Entrada destacada

LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO, SUS PELIGROS Y ALCANCES

jueves, 28 de febrero de 2013

La necedad de Dios frente a la sabiduría de los hombres: a propósito de Benedicto XVI

Por Carlos Beltramo

El-Papa-Benedicto-XVI-en-Cuatr_54203020396_53389389549_600_396En Madrid, en la Jornada Mundial de la Juventud, durante la vigilia de oración sucedió algo inesperado y extraño. Luego de un día de calor sofocante y contra todo pronóstico se desató una tormenta de viento y lluvia tan fuerte que incluso amenazó con derribar el escenario en el que se encontraba el Papa. Al menos tres veces su secretario le indicó a Su Santidad que hiciera lo más prudente, algo que nadie le hubiera reclamado: bajarse del trono que le habían asignado y refugiarse ante el temporal. Y las tres veces dijo que no, enfática y públicamente, y se quedó allí, quieto, apenas tapado por un par de paraguas que servían de poco. Al final, cuando la tormenta se detuvo tan imprevistamente como había comenzado el Papa improvisó ante los jóvenes: “Hemos vivido esta aventura juntos”. Entonces el Papa intelectual dejó de lado sus papeles, pidió que expusieran la custodia y puso a un millón de jóvenes a orar ante Jesús. El silencio era sobrecogedor. Todos estaban de rodillas sobre el lodo más mugriento. Hacer vibrar a algunos miles en un concierto ya es una proeza, pero poner en silencio a más de un millón de jóvenes luego de una tormenta que parecía el fin del mundo, es algo que no se puede medir con palabras. Y esto lo hizo el Papa que supuestamente tiene “dificultades para moverse entre las multitudes”, como afirmó en un engañoso artículo un premio Nobel hace unos días.

El texto de Mario Vargas Llosa, premio Nobel de Literatura, intenta explicar que el Papa inició batallas moralizadoras y reformas en la Iglesia en las que “fracasó” y por eso finalmente renunció. ¿A alguien con un poco de perspicacia se le puede ocurrir que un Papa con la fortaleza y el carisma para superar la prueba de la tormenta con los jóvenes en Madrid podría acobardarse por unos cuantos juegos de poder y el pecado de personas cercanas dentro de la Iglesia, pecado que él conocía y que no tenía empacho en reconocer en público? No tiene lógica. Lo inteligente es leer la tormenta en Madrid como una parábola de la vida de Benedicto XVI: cuando Dios se lo pidió y su pueblo lo necesitó, él no tuvo ninguna duda en arriesgar su integridad física para quedarse en el trono de Pedro, aunque sus asistentes le insistían en que lo dejara. Pasados pocos años, el mismo hombre –sin que ningún ser humano se lo pida–, deja el mismo trono y elige pasar a una vida oculta y humilde. ¿Puede haber alguien que piense que de pronto se volvió cobarde y poco carismático un Papa que mostró tal valentía y dominio de multitudes? No tiene lógica. Entonces, para entender a Benedicto XVI, hay que completar la parábola de Madrid: un millón de jóvenes rezando a Jesús Eucaristía y los papeles, signo de la intelectualidad, dejados a un lado. Es que el centro de la vida del Papa Benedicto XVI es Jesús y todo en él ha sido valentía. No fracaso, no miedo, no impotencia, no falta de carisma: valentía en lo esencial.

También me gustaría comentar por qué pienso que el artículo de Vargas Llosa sobre Benedicto XVI, que es aparentemente favorable al Papa, tiene una alta dosis de veneno. ¿Por qué tiene que tener mérito que un hombre inteligente como el peruano reconozca lo que ha hecho otro de manera pública y que se puede encontrar en cualquier búsqueda de internet? No dudo de la honestidad de Vargas Llosa pero es un hecho que aprovechó el reconocimiento de las obvias tareas del Papa para decir, como de pasada, algo que quiere dejar claro a sus lectores: “Esto, desde luego, hacía de él un anacronismo dentro del anacronismo en que se ha ido convirtiendo la Iglesia.”

Una falacia es decir una mentira revista de una buena dosis de verdad, para que las verdades disimulen las mentiras. Eso lo sabían los sofistas hace 25 siglos y, desde luego, lo sabe Vargas Llosa –aunque parecen ignorarlo peligrosamente muchos católicos que han difundido el artículo como algo positivo. Es que un artículo no puede ser favorable a un Papa y dañino con la Iglesia: ese es un contrasentido absoluto. Y por otro lado, como se preguntaba el periodista español Eulogio López, si la Iglesia es un anacronismo, ¿por qué los periodistas no hablan de otra cosa en estos días? Tal parece que la “dictadura del relativismo” puede hacerle perder el sentido de la coherencia o de la lógica incluso al más inteligente. Es que claro: “La necedad de Dios es más inteligente que la más alta sabiduría de los hombres” (1Co, 1:25).

Con el perdón de Mario Vargas Llosa y de muchos periodistas que alimentan rumores de conspiraciones: Benedicto XVI no fracasó, aunque los pecados existan todavía en el Vaticano y el próximo Papa debe comenzar “barriendo la casa”. Y no ha fracasado ya que la Iglesia es la presencia de Cristo en el mundo y eso el Papa lo ha transmitido a cada minuto de su pontificado. Si se saca a Dios de la explicación desde luego que no se entiende nada de lo que sucede. Pero si se tiene presente la esencia de lo que es la Iglesia, todo tiene sentido: tanto no bajarse del trono de Pedro en Madrid y como sí hacerlo en Roma, poco tiempo después.

Publicar un comentario