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viernes, 16 de noviembre de 2012

El Nobel de Medicina de 2012 para Shiniya Yamanaka

Por Justo Aznar, de la Real Academia de Medicina de la Comunidad Valenciana, Director del Instituto de Ciencias de la Vida de la Universidad Católica de Valencia. Miembro de CíViCa. Publicado en Las Provincias (Valencia) el 11 de octubre de 2012.

clip_image001El 17 de junio de 2008 leía yo, en el paraninfo del viejo edificio universitario de la calle de la Nave, mi discurso de ingreso en la Real Academia de Medicina de la Comunidad Valenciana, que titulé ”De las células madre a las células iPS. Un recorrido científico y ético apasionante”. En él me refería a las experiencias científicas que llevaron a Yamanaka en 2006 a poner a punto la reprogramación de células somáticas adultas y a la generación de células iPS.

No es frecuente que el Nobel de Medicina se conceda a los seis años de haber sido publicadas las investigaciones motivo del premio, lo que sin duda avala la importancia del trabajo del investigador japonés.
¿Pero que es la reprogramación celular? Tras la fecundación del ovocito por el espermatozoide se constituye una célula, el cigoto, el embrión de una sola célula. Después éste se va desarrollando hasta llegar a la fase de blastocisto, embrión de 60 a 200 células, todas ellas pluripotentes, es decir, células a partir de la cuales se pueden generar células de todos los tipos de tejidos existentes en el organismo. A medida que el desarrollo embrionario y fetal avanza, esta pluripotencialidad celular se va perdiendo, por lo que las células de ese ser humano en desarrollo se van volviendo cada vez más específicas, hasta que se convierten en la células madre propias  de un tejido determinado, en cuyo caso dichas células madre solamente pueden generar células adultas del tejido en cuestión. Es decir, cuando por ejemplo las células madre embrionarias y fetales, llegan ha convertirse en  células precursoras de piel, solamente pueden formar células adultas de piel. En ese momento las células en cuestión se han convertido en células somáticas adultas.
Pues bien, el trabajo de Yamanaka, consistió fundamentalmente en hacer recorrer a células somáticas adultas, en un medio de laboratorio, el camino inverso que en la naturaleza recorren. En este sentido, Yamanaka y colaboradores lo que hicieron fue tomar células somáticas adultas y desdiferenciarlas, es decir, revertirlas,  en un medio de laboratorio, hasta un estadio similar al embrionario.
¿Y es esto tan importante como para que dicho trabajo haya merecido el Nobel de Medicina?
A mi juicio, es la experiencia con más perspectivas científicas y médicas útiles de entre las realizadas en los últimos años. Y ello ¿por qué? Primero, porque a partir de las células iPS obtenidas de un individuo concreto se pueden derivar células de la mayoría de los tejidos de ese individuo. Es decir, por ejemplo, se pueden obtener células cardiacas, neuronales, musculares, etc, lo que abre la puerta a que cuando exista un órgano lesionado, como puede ser el corazón, tras un infarto de miocardio, se puedan producir células cardiacas de ese mismo paciente,  que puedan ser utilizadas para regenerar su corazón enfermo, con la particularidad médica fundamental de que por ser células del propio paciente, al transplantarlas, no ocasionan rechazo inmunológico alguno. Es decir, el uso de células iPS, las descubiertas por Yamanaka, puede ser una pieza importante dentro de la medicina regenerativa y reparadora, a mi juicio la más prometedora opción terapéutica en este siglo XXI en el que nos encontramos.

La segunda razón es porque a partir de células iPS obtenidas de pacientes concretos con graves patologías, como pueden ser Parkinson, Alzheimer u otras, ya se ha experimentado con más de una veintena de ellas, se pueden obtener células específicas de esas enfermedades, que pueden ser extremadamente útiles para profundizar en el conocimiento de las mismas. Además utilizando dichas células se pueden evaluar nuevos fármacos para intentar tratarlas.
No es posible extendernos más aquí sobre las bondades médicas de las células iPS, pero creo que las dos comentadas son suficientes para justificar la concesión del Nobel al principal promotor de dichos experiencias, Shiniya Yamanaka.
Seguramente la pregunta que inmediatamente pueden hacerse muchos de los pacientes con enfermedades susceptibles de ser tratadas con células derivadas de las iPS, es ¿pero podemos nosotros beneficiarnos ya del uso de estas células? En el momento actual existe un número importante de ensayos clínicos en los que se están utilizando células iPS para evaluar su capacidad terapéutica en distintas patologías. Sin embargo, la gran mayoría de ellos son ensayos en fase 1, que únicamente tienen por objeto evaluar los posibles efectos secundarios negativos que pudieran derivarse de la terapia con las iPS, pero, la investigación en este campo avanza rápidamente, por lo que es muy razonable pensar que en un futuro próximo, yo diría que entre cinco y diez años, esta terapia pudiera ser utilizada en la clínica médica, lo que sin duda abre una gran puerta de esperanza para muchos pacientes afectados de graves enfermedades, para las que hoy en día no se dispone de una terapia eficaz, esperanza que todavía es mayor si se piensa que también están en marcha un gran numero de ensayos clínicos , hoy superan  los 3000, con células madre adultas , otra gran arma terapéutica con la que incluso ya se han conseguido algunos resultados clínicos.
Pero no quiero terminar este artículo sin comentar algo que considero de gran interés, el que la puesta a punto de las células iPS va a permitir utilizarlas en muchos casos en lugar de las células madre embrionarias, cuyo uso como se sabe, tiene grandes limitaciones éticas, pues para conseguirlas hay ineludiblemente que destruir embriones humanos, algo éticamente inaceptable. Pero además de ello, la propia investigación de Yamanaka nació sobre un interrogante ético.
En efecto, como él mismo comentaba en una entrevista que concedió al New York Time (Fackler, 2007), en cierta ocasión, un colega le invitó a observar un embrión humano al microscopio. “Cuando vi el embrión, refiere Yamanaka, me di cuenta de que no había diferencia entre él y mis hijas, por lo que pensé que no podemos permitirnos destruir embriones para nuestras investigaciones. Tiene que haber otro camino”. Así es como Yamanaka inició la búsqueda de una vía experimental para obtener células similares a las embrionarias sin tener que destruir embriones humanos. Así es como comenzó su larga andadura hacia las células iPS, andadura que duro ocho largos años, durantes los cuales hubo momentos de gratas alegrías científicas, pero también de desánimos que estuvieron, en ocasiones, a punto de hacerle desistir de su empeño. Pero su ilusión científica y ética le hizo encontrar fuerzas para llevar a sus investigaciones a buen puerto, al puerto científico de las células iPS, algo que le ha permitido, junto a John B Gurdon, ser merecedor del Nobel de Medicina 2012.

Creo que este puede ser para muchos de los que nos movemos en el campo de la investigación científica un ejemplo a seguir. Perseguir un objetivo experimental por una motivación científica y ética  y perseverar hasta conseguirlo. Es decir, tratar de realizar nuestras investigaciones dentro del marco ético que cualquier acción humana requiere.

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