabras que expresan los diversos “pecados” de los heterosexuales.
Plumofobia El que tiene aversión a la pluma. (No el que hace nada contra los que tienen pluma. Es una cuestión de actitud y gusto o disgusto)
Homofobia: Al que no le gusta o parece bien la homosexualidad. (Que le disgusta sin intención de agredir a nadie).
LGTBfobia. La persona a la que no le gustan los gays, lesbianas, bisexuales y transexuales.
Transfobia. Al que no le gustan los transexuales.
Heteronormatividad. Es una errónea concepción de la vida en la que se dan por válidas y buenas las normas heterosexuales de la sociedad que naturalmente no son buenas y deben sustituirse por la homonormatividad.
Con el sufijo –fobia hay muchas palabras que expresan una aversión o disgusto por variantes de la homosexualidad y que son tratadas y expresadas como enfermedades (fobias) del heterosexual que hay que erradicar por las buenas o por las malas.
Y ahí estamos. A punto de perder el derecho a pensar y decir libremente lo que opinamos sobre la homosexualidad de la misma forma que podemos hacerlo sobre los feos, los greñosos, los que comen pollo al ajillo y los que ponen enanitos en sus jardines.
Y como con el cuco, estas crías de totalitarismo e imposición que buscan nuestro perjuicio, las incubamos nosotros creyendo inocentemente en la trampa del cuco y fabricando el nido con el dinero público, tan escaso para otros usos más necesarios y beneficiosos para toda la sociedad.
¿Homofoba, yo? En absoluto. El problema es que la verdad es la verdad pero se degrada mucho si, al que la dice, se le tacha de porquero.

Alicia V. Rubio Calle

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