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LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO, SUS PELIGROS Y ALCANCES

domingo, 20 de julio de 2008

Soldado israelí dispara a palestino maniatado

La organización Betselem difunde escenas en las que un soldado israelí dispara a corta distancia a palestino maniatado y con los ojos vendados.

Según la organización de derechos humanos en los territorios ocupados palestinos, el incidente ocurrió el pasado 7 de julio en la aldea cisjordana de Nilín durante una protesta contra el muro de separación israelí, y tuvo lugar en presencia de otros soldados y oficiales del Ejército.

El disparo, de una bala de acero recubierta de caucho, fue hecho en presencia de un teniente coronel, que sujetaba al palestino por el brazo en ese momento, reza un comunicado de la ONG.

La víctima, un palestino que se manifestaba en la protesta e identificado como Ashraf Abu Rahma, de 27 años, fue detenido por soldados israelíes durante una media hora, tiempo en el que según el detenido, fue golpeado por los militares israelíes.

Tras su detención, un grupo de soldados y agentes de la Policía de Fronteras lo condujeron a un todoterreno militar.

El vídeo muestra al manifestante, que viste una camiseta de color verde, portando una bandera palestina y haciendo la señal de la victoria con la mano, y posteriormente aparece maniatado y con los ojos tapados con una venda.

En las imágenes siguientes aparece un soldado israelí apuntando con un fusil contra las piernas del detenido a una distancia aproximada de 1,5 metros, y se aprecia cómo efectúa el disparo.

El detenido aparece luego tendido en el suelo y con una de las extremidades temblando.

Abu-Rahma dijo que la bala le impactó en su dedo pulgar izquierdo y que recibió tratamiento de un médico del Ejército, antes de ser liberado por los soldados.

El suceso fue grabado por una palestina de catorce años desde su vivienda de la alea de Nilín, y Betselem lo recibió esta mañana.

La organización israelí ignora si se han abierto diligencias contra los implicados en el suceso, sin embargo, residentes de la aldea palestina dijeron a la organización que vieron a los soldados implicados el día siguiente sirviendo en la misma unidad.

Tras la recepción de las imágenes, Betselem remitió de inmediato una copia al responsable de la Unidad de Investigación de la Policía Militar, exigiendo una investigación sobre lo sucedido y que los soldados sean llevados ante la justicia.

También exhorta a que sea investigada la actuación del teniente coronel implicado en el incidente y que sujetaba al palestino.

La organización recuerda que los miembros de los organismos de seguridad están obligados a informar de las acciones ilegales, y destaca "es incluso más serio que un oficial de alto rango participe en este tipo de encubrimiento".

Fuente EFE y RPP


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sábado, 19 de julio de 2008

Curiosidades de los siglos XV y XVI


Al visitar el Palacio de Versalles, en París, observemos que el suntuoso palacio no tiene baños.

En la Edad Media no existían cepillos de dientes, perfumes, desodorantes, y mucho menos papel higiénico. Las heces y orinas humanas eran tiradas por la ventana del palacio.

En un día de fiesta, la cocina del palacio era capaz de preparar un banquete para 1500 personas sin la más mínima higiene.

Vemos en las películas a la gente siendo abanicada. La explicación no esta en el calor, sino en el mal olor que exhalaban las personas por debajo de los vestidos (eran hechas a propósito para contener los olores de las partes íntimas porque no se lavaban).

Tampoco había costumbre de bañarse por la falta de calor en las habitaciones y de agua corriente. Así el mal olor era disipado por el abanico.

Pero solo los nobles tenían lacayos que hacían esta labor. Además de disipar el aire también espantaban insectos que se acumulaban a su alrededor.

Quien ha estado en Versalles se ha maravillado con sus jardines, enormes y hermosos que en la época eran mas usados que contemplados ya que se usaban como retretes en las fiestas promovidas por la realeza, ya que no tenían baños y se reunía una gran cantidad de personas.

En la Edad Media la mayoría de las bodas se celebraba en el mes de junio, al comienzo del verano.

La razón era sencilla: el primer baño del año era tomado en mayo, así, en junio, el olor de las personas aun era tolerable. Asimismo, como algunos olores ya empezaban a ser molestos, las novias llevaban ramos de flores, al lado de su cuerpo en los carruajes para disfrazar el mal olor. Así nace mayo como mes de las novias y la tradición del ramo de novia.

Los baños eran tomados en una bañera enorme llena de agua caliente. El padre de la familia era el primero en tomarlo, luego los otros hombres de la casa por orden de edad y después las mujeres, también en orden de edad. Al final los niños, y los bebes los últimos.

Los tejados de las casas no tenían bajo-tejado… en las vigas de madera se criaban animales, gatos, perros, ratas y otros bichos. Cuando llovía las goteras forzaban a los animales a bajar. De esto nació la expresión - típica anglosajona: llueven perros y gatos.

Los más ricos tenían platos de estaño. Ciertos alimentos como los tomates, que eran ácidos oxidaban el material y hacia que mucha gente muriese envenenada, unido a la falta de higiene de la época hacía esto muy frecuente. Los tomates y cítricos fueron considerados tóxicos durante mucho tiempo.

En los vasos ocurría lo mismo donde, al contacto con whisky o cerveza hacia que la gente entrara en un estado narcolépsico producido tanto por la bebida como por el estaño.

Alguien que pasase por la calle y viese a alguien en este estado podía pensar que estaba muerto y ya preparaban el entierro. El cuerpo era colocado sobre la mesa de la cocina durante algunos días como precaución y la familia mientras comía y bebía esperando que volviese en si o no. De esta acción surgió el velatorio que hoy se hace al cadáver.

Los lugares para enterrar a los muertos eran pequeños y no había siempre suficiente sitio para todos. Los ataúdes eran abiertos y retirados los huesos para meter otro cadáver. Los huesos eran retirados a un osario. A veces al abrir los ataúdes, se percibía que el enterrado había arañado la tierra, porque había sido enterrado vivo.

En esta época surgió la idea de, al cerrar el ataúd, amarrar a la muñeca del difunto un hilo pasarlo por un agujero del ataúd y atarlo a una campanilla sobre la tierra. Si el individuo estaba vivo solo tenia que tirar del hilo y sonaría la campanilla y seria desenterrado ya que una persona estaba al lado del ataúd durante unos días. De esta acción surge la expresión “salvado por la campana” que usamos hoy día.

¿Alguna vez dijiste que te hubiera gustado vivir en la época de los reyes? ¿Donde? ¿En palacio, en el poblado, o en el campo? ¿Hubieras querido nacer hombre o mujer?

miércoles, 16 de julio de 2008

Ejemplo para los jóvenes de hoy


Los que creen que los santos son gente tímida y solitaria, que desdeñan esta vida pensando sólo en la otra, quedarán sorprendidos ante la figura del beato Pier Giorgio Frassati. Verdadero bromista, apodado "Robespierre" y "Terror" por sus amigos, con quienes formó la asociación denominada "I tipi loschi", Frassati fue un amigo de los pobres, en quienes veía a Cristo. Aún hoy día, especialmente los jóvenes en busca de un modelo, encuentran en él alguien con quien identificarse, habiendo conjugado la actividad política con el compromiso por la justicia social, viviendo en plenitud su corta vida.

Pier Giorgio Frassati nació en Turín, Italia, el 6 de abril de 1901. Su madre, Adelaide Ametis era una pintora. Su padre, un agnóstico, fue fundador y director del diario liberal "La Stampa". Hombre influyente entre los políticos italianos, desempeñó también los cargos de Senador y Embajador en Alemania.

Pier Giorgio Frassati estudió en su hogar antes de cursar sus estudios primero en una escuela estatal, junto con su hermana, un año menor que él y luego en una escuela regentada por jesuitas. Allí se asoció a la Congregación Mariana y al Apostolado de la Oración, llegando a comulgar diariamente.

Pier Giorgio desarrolló una profunda vida espiritual que nunca dudó en compartir con sus amigos. La Santa Eucaristía y la Virgen María fueron los dos polos de su mundo de oración. A los 17 años de edad, en 1918, ingresó en la Sociedad de San Vicente de Paúl y dedicó la mayor parte de su tiempo libre al servicio de los enfermos y necesitados, cuidando a los huérfanos y los soldados de la primera guerra mundial que volvían a su casa. Decidió estudiar para ser ingeniero en minas en la Real Universidad Politécnica de Turín, para poder "servir mejor a Cristo entre los mineros", como dijo a un amigo. Sin embargo, sus estudios, que considera a su primera tarea, no le alejaron de su actividad social y política. En 1919 se asoció a la Federación de Estudiantes Católicos y a la Acción Católica. Oponiéndose a las ideas políticas de su padre llegó a ser miembro verdaderamente activo del Partido Popular que promovió las enseñanzas de la Iglesia Católica basadas en los principios de la "Rerum Novarum". También concibió la idea de unir la Federación de Estudiantes Católicos a la Organización Católica de Trabajadores. “La caridad no basta: necesitamos una reforma social”, solía decir trabajando para ambas.

Los pobres y sus sufrimientos eran sus dueños y él fue para ellos un verdadero servidor, viviendo esa opción como un privilegio. Esta caridad no era sólo para él entregar algo a los demás sino entregarse él mismo por entero. Ello se completaba con la comunión diaria con Cristo en la Eucaristía y con la adoración nocturna, con la meditación del himno a la caridad de San Pablo y con las palabras de Santa Catalina de Siena. Solía sacrificar sus vacaciones en la casa de verano de los Frassati en Pollone porque “si todos se van de Turín ¿quién se encargará de los pobres?”.

En 1921 le encontramos en Rávena, ayudando con entusiasmo a organizar el primer congreso de Pax Romana, asociación que se propone unificar a todos los estudiantes católicos del mundo para trabajar juntos por la paz universal.

Pier Giorgio se dedicó también a los deportes: uno de sus favoritos fue escalar montañas. Las excursiones que organizaba con sus amigos, "I tipi loschi", eran para él oportunidades de apostolado.

Solía ir al teatro, a la ópera y a los museos; amaba el arte y la música y a menudo citaba trozos de Dante. Los vehementes sermones de Savonarola y los escritos de Santa Catalina de Siena le impulsaron a ingresar en la Tercera Orden de Santo Domingo, en 1922. Quiso llamarse Jerónimo, no como el de la Biblia, sino como su héroe, el predicador dominico y reformador del Renacimiento florentino, Jerónimo Savonarola: "Soy un ferviente admirador de ese fraile, que murió como santo en la hoguera", le escribió un día a un amigo.

Como su padre, fue un acérrimo antifascista y nunca escondió sus ideas políticas. A menudo se vio envuelto en riñas con anticlericales comunistas primero y luego con fascistas. Participando en una demostración organizada por la Iglesia en Roma, sufrió la violencia de la policía y se puso al lado de otros jóvenes aferrando la bandera que la guardia real había arrancado de otras manos. Él la levantó aún más, usando el asta para parar los golpes de los guardias.

Justo cuando estaba para recibirse, Pier Giorgio enfermó de poliomielitis, enfermedad que, según los médicos, se dio por contagio de los enfermos que atendía. Descuidando su propia salud, a raíz de la muerte de su abuela, falleció tras seis días de terribles sufrimientos, el 4 de julio de 1925, a los 24 años de edad. Su última preocupación fueron los pobres. La víspera de su muerte, con una mano paralizada, escribió un recado para un amigo, recomendándole las inyecciones de Converso, un pobre que él atendía.

Su funeral fue impresionante: las calles de la ciudad se llenaron de gente que su familia no conocía y que lloraba sin consuelo: eran los pobres y necesitados que él había atendido sin desmayo durante siete años; muchos de ellos quedaron sorprendidos al enterarse de que el joven que conocían pertenecía a una familia tan pudiente.

Numerosos peregrinos, en especial estudiantes y jóvenes, acuden a la tumba de Pier Giorgio para solicitar favores y aliento para poder seguir su ejemplo.

El Papa Juan Pablo II, después de haber visitado su tumba en Pollone, en 1989 dijo: “Quiero rendir homenaje a un joven que supo ser testigo de Cristo con singular eficacia en este siglo nuestro. Yo también conocí, en mi juventud, la benéfica influencia de su ejemplo, y cuando estudiaba quedé marcado por la fuerza de su testimonio cristiano”.

El 20 de Mayo de 1990, en la Plaza de San Pedro, abarrotada por miles de fieles, el Papa Juan Pablo II beatificó a Pier Giorgio Frassati, “el hombre de las ocho bienaventuranzas”. Sus restos mortales se trasladaron de la tumba de la familia del cementerio de Pollone a la Catedral de Turín. Su cuerpo se encuentra incorrupto.

Fuente: Agrupación Pier Giorgio Frassati
web: www.pgfrassati.com.ar

martes, 15 de julio de 2008

Falta de empleo atenta contra dignidad humana

Recibí un correo de un lector que conmovió mi interés, y dice así: “Hola amigo!! Sigo a menudo tu blog y quería proponer una noticia que ha tenido lugar en el centro de Alicante. 5 estudiantes han salido a la calle para reivindicar la poca efectividad de pasarse estudiando media vida, para luego no encontrar trabajo en ningún sitio. Muy relacionado con el problema del paro que hay ahora mismo en España, para dejarnos claro que este no discrimina por profesión. Pues bien la dinámica ha sido que se han colocado en la avenida maisonave (en pleno centro de alicante) cada profesión por un lado: más concretamente: un médico, un fisioterapeuta, un profesor, un publicista y un farmacéutico a ofrecer sus servicios a cambio de unas monedas, con un cartón en el que explicaba su situación actual y una gorra para que la gente eche dinero. La gente se quedaba a cuadros al verlo, para que veáis lo mucho que se puede hacer con muy poco” (Angel Borrul Japones).

Le respondo con estas líneas:

El valor del trabajo radica, precisamente, en que es el hombre quien lo realiza. El trabajo no es un objeto más, sino expresión y condición del desarrollo espiritual y social del hombre. Cuando se olvida esta relación primaria del trabajo con la dignidad del hombre, pierde su riqueza cultural y valoración moral.

Al considerar al trabajo sólo desde lo que produce, o como una variable más dentro de una cadena productiva, olvidándose del sujeto que lo realiza, se pierde de vista su referencia de necesidad personal para el hombre, como de vinculación moral para la sociedad. Crear trabajo es signo de una sociedad justa.

Esto nos debe llevar a concluir que la mayor pobreza del hombre es no tener trabajo, o no poder trabajar. El trabajo no es sólo un tema personal, sino social y político.

Cuando tomamos en serio la importancia del trabajo en la vida del hombre, no podemos dejar de afirmar que es moralmente injusta y culturalmente pobre una sociedad que no reaccione frente al flagelo de la desocupación y la pobreza.

El trabajo es el camino para vencer la pobreza y la marginación.

La dignidad de la persona confiere al trabajo y al desarrollo su verdadero valor. La frustración de miles de personas que no encuentran trabajo y que ensombrece la posibilidad de lograr los objetivos de desarrollo nos puede llevar a un estado de cosas que pueden repercutir negativamente en la seguridad mundial. El desarrollo es el nuevo nombre de la paz.

La participación local es una de las claves propulsoras de la economía. Paso a paso se reduce la pobreza, la emigración se transforma en una opción y no en una necesidad, las normas sociales se consolidan y las personas salen del círculo vicioso de la miseria.

Cuando el proceso de transformación de la sociedad arraiga el trabajo decente contribuye a fomentar la convicción en un futuro mejor y se afianza la autoestima. El coraje y la imaginación política para tomar las medidas necesarias pueden llevar en cambio a un compromiso concreto en la eliminación de la pobreza global, que sigue siendo un escándalo y una amenaza a la paz y la seguridad.

Las autoridades gubernamentales tienen una responsabilidad directa por la falta de trabajo, miran más a sus amigos que a las personas que tienen bajo su tutela. Una autoridad gubernamental que no vela por el bienestar de las personas en cuanto a la posibilitación del trabajo simplemente “suicida” su espíritu y pasa a ser una “cosa” que carece de moral.



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domingo, 13 de julio de 2008

El aborto ya ha eliminado a una cuarta parte de la Humanidad

Análisis Digital.- El director de la Fundación Vida, Manuel Cruz Moreno, denunció ayer que el aborto, desde su legalización, "ya ha eliminado a una cuarta parte de la Humanidad" y añadió que "este exterminio indiscriminado ha dejado el conjunto del Holocausto nazi, y las purgas de Stalin y Mao en mera anécdota".

Ante este hecho pidió la intervención de las autoridades internacionales para detener el aborto, al que calificó como "el mayor genocidio que ha sufrido la raza humana en toda su historia".

"Desde la legalización del aborto, en los 70, se producen anualmente entre 35 y 60 millones de intervenciones al año, lo que deja un macabro balance de más de 1,500 millones de seres humanos eliminados antes de nacer. Es decir, que si el mundo tiene ahora 6,700 millones de habitantes, se ha asesinado a una cuarta parte de las personas en menos de 40 años", denunció la Fundación Vida.

Ante estas cifras, la Fundación Vida consideró que debería realizarse una cumbre internacional en la que se debata "con seriedad y rigor" una moratoria sobre el aborto.

Asimismo, Manuel Cruz volvió a proponer la creación de un 'Museo del aborto', "que muestre la realidad de lo que está ocurriendo y sus consecuencias, y sirva de recordatorio para las generaciones venideras".

La Fundación Vida tiene como objetivo defender la vida "en primera línea de batalla", y trata con madres que ya han concertado una cita en una clínica abortista. Está formada por un grupo de profesionales jóvenes que ayudan a mujeres embarazadas que, por diferentes circunstancias, no desean seguir con su embarazo.




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Sin Dios el hombre no tiene futuro


Se quiere construir una sociedad sin Dios, y sin Dios el hombre no tiene futuro. Dios es el futuro de nuestra vida, a nivel personal y a nivel social. Si quitamos a Dios de la existencia humana, el hombre se queda sin horizonte. El hombre sin Dios queda amputado en una de sus principales dimensiones, la dimensión religiosa. Esta dimensión religiosa del hombre no se reduce a la esfera privada de la conciencia, sino que por la propia naturaleza humana tiende a expresarse y a vivirse en sociedad.

Dios no es enemigo del hombre. Dios no estorba para el progreso y para la felicidad del hombre. Dios ha sido y seguirá siendo el principal factor de transformación de la sociedad, de respeto al ser humano, de promoción de sus derechos, de fomento de la convivencia. La religión no ha sido, como tantas veces se nos quiere hacer ver, la causa de los enfrentamientos a lo largo de la historia. Cuando el hombre deja de ser religioso, no por eso cesan las guerras y las ambiciones, sino que por el contrario se multiplican. La historia demuestra que cuando el hombre se acerca a Dios, se hace más capaz de crear una convivencia pacífica entre todos.

Oímos continuamente proclamas en contra de Dios y de la religión, y al hacer estas proclamas, se sueña con un progreso que traerá la paz y la felicidad para todos. Pero junto a estas proclamas y como una consecuencia de las mismas, se anuncia el aborto sin medida, la eutanasia legalizada y otros "progresos" que no respetan los derechos fundamentales del hombre.

La vida es el bien fundamental de la persona. Todos tienen derecho a los que han sido engendrados y todavía no han nacido. Desde el momento mismo de la fecundación, tenemos una nueva persona, dotada de alma y cuerpo, con un proyecto genético y vital propio. Truncar esa vida es matar a un inocente. El sentido común y la fe en Dios nos dicen que nadie tiene derecho a suprimir esa vida que ha brotado en el seno materno. Hoy nos presentan como un progreso la libertad para matar al inocente en el seno materno, poniendo al alcance de quienes lo deseen todo tipo de medios. La vida no es respetada, el hombre no tiene futuro por este camino. Cuando el hombre se aleja de Dios, pierde hasta la luz natural para entender esta verdad elemental.

La vida en todas sus fases debe ser respetada, amada, acogida, alentada. No es ningún progreso poder eliminar a los minusválidos, a los que tienen síndrome de Down, a los que por cualquier accidente viven una vida limitada, a veces vegetativa. No hace bien al hombre y a la sociedad esta falta de protección del más débil, incluidos los que llegan a una edad avanzada y, gracias a la medicina, prolongan sus años. Cuando el hombre se aleja de Dios, se vuelve contra el hombre con toda crueldad. Y eso no constituye ningún progreso.

Por eso, nos llena de esperanza la próxima Jornada Mundial de en Sydney del 15 al 20 de julio, en la que el Papa Benedicto XVI convoca a jóvenes de todo el mundo. Desde el encuentro fuerte con Jesucristo, estos miles y miles de jóvenes se animan a construir la civilización del amor, que respeta y ama al hombre, especialmente al más débil, en todos los momentos de su existencia. Es urgente construir un mundo nuevo. Y esto no podrá hacerse nunca al margen de Dios. Los miles de jóvenes que acudirán a Sydney y los millones de jóvenes que se unirán desde cualquier rincón del planeta a este acontecimiento constituyen una esperanza y una promesa. En ellos tenemos la esperanza de un mundo nuevo donde el hombre será respetado y amado en todas las circunstancias de la vida.

Monseñor Demetrio Fernández, obispo de Tarazona

Che Guevara, ¿héroe o verdugo?


Puro efecto de moda o símbolo de una ideología, la efigie del revolucionario argentino, Ernesto "Che Guevara", se reproduce sobre las camisetas. El culto a las personalidades permanece vivo en el comunismo así como en la religión. El capitalismo se complace y se recupera.

Ernesto Che Guevara estuvo lejos de sospechar que un día se convertiría casi en una marca puesta sobre productos vendidos en cualquier parte del mundo. Camisetas, gorras, tazas, la cara del Che Guevara se encuentra por todas partes, símbolo de la cultura pop. Jóvenes y menos jóvenes enarbolan la cara del revolucionario. ¿Es un fenómeno de moda? En Argentina, una expresión nació de este fenómeno: "Tengo una remera del Che no sé por qué" (tengo un camiseta del Che, pero no sé por qué). El Che, figura emblemática de los años sesenta, es visto como un héroe, un ejemplo, el símbolo de todas las luchas para todas las libertades, el testigo de todas las rebeliones, un mártir de cara “crítica”, efímero, se convirtió en un verdadero mito. ¿Cómo?, ¿por qué? ¿Y dónde está la realidad, el hombre detrás del mito?

Su juventud

Ernesto Guevara nació en Argentina en una familia más bien liberal: madre feminista y liberada, padre empresario y aventurero, la familia ayudará y albergará a exiliados de la guerra civil española. Desde que era muy pequeño, el asma lo hace sufrir, lo recluye en casa, le hace sentir la muerte a través de las crisis que lo asfixian. Su madre decide hacerlo salir, confrontarlo con la enfermedad para que aprenda a convivir con ella, a vencerla. Es lo que hace Ernesto, que pesar de todo se convierte en un atleta excelente.

Desde su infancia, Ernesto lee mucho. Adolescente, leyó a Adler y comprendió por qué su enfermedad, que le hace diferente a los demás, le empuja a cambiar el mundo para mejorarlo, hacerse sitio allí. Lee a Freud, Marx. Se convierte en un estalinista convencido que escupirá más tarde sobre el ablandamiento del régimen de la Unión Soviética, hasta el momento en que conocerá todas las durezas y las atrocidades de este régimen. Sus lecturas lo inclinan a "cambiar el mundo", un mundo injusto para los más débiles.

Después de estudiar medicina, Ernesto Guevara emprende viajes por América latina en el curso de los cuales toma la medida del continente que es el suyo, de su diversidad, pero también de su pertenencia a un solo y único gran conjunto en el que habría que allanar las desigualdades. Es lo que describe la película Notas de Viaje, que participó sin duda en el resurgimiento de la popularidad del Che. Estas aventuras constituyen la fase de iniciación del "héroe", donde descubrirá su misión, concretamente, y comenzará su aventura revolucionaria. En el curso de sus viajes durante su vida entera, Ernesto Guevara escribió a su madre, a las mujeres de su vida, en su diario. Esto le permite escribir su propia historia. El "héroe" narra su propia epopeya. Tiene el don de presentar bien sus ideas, como si creara su propia leyenda. Por otra parte, numerosas biografías, documentos y obras realizadas sobre su vida están fuertemente basados en sus escritos, lo que ofrece poco margen para acercarse objetivamente al personaje.

En revoluciones

Su trayecto se traza de Guatemala a México, luego en el curso de la revolución cubana con el movimiento del 26 de julio, al cual contribuye a dar su color rojo. En 1959, el pequeño doctor argentino asmático se convirtió en uno de los principales dirigentes de Cuba. Fidel Castro comprende bien la ventaja que hay en aprovechar esta personalidad brillante, carismática e idealista, y utiliza ampliamente la imagen del que se llamará en lo sucesivo Che Guevara. Por fin, su muerte "valiente" y rodeada de misterio. Mártir víctima de la CIA. Una muerte en la plenitud de la vida al final de una lucha desigual, de una caza al hombre, dado que sus pequeñas tropas debilitadas fueron perseguidas por 2,000 hombres del ejército boliviano. Las fotos de su bello rostro muerto de mirada “crítica” que darán la vuelta al mundo contribuirán a aportar el último toque al personaje "heroico".

Todos estos elementos acercan a Ernesto Guevara al héroe, tratándose ciertamente de un hombre "extraordinario", en el sentido etimológico del término, es decir un hombre fuera de lo normal. Sin embargo, estas características no deben hacer olvidar ciertos aspectos menos conocidos, pero sin embargo más reales, de la vida y del carácter de Ernesto Guevara. Cuarenta años después de su muerte, son todavía ampliamente minoritarios los trabajos y los artículos sobre Che Guevara que salen del retrato elogioso para adoptar un tono objetivo, sin hablar de un tono crítico. Hasta el punto en que uno se pregunta si el "héroe" no ha sido canonizado. ¡Difícil de romper el mito! Sin embargo, aquí y allí, se elevan voces y se hacen oír, sobre todo entre los exiliados cubanos en los Estados Unidos.

Concretando

Comencemos por observar desde más cerca simplemente el balance político, económico, social y militar de este "gran idealista revolucionario" que ocupó funciones diversas en el gobierno cubano, que ocupó el puesto de Ministro de Economía y de Ministro de las Reformas Agrarias. De su paso por la economía, nos acordamos sobre todo del que firma los billetes de banco con un "Che" provocativo. De su paso por las reformas agrarias en cambio, dejó una desorganización profunda y una disminución espectacular de las cosechas de azúcar como resultado de una tentativa temprana de diversificación de las culturas. El Che, a pesar de su trabajo encarnizado, parece complacerse más en publicitar la revolución que en plasmar sus ideas en lo cotidiano.

Después, sus discursos intransigentes contra la URSS, acusándola de reproducir el imperialismo en sus relaciones con los países en busca de independencia, lo alejan de Cuba y de los soviéticos. La revolución del Congo, en la cual participa, es un fracaso. Los rebeldes, llevados por Lorenzo Désiré Kabila, se empeñan sobre todo en llevar una vida dorada y ociosa. Después de algunos meses de vagabundeo, reflexión y convalecencia en Tanzania y luego en Praga, decide con Fidel Castro emprender una guerrilla en Bolivia. Estando mal preparado, apoyado por reclutas mal formados y poco convencidos que desertan y traicionan a su jefe, él fracasa. El Che llega al final del camino, muere.

Al extremo

Un rasgo que señala la personalidad de Ernesto Guevara es su tendencia de llevar todo al extremo. Él mismo escribía a su madre en julio de 1956: "No sólo no soy moderado, sino que trataré de no serlo jamás". Este asmático que tuvo que luchar y ponerse en peligro para tener una vida normal, desafía constantemente a la muerte. Fidel Castro incluso describe su temeridad como "su modo de escoger, en toda situación difícil y peligrosa, hace la cosa más difícil y más peligrosa”. ¿Cuál puede ser el efecto de un espíritu kamikaze cuando dirige un pueblo? El Che Guevara era un hombre intransigente, extremadamente exigente consigo mismo, pero también hacia los demás. Repetidas veces, este rigor casi puritano se expresó. En 1958, trató de regular, en la ciudad de Santo Espíritu que acababa de conquistar, las relaciones entre hombres y mujeres, el consumo de alcohol y el juego, pero sin éxito.

De hecho, Ernesto Guevara, que hacía la revolución "para la gente", tiene un desprecio profundo por las clases dirigentes, pero igualmente por todo lo que constituye la vida de la gente. Además en 1958 aconsejó a sus hombres robar a los bancos, porque "las masas trabajadoras no pueden caer mas bajo". Por otra parte, no comprende las necesidades completamente humanas del pueblo. Absorbido por su trabajo, incluso dirá que ignora totalmente cómo vive el pueblo cubano. Esto parece bastante contradictorio. ¿No se hace la revolución para servir al pueblo y no lo contrario?

Abrazar la violencia

Esta intransigencia del hombre es reiterada por una cierta violencia. En Guatemala, en el momento de la revolución reprimida de Jacobo Arbenz, que verdaderamente lo lanzará hacia el movimiento revolucionario, Guevara se estremece con los tiros de los cañones y el olor de la pólvora. Más tarde, en la Sierra Maestra, en el curso de la guerrilla para derribar a Batista, el Che Guevara saborea plenamente su amor a las armas, llegando incluso a nombrar a su pistola Beretta "Libertad". Abandona su papel de médico para convertirse en soldado a tiempo completo. Su dureza se revela mortal para varios de sus compañeros sospechosos de traición. Se cuenta que llegó a simular ejecuciones, una forma de tortura psicológica.

Pero después de la toma del poder en Cuba, esta violencia y esta intransigencia forman una mezcla temible cuando el Che participa en el sistema de represión del régimen cubano. En efecto, a menudo ignoramos el importante papel que jugó en la elaboración del sistema de seguridad de Estado de Cuba, el sistema elaborado según el modelo de la KGB con la KGB. El Che comparte pues la responsabilidad de las acciones de represión de este régimen, sobre todo porque presionó a los revolucionarios cubanos para adoptar el modelo soviético.

De esta manera se encarga en 1959 de la prisión La Cabana y del proceso y la ejecución de los opositores. Los procesos son expeditivos, las apelaciones que están en sus manos son rechazadas sistemáticamente. Guevara vela personalmente por la ejecución de los presos. En algunos meses, habrá varios centenares de ejecutados, juzgados arbitraria y rápidamente. Ciertos partidarios de Batista sufrieron un castigo ampliamente desproporcionado a su "crimen". El Che quería que sus oficiales fueran verdugos por turnos con el fin de que su responsabilidad fuera compartida. No conoce la clemencia, su justicia es expeditiva.

Finalmente, muchos ignoran que el Che Guevara el "libertador", el "héroe del pueblo", desempeñó un papel capital en la instauración del campo de trabajo forzado de Guanahacabibes entre 1960 y 1961, un campo destinado a atender los casos difíciles, aquellos de quienes no estaba seguro de tener que encarcelarles. Los que habían cometido "crímenes más o menos graves contra la moral revolucionaria", decía él. En todo caso, el Che parece no haber tenido ningún escrúpulo en encerrar y condenar a trabajos forzosos a los individuos por medio de detenciones arbitrarias y sin juicio. Más tarde, este campo será utilizado por el régimen cubano para encerrar a todos los indeseables (y esto nos remonta a nuestros peores recuerdos): testigos de Jehová, homosexuales, adeptos a religiones afrocubanas como Abakua, y rebeldes no políticos. Entre los años 1980 y 1990, incluso se encerrará allí, de modo arbitrario, a las víctimas del SIDA.

Visto desde este punto de vista, el Che parece netamente menos "crítico" y sus ideales de liberación del pueblo y de igualdad toman una resonancia muy diferente. Parece siempre peligroso idealizar a un hombre, cualquiera que sea.

Llevar la camiseta del Che es un reconocimiento, voluntario o no, a la violencia que jalonó su corta carrera política. Consecuencia de la indumentaria de moda o ideológica, la difuminación o el fracaso son inevitables.

domingo, 6 de julio de 2008

Conspiraciones masónicas

Que la masonería es una secta hostil a la Iglesia Católica, condenada por ésta al correr de los dos últimos siglos, no admite discusión. Desde 1738, en que el Papa Clemente XII dio la primera sentencia condenatoria contra la secta, es muy raro el Pontífice que no se haya ocupado de recordarnos su excomunión. La Encíclica Humanum Genus, del Gran Pontífice León XIII, recordada constantemente por sus sucesores, no puede ser más elocuente. Constituye un documento perfecto de análisis y de enseñanza para todos los católicos, que debieran leer y conocer, por los peligros que para la sociedad y las naciones la masonería encierra, y que, pese a los años transcurridos, mantiene su vigor ante el materialismo grosero que invade a la sociedad moderna, que crea un caldo de cultivo favorable a la proliferación de la secta, la que progresivamente va invadiendo los órganos de dirección, educación, justicia, propaganda y difusión en todas las naciones.

Ni la masonería ha rectificado lo más mínimo sus doctrinas desde aquellas fechas, sino todo lo contrario, las refuerza y crece en insidia y en maldad, aprovechando el ambiente que ella fomenta y que tanto hoy le favorece.

Si filosóficamente constituye una doctrina racionalista, su espíritu ateo, su carácter secreto y maquinador, sus prácticas criminales y su enemiga declarada a lo católico, la elevan al primer plano en la condenación de nuestra Santa Iglesia.

Se frotan las manos los masones al ver a su rival, el comunismo, sentenciado y excomulgado por el representante de Dios en la tierra, procurando ocultar que si una condenación de esta gravedad pesa en estos momentos sobre el comunismo, ateo y perseguidor declarado de la fe de Cristo, la misma excomunión viene pesando desde hace más de un siglo y medio contra el mundo masónico, hipócrita y maquinador, que, pese a sus formas aparentes, es para la sociedad moderna todavía más peligroso que el comunismo que nos amenazaba.

Dejemos por esta vez al sabio Pontífice la calificación de cuanto la secta representa, aunque por su extensión tengamos que espigar en su grandiosa Encíclica. No se trata, pues, de la exposición de nuestro criterio, sino de la declaración de uno de los más sabios y preclaros Pontífices que en la tierra existieron.

El párrafo quinto de su Encíclica nos dice así: "Puesta en claro la naturaleza e intento de la secta masónica por indicios manifiestos, por procesos instruidos, por la publicación de sus leyes, ritos y anales, allegándose a esto muchas veces las declaraciones mismas de los cómplices, esta Sede Apostólica denunció y proclamó abiertamente que la secta masónica, constituida contra todo derecho y conveniencia, era no menos perniciosa al Estado que a la religión cristiana, y amenazando con las mas graves penas que suele emplear la Iglesia contra los delincuentes, prohibió terminantemente a todos inscribirse en esta sociedad. Llenos de ira con esto sus secuaces, juzgando evadir, o debilitar a lo menos, parte con el desprecio, parte con las calumnias, la fuerza de estas sentencias, culparon a los Sumos Pontífices que las decretaron de haberlo hecho injustamente o de haberse excedido en el modo". Y después de acusar "el fingimiento y la astucia de los afiliados a esta iniquidad', continúa en el párrafo séptimo: "A ejemplo de nuestros predecesores, hemos resuelto declararnos de frente contra la misma sociedad masónica, contra el sistema de su doctrina, sus intentos y manera de seguir y obrar, para más y más poner en claro su fuerza maléfica e impedir así el contagio de tan funesta peste".

Acusa igualmente la conspiración de las diversas sectas pertenecientes a la masonería, diciéndonos "que hay en ellas muchas cosas semejantes a los arcanos, las cuales hay mandato de ocultar con muy exquisita diligencia, no sólo a los extraños, sino a muchos de sus mismos adeptos, como son los últimos y verdaderos fines, los jefes supremos de cada fracción, ciertas reuniones más íntimas y secretas, sus deliberaciones, por qué vía y con qué medios se han de llevar a cabo". "Que tienen que prometer los iniciados, y aun de ordinario se obligan a jurar solemnemente, no descubrir nunca ni de modo alguno sus compañeros, sus signos y sus doctrinas." "Buscan hábilmente subterfugios, tomando la máscara de literatos y sabios que se reúnen para fines científicos, hablan continuamente de su empeño por la civilización, de su amor por la ínfima plebe; que su único deseo es mejorar la condición de los pueblos y comunicar a cuantos más puedan las ventajas de la sociedad civil. Cuyos propósitos, aunque fueran verdaderos, no está en ellos todo. Además, deben los afiliados dar palabra y seguridad de ciega y absoluta obediencia a sus jefes y maestros, estar preparados a obedecerlos a la menor señal y de no hacerlo así, a no rehusar los más duros castigos ni la misma muerte. Y, en efecto, cuando se ha juzgado que algunos han hecho traición al secreto o han desobedecido las órdenes, no es raro darles muerte con tal audacia y destreza, que el asesino burla muy a menudo las pesquisas de la Policía y el castigo de la justicia. Ahora bien, esto de fingir y querer esconderse, de sujetar a los hombres como a esclavos con fortísimo lazo y sin causa bastante conocida, de valerse para toda maldad de hombres sujetos al capricho de otro, de armar los asesinos, procurándoles la impunidad de sus crímenes, es una monstruosidad que la misma naturaleza rechaza, y, por lo tanto, la razón y la misma verdad evidentemente demuestran que la sociedad de que hablamos pugna con la justicia y la probidad naturales".

De su conspiración contra los fundamentos del orden religioso nos habla en distintas partes; así, en el párrafo noveno, nos dice que "de los certísimos indicios que hemos mencionado resulta el último y principal de sus intentos, a saber: el destruir hasta los fundamentos todo el orden religioso y civil establecido por el cristianismo, levantando a su manera otro nuevo con fundamentos y leyes sacadas de las entrañas del naturalismo". En el doce nos expresa: "Mucho tiempo ha que se trabaja tenazmente para anular en la sociedad toda injerencia del magisterio y autoridad de la Iglesia, y a este fin se pregona y contiende deber separar la Iglesia y el Estado, excluyendo así de las leyes y administración de la cosa pública el muy saludable influjo de la religión católica, de lo que se sigue la pretensión de que los Estados se constituyan hecho caso omiso de las enseñanzas y preceptos de la Iglesia. Ni les basta con prescindir de tan buena guía como la Iglesia, sino que la agravan con persecuciones y ofensas. Se llega, en efecto, a combatir impunemente de palabra, por escrito y en la enseñanza los mismos fundamentos de la religión católica; se pisotean los derechos de la Iglesia; no se respetan las prerrogativas con que Dios la dotó; se reduce casi a nada su Iibertad de acción, y esto con leyes en apariencia no muy violentas, pero en realidad hechas expresamente y acomodadas para atarle las manos".

Y continúa, al tratar de la persecución a la Sede Apostólica, en su párrafo trece, con las siguientes frases: "Por fin se ha llegado a punto de que los fautores de las sectas proclamen abiertamente lo que en oculto maquinaron largo tiempo; a saber: que se ha de suprimir la sagrada potestad del Pontífice y destruir por entero al pontificado, instituido por derecho divino". "Últimamente han declarado ser propio de los masones el intento de vejar cuanto puedan a los católicos con enemistad implacable, sin descansar hasta ver deshechas todas las instituciones religiosas establecidas por los Papas". La sujeción de la Iglesia Católica en Méjico, no obstante practicar la fe católica las cuatro quintas partes del país, a la iniquidad de estas leyes y decisiones masónicas ofrece una elocuente confirmación.

Al impugnar la corrupción de las costumbres que la masonería fomenta, nos aclara: "Que la única educación que a los masones agrada, con que, según ellos, se ha de educar a la juventud, es la que llaman laica, independiente, libre; es decir, que excluya toda idea religiosa. Pero cuán escasa sea ésta, cuán falta de firmeza y a merced del soplo de las pasiones, bien lo manifiestan los dolorosos frutos que ya se ven en parte; como que en dondequiera que esta educación ha comenzado a reinar más libremente, suplantando a la educación cristiana, prontamente se han visto desaparecer la honradez y la integridad, tomar cuerpo las opiniones más monstruosas y subir de todo punto la audacia de los crímenes".

"Tiene puesta la mira con suma conspiración de voluntades, la secta de los masones, en arrebatar para si la educación de los jóvenes. Ved cuán fácilmente pueden amoldar a su capricho esta edad tierna y flexible y torcerla hacia donde quieran, y nada más oportuno para formar para la sociedad una generación de ciudadanos tal cual ellos se la forjan". "Que hubo en la sociedad masónica quien dijo públicamente y propuso que ha de procurarse con persuasión y maña que la multitud se sacie de la innumerable licencia de los vicios, en la seguridad de que así la tendrán sujeta a su arbitrio para atreverse a todo". "Que conviene que el Estado sea ateo; que no hay razón para anteponer una a otra las varias religiones, sino todas han de ser igualmente consideradas".

Al tratar de sus peligros para el Estado y de su influencia sobre los príncipes y gobernantes, nos anuncia con las siguientes palabras lo que luego vimos repetirse en muchas naciones y Estados: "Al insinuarse con los príncipes fingiendo amistad, pusieron la mira los masones en lograr en ellos socios y auxiliares poderosos para oprimir la religión católica, y para estimularlos más acusaron a la Iglesia con porfiadísima calumnia de contender, envidiosa, con los príncipes sobre la potestad y reales prerrogativas. Afianzados ya y envalentonados con estas artes, comenzaron a influir sobre manera en los Gobiernos, prontos, por supuesto, a sacudir los fundamentos de los imperios y a perseguir, calumniar y destronar a los príncipes siempre que ellos no se mostrasen inclinados a gobernar a gusto de la secta".

La enemiga contra el Soberano belga en los tiempos modernos pasados y la tolerancia con los príncipes masones de Dinamarca, Noruega y Suecia son de una elocuente confirmación.

Señalándonos últimamente para cortar el mal el arrancar la máscara a los masones, dictándonos el párrafo número 29, que realmente no tiene desperdicio. Dice así: "Vuestra prudencia os dictará el modo mejor de vencer los obstáculos y las dificultades que se alzarán; pero como es propio de la autoridad de nuestro ministerio el indicaros Nos mismo algún medio que estimamos más conducente al propósito, quede sentado que lo primero que procuréis sea arrancar a los masones su máscara, para que sean conocidos tales cuales son; que los pueblos aprendan por vuestros discursos y pastorales, dados con este fin, las malas artes de semejantes sociedades para halagar y atraer la perversidad de sus opiniones y la torpeza de sus hechos. Que ninguno que estime en lo que debe su profesión de católico y su salvación juzgue serle licito por ningún titulo dar su nombre a la secta masónica, como repetidas veces lo prohibieron nuestros antecesores. Que a ninguno engañe aquella honestidad fingida; puede, en efecto, parecer a algunos que nada piden los masones abiertamente contrario a la religión y buenas costumbres; pero como toda la razón de ser y causa de la secta estriba en el vicio y en la maldad, claro es que no es lícito unirse a ellos, ni ayudarlos de modo alguno".

Y termina pidiéndonos nuestras obras y nuestra oración con estas palabras proféticas: "Levantase insolente y regocijándose de sus triunfos la secta de los masones, ni parece poner ya límites a su pertinacia. Préstanse mutuo auxilio sus sectarios, todos unidos en nefando consorcio y por comunes ocultos designios, y unos a otros se excitan a todo malvado atrevimiento. Tan fiero asalto pide igual defensa; es a saber: que todos los buenos se unan en amplísima coalición de obras y oraciones. Les pedimos, pues, por un lado, que estrechando las filas, firmes y de mancomún, resistan los ímpetus cada día más violentos de los sectarios. Por último, que levanten a Dios las manos y le supliquen con grandes gemidos, para alcanzar que florezca con nuevo vigor la religión cristiana; que goce la Iglesia de la necesaria libertad; que vuelvan a la buena senda los descarriados y al fin abran paso a la verdad los errores y los vicios a la virtud".

Sumemos nuestra voz y rompamos nuestra lanza por las intenciones de aquel preclaro Pontífice y que Dios confunda a los sectarios.

viernes, 4 de julio de 2008

El Yoga: En la filosofía y en la práctica es incompatible con el Cristianismo

Por James Manjackal MSFS

Como cristiano católico nacido en el seno de una familia católica tradicional en Kerala, en la India, pero habiendo vivido entre hindúes; y ahora como religioso, sacerdote católico y predicador carismático en 60 países de los cinco continentes, creo que tengo algo que decir sobre los efectos perniciosos que tiene el yoga en la vida y en la espiritualidad cristiana.

Se que hay un interés creciente por el yoga en todo el mundo, incluso entre los cristianos y que también ese interés se extiende a otras prácticas esotéricas y de la Nueva Era como el Reiki, la reencarnación, la acupresión, la acupuntura, la sanación pránica o pranoterapia, la reflexiología, etc. métodos sobre los que el Vaticano ha prevenido y avisado en su documento "Jesucristo, portador del agua de la vida".

Para algunos el Yoga es un medio de relajación y de alivio de la tensión, para otros es un ejercicio que promueve la salud y el estar en forma y, para una minoría, es un medio para la curación de enfermedades.

En la mente del católico medio, ya sea laico o del clero, hay mucha confusión pues el Yoga según se promueve entre los católicos no es exclusivamente ni una disciplina relacionada con la salud ni una disciplina espiritual sino que unas veces es una cosa, otras veces la otra, y frecuentemente una mezcla de las dos. Pero el hecho es que el Yoga es principalmente una disciplina espiritual y sé que incluso hay sacerdotes y hermanas en seminarios y noviciados que aconsejan el Yoga como una ayuda para la meditación y para la oración.

Es triste que hoy en día muchos católicos estén perdiendo la confianza en las grandes prácticas espirituales y místicas para la oración y la disciplina que recibieron de grandes santos como Ignacio de Loyola, Francisco de Asís, Francisco de Sales, Santa Teresa de Avila, etc. y ahora sigan a espiritualidades y místicas orientales que provienen del Hinduismo y del Budismo. A este respecto, un cristiano sincero debería informarse sobre la compatibilidad del Yoga con la espiritualidad cristiana y sobre la conveniencia de incorporar sus técnicas en la oración y en meditación cristianas.

¿Qué es el Yoga?

La palabra Yoga significa "unión", el objetivo del Yoga es unir el yo transitorio (temporal), "JIVA", con el (yo eterno) infinito, "BRAHMAN", el concepto hindú de Dios.

Este Dios no es un Dios personal, sino que es una sustancia impersonal espiritual que es uno con la naturaleza y el cosmos.

Brahman es una sustancia impersonal y divina que "impregna, envuelve y subyace en todo". El Yoga tiene sus raíces en los Upanishads hindúes que son anteriores al año 1000 AC, y dice sobre el Yoga que "une la luz dentro de ti con la luz de Brahman". "Lo absoluto está en uno mismo" dicen los Upanishads Chandogya, "TAT TUAM ASI" o "ESO ERES TÚ".

Lo Divino habita dentro de cada uno a través de Su representante microcósmico - el yo individual- llamado Jiva.

En el Bhagavad Gita, el señor Krishna describe el Jiva como "mi propia parte eterna", y afirma que "la alegría del yoga le llega al yogi que es uno con Brahman".

En el año 150 AC, el yogi Patanjali explicó las ocho vías que guían las prácticas del Yoga desde la ignorancia a la iluminación – las ocho vías son como una escalera – Estas son: el autocontrol (yama), práctica religiosa (niyama), posturas (asana), ejercicios de respiración (pranayama), control de los sentidos (pratyahara), concentración (dharana), contemplación profunda (dhyana), iluminación (samadhi).

Aquí es interesante observar que las posturas y los ejercicios de respiración que frecuentemente son considerados en Occidente como todo el Yoga, son los pasos 3 y 4 hacia la unión con Brahman.

El Yoga no es sólo un sistema elaborado de posturas y de ejercicios físicos, es una disciplina espiritual que pregona llevar el alma al samadhi, a la unión total con el ser divino. El samadhi es el estado en el que lo natural y lo divino se convierten en uno, el hombre y Dios llegan a ser uno sin ninguna diferencia. Este enfoque es radicalmente contrario al Cristianismo en donde claramente hay una distinción entre Creador y criatura, entre Dios y hombre.

En el Cristianismo, Dios es el "Otro" y nunca "el mismo"

Es triste que algunos promotores del Yoga, Reiki o de otras disciplinas o meditaciones distorsionen algunas citas de la Biblia al citarlas aisladas para corroborar sus argumentos tales como: "sois templo de Dios" "el agua viva fluye en ti", "estaréis en Mi y Yo estaré en vosotros" "ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mi", etc., sin entender el contexto ni el significado de estas palabras de la Biblia.

Hay gente que retrata a Jesús incluso como a un yogui, como actualmente podemos ver en imágenes de Jesús en conventos, capillas y presbiterios – ¡Jesús está representado en posturas de meditación de yogui!".

Decir que Jesús es "un yogui" es denegar Su divinidad, santidad y perfección intrínseca e insinúa que Él tenía una naturaleza imperfecta sujeta a la ignorancia y a la ilusión (Maya), y que necesitó ser liberado de su condición humana mediante la práctica y la disciplina del yoga.

El yoga es incompatible con la espiritualidad cristiana porque es panteísta (Dios es todo y todo es Dios), y sostiene que existe una realidad única y todo lo demás es ilusión o Maya.

Si sólo existe una realidad y todo lo demás es ilusorio, no puede haber ninguna relación ni amor. El Centro de la fe Cristiana es la fe en la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas en un solo Dios, el modelo perfecto de relación amorosa. El Cristianismo es todo sobre relaciones con Dios y entre los hombres:

"Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón con toda tu alma y toda tu mente. Este es el principal y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás al prójimo como a ti mismo" (Mt 22: 37-39).

En el Hinduismo, el bien y el mal, lo mismo que el dolor y el placer son ilusorios (Maya) y por lo tanto irreales. Vivekananda, el icono más respetado del Hinduismo moderno, decía: "el bien y el mal son uno y lo mismo". En el Cristianismo, la cuestión controvertida del pecado como una ofensa contra la Santidad de Dios es inseparable para nuestra fe, porque el pecado es la razón por la que necesitamos un Salvador. La Encarnación, la Vida, la Pasión, la Muerte y la Resurrección de Jesús son para nosotros medios de salvación, es decir, para liberarnos del pecado y de sus consecuencias. No podemos ignorar esta diferencia fundamental a la hora de absorber en la Espiritualidad Cristiana al Yoga y a otras técnicas de meditación orientales.

En el mejor de los casos el Yoga es una práctica pagana y en el peor es una práctica oculta.

Esta es la religión del anticristo (el hombre que se hace Dios) y por primera vez en la historia está siendo practicada frenéticamente en el mundo occidental y en América. Es ridículo que maestros de Yoga lleven incluso una cruz o algún símbolo cristiano, engañan a la gente diciendo que el Yoga no tiene nada que ver con el Hinduismo y dicen que es sólo cuestión de aceptar a otras culturas. Otros han intentado enmascarar al Yoga con apelativos cristianos denominándole "Yoga Cristiano".

Esta no es una cuestión de aceptar la cultura de otro pueblo, es una cuestión de aceptar otra religión que es irrelevante para nuestra religión y de conceptos religiosos heréticos. Es una pena que el Yoga se haya expandido tan frenéticamente desde los jardines de infancia hasta todo tipo de instituciones de medicina, psicología, etc., llamándose a si mismo ciencia cuando no lo es en absoluto; y se está vendiendo bajo la etiqueta de "terapia de relajación", "auto-hipnosis", "visualización creativa", "centering", etc.

El Hatha Yoga, está ampliamente difundido en Europa y en América como método de relajación y como ejercicio no agotador, es uno de los seis sistemas reconocidos del Hinduismo ortodoxo, en su origen es religioso y místico, y es la forma más peligrosa de Yoga (Dave Hunt, "The Seduction of Christianity" página 110).

Recordad las palabras de San Pablo: "No os maravilléis, pues también Satanás se disfraza de ángel de luz" (II Cor 11: 14).

Es cierto que mucha gente se ha sanado por medio del Yoga y de otras formas orientales de meditación y oración. Aquí es donde los cristianos deberían preguntarse a sí mismos si necesitan una sanación y beneficios materiales o a su Dios, Jesucristo en el que creen, y quien es la fuente de todas las sanaciones y de la buena salud. El deseo de llegar a ser Dios es el primer y el segundo pecado en la historia de la creación según está registrado cronológicamente en las Biblia: "Tú decías en tu corazón: El cielo escalaré, encima de las estrellas de Dios levantaré mi trono; en el monte de la asamblea me sentaré, en lo último del norte. Subiré a las alturas de las nubes, seré igual que el altísimo" (Is 14: 13-14).

La serpiente le dijo a la mujer: "¡No, no moriréis! Antes bien, Dios sabe que en el momento en que comáis se abrirán vuestros ojos y seréis como dioses conocedores del bien y del mal" (Gen 3: 4-5).

La filosofía y la práctica del Yoga están basados en la creencia de que el hombre y Dios son uno. Se enseña a poner el énfasis en uno mismo en lugar de en el Único y Verdadero Dios.

Se anima a los que participan a buscar las respuestas a los problemas y cuestiones de la vida en su mente y su conciencia en vez de buscar soluciones en la Palabra de Dios a través del Espíritu Santo, como sucede en el cristianismo.

En los últimos ocho años, he predicado la palabra de Dios principalmente en los países europeos que en tiempos fueron la cuna del cristianismo, y de donde salieron evangelizadores y misioneros, mártires y santos.

¿Podemos llamar a Europa cristiana ahora? ¿No es cierto que Europa ha borrado de su vida todos sus valores y conceptos cristianos? ¿Por qué se avergüenza Europa de reconocer sus raíces cristianas? ¿Dónde están los valores morales y la ética que desde hace siglos se practicaban en Europa y que fueron llevados a otras civilizaciones y culturas a través de la proclamación valiente del Evangelio de Cristo? ¡Por sus frutos conoceréis el árbol!

Yo creo que estas dudas y confusiones, la apostasía e infidelidad, la frialdad religiosa y la indiferencia han llegado a Europa a partir de que fueron introducidos en Occidente la mística y las meditaciones orientales, las prácticas esotéricas y las de la Nueva Era. En mis retiros carismáticos, la mayoría de los participantes vienen con diferentes problemas morales, espirituales, físicos o psíquicos para ser liberados y sanados y para recibir una nueva vida mediante la fuerza del Espíritu Santo.

Con toda la sinceridad de mi corazón, puedo decir que entre el 80 y el 90% de los participantes han estado en el Yoga, el Reiki, la reencarnación, etc. que son prácticas religiosas orientales. Allí han perdido la fe en Jesucristo y en la Iglesia. En Croacia, Bosnia, Alemania, Austria e Italia he tenido casos claros en los que individuos poseídos por el poder de la oscuridad gritaban "Yo soy Reiki", "Yo soy el Sr. Yoga". Ellos mismos se identificaban a estos conceptos como si fueran personas mientras yo dirigía una oración de sanación por ellos. Posteriormente tuve que hacer una oración de liberación sobre ellos para liberarles de la posesión del maligno.

Hay personas que dicen: "no hay nada de malo en la práctica de estos ejercicios, basta con no creer en la filosofía que hay detrás". Sin embargo los promotores del Yoga, Reiki, etc, afirman claramente que la filosofía y la práctica son inseparables. Por eso un cristiano no puede en ningún caso aceptar la filosofía y la práctica del yoga, ya que el Cristianismo y el Yoga son dos puntos de vista que se excluyen mutuamente.

El Cristianismo ve al pecado como el principal problema del hombre, lo considera como un fracaso a la hora de ajustarse tanto a los estándares como al carácter de un Dios moralmente perfecto. El hombre está distanciado de Dios y necesita la reconciliación. La solución es Jesucristo "el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo". Por la muerte de Jesús en la cruz, Dios ha reconciliado consigo al mundo. Ahora llama a los hombres a recibir en libertad todos los frutos de su salvación sólo a través de la fe en Cristo.

A diferencia del Yoga, el Cristianismo ve la redención como un regalo gratuito que sólo puede ser recibido y nunca ganado o alcanzado a través del propio esfuerzo o con obras. Lo que se necesita hoy en Europa y en muchos sitios es la proclamación enérgica del mensaje de Cristo que viene de la Biblia y que es interpretado por la Iglesia para evitar dudas y confusiones que se difunden en Occidente entre muchos cristianos, y llevarles al Camino, la Verdad y la Vida: Jesucristo. Sólo la verdad puede hacernos libres.

Fuente ACI Prensa

jueves, 3 de julio de 2008

El aborto como método de explotación capitalista

"Estamos en realidad ante una objetiva ‘conjura contra la vida’, que ve implicadas incluso a instituciones internacionales"

Un estudio de hace unos años, realizado por Ermenegildo Spaziante, miembro de la Sociedad Italiana de Bioética y publicado por la Universitá Cattolica del Sacro Cuore de Roma, fijaba en 38.896.000 el número anual de abortos en el mundo (casi 110.000 diarios). Ahora estas cifras han aumentado significativamente. Por poco sensibilizado que esté uno hacia el tema, no puede negarse que se trata de un hecho sin igual en la historia de la especie humana y adquiere tintes de genocidio universal. Por ello, debe evitar acometerse con puntos de vista estrechos y reduccionistas, que dejen el tema envuelto en brumas parciales. Y es que el problema del aborto en el mundo, por más que así se nos presente por quienes lo defienden, excede con mucho el problema de la liberación de la mujer: los fetos desechados pertenecen a ambos sexos –más aún, suele tenderse, al menos en el tercer mundo, a que pertenezcan mayoritariamente al género femenino-; como tampoco cabe, en sana lógica, situar una matanza de esta magnitud en el terreno de la revolución sexual, que se nos aparecería como desproporcionadamente cara por grandes que pudieran ser sus beneficios presentes y futuros. Por eso, consciente de la dificultad de ligar el tema a una dinámica puramente ideológica, todo el orquestado discurso proabortista ha tendido a presentar el tema desde una óptica individual y hasta casuística, buscando propiciar en el ciudadano la sensación de que se trata de un “problema de conciencia” en el que no tiene arte ni parte nadie sino la mujer afectada. No es así, sin embargo; y no hablo aquí de entrar en polémica sobre si el feto es ya un ser humano o no lo es; ni si el varón tiene derecho alguno a intervenir; ni si lo tiene la Iglesia, o la sociedad. El aborto, a nivel mundial, es, por encima de todo, un acto de imperialismo brutal a cuenta de los países ricos sobre los pobres. Y esto, que puede sonar a demagógico, no lo es en absoluto.

El meollo de toda la política antinatalista del mundo desarrollado sobre el subdesarrollado tiene su punto de origen en el problema de la competencia por mano de obra barata y en el fenómeno de la inmigración. Vayamos al segundo: es un hecho que, cada año desde hace treinta, un millón de inmigrantes del sur se instala en el norte. Lo es también que el norte no sabe ya cómo convencer al sur de que la causa de su pobreza es su sobredimensionado crecimiento demográfico. Y parece lógica esta dificultad: ¿no es verdad que la densidad de población de, por ejemplo, Japón (325 habitantes por Km2, y 23.000 dólares anuales de renta per cápita), sobrepasa con creces la de la mayoría de los países que se consideran “pobres” (como Tanzania, que con 25 habitantes por Km2, sólo alcanza los 130 dólares de renta per cápita)?. Cualquier persona medianamente informada –los países del Tercer Mundo son pobres, pero no tontos- sabe que una adecuada revolución demográfica es un factor esencial para cualquier proceso de promoción y expansión industrial de primera fase; más población es también más mano de obra –lo que la hace más barata-, y más mercado interior, elementos esenciales ambos para consolidar una mínima infraestructura industrial capaz de abrirse posteriormente a la competencia exterior. Europa, desde luego, tuvo su propia revolución demográfica, desde la inglesa, inaugurada a principios del siglo XIX, a la española, concluida en los años sesenta de nuestro siglo.

Recordemos cómo, ya en el siglo XVII y XVIII, nuestros novatores e ilustrados supieron ver en la despoblación que entonces aquejaba a la península una de las causas de la decadencia nacional. Pero también es fácil colegir –y comprobar históricamente- que los beneficios de una expansión demográfica concluyen, e incluso comienzan a revertir negativamente, en el momento en que se alcanza un punto de saturación, si ésta no viene acompañada de un cualitativo empujón tecnológico. Europa solventó este problema mediante la emigración: chorros de europeos invadieron durante siglo y medio los continentes vecinos (África, América) y no tan vecinos (Oceanía, Extremo Oriente) hasta descongestionar sus respectivas poblaciones incluso a costa de sustituir a las poblaciones autóctonas en sus lugares de destino. En 1895, sir Cecil Rhodes afirmaba en el Parlamento británico que “para salvar los 40 millones del Reino Unido de una guerra civil funesta, nosotros, los políticos coloniales, hemos de tomar posesión de nuevos territorios para colocar en ellos el exceso de población, para encontrar nuevos mercados en los que vender los productos de nuestras fábricas y de nuestras minas”.

A la vista de esto, podemos decir, sin temor a equivocarnos, que una parte del Tercer Mundo pagó con la extinción el progreso del hombre blanco. Pues bien: el mundo en vías de desarrollo lleva veinte años necesitando del mismo modo, y con la misma urgencia, una descongestión demográfica que le arranque de la miseria y le aparte del peligro –ya peligrosamente constatable- de la guerra civil. El problema está en que, en ese camino, no ha hecho más que tropezar con el primer mundo, que sólo le ofrece parches, pero no soluciones efectivas. En la Conferencia de la Población de El Cairo, de 1994, por ejemplo, los países desarrollados se negaron repetidamente a ampliar sus cuotas de inmigración y a abrir las barreras aduaneras a la importación de productos del sur, tal como pedían los países pobres. En cambio, sí que supieron ofrecer notabilísimas ayudas encaminadas a la “planificación familiar” y, muy especialmente, al aborto. Resulta bien significativo que el presidente Billy Clinton, que no ha tenido empacho en negar al aborto, en su propio país, la cualificación de “método de planificación familiar”, impidiendo así que sea subvencionado con fondos federales, lo proponga en cambio como tal para el Tercer Mundo. Ya en la Conferencia de Población de Méjico (1984) el mundo rico intentó incluir el aborto en los países en desarrollo como “método de planificación familiar”, siendo rechazada la propuesta. En la de El Cairo se insistiría en las mismas pretensiones, fijando incluso un límite para la población del planeta, en 7.270 millones. El promotor de esta “luminosa” idea no es otro que el “Fondo para la Población de la Naciones Unidas”, fundación creada a iniciativa de los Estados Unidos para camuflar sus intereses en las campañas contra la natalidad para el Tercer Mundo.

No es, como digo, demagogia mencionar los intereses que el gigante capitalista tiene a la hora de frenar la expansión demográfica de los países en desarrollo: el mismo Juan Pablo II así lo afirmó en su rotunda y reveladora encíclica Evangelium Vitae, del año 1995, cuando decía que “estamos en realidad ante una objetiva ‘conjura contra la vida’, que ve implicadas incluso a instituciones internacionales”. Como muestra, un botón: el 16 de marzo de 1994, poco antes de la Conferencia de El Cairo, el departamento de Estado norteamericano ordenó a sus embajadas que insistieran a sus gobiernos anfitriones en que los Estados Unidos consideraban el acceso al aborto voluntario un derecho fundamental de todas las mujeres, y, a comienzos del segundo mandato de Clinton, en febrero de 1997, el Congreso de los Estados Unidos aprobó una ley presupuestaria de 385 millones de dólares (53.900 millones de pesetas) destinados a la planificación familiar y al aborto en el Tercer Mundo. Simultáneamente, era rechazada una moción del congresista pro-vida Chris Smith que, aludiendo a lo que llamó “imperialismo demográfico”, ofrecía aumentar la partida hasta 713 millones siempre que del programa antinatalista fuera explícitamente excluido el fomento del aborto.

Obviamente, las intenciones del presidente Clinton y de sus compañeros de viaje no pasaban por esa exclusión. La razón la dio explícitamente la entonces nueva secretaria de Estado, Madeleine Albrigth, alegando que el control de nacimientos en el Tercer Mundo es pieza fundamental de su política de promoción de los intereses norteamericanos. Algunos otros congresistas supieron ser algo más explícitos y aludieron a necesidad de reducir la competencia por mano de obra barata en el mercado internacional (ABC, 16-2-97). Pero no se crea que este planteamiento estratégico-defensivo proviene de estos últimos años, o está únicamente representado por Clinton; tiene su origen, más bien, en el famoso “Documento 2000” del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, aprobado el 10 de diciembre de 1974 por el presidente Gerald Ford, documento, como es obvio a tenor de la dureza de su contenido, originariamente secreto, y sin embargo desvelado en 1990 gracias a las presiones de algunos historiadores que supieron invocar con éxito las leyes de secretos oficiales. El documento, textualmente, afirma en algunos de sus apartados:

Punto 19: Los actuales factores de población en los países menos desarrollados suponen un riesgo político e incluso problemas de seguridad nacional para los Estados Unidos”.

Punto 30: Los países con interés político y estratégico especial para los Estados Unidos son India, Bangla Desh, Pakistán, Nigeria, México, Indonesia, Brasil, Filipinas, Tailandia, Egipto, Turquía, Etiopía y Colombia (...) El presidente y el secretario de Estado deben tratar específicamente del control de la población mundial como un asunto de la máxima importancia en sus contactos regulares con jefes de otros gobiernos, particularmente de países en desarrollo”.

Punto 33: Debemos tener cuidado de que nuestras actividades no den a los países en desarrollo la apariencia de políticas de un país industrializado contra países en desarrollo. Hay que asegurar su apoyo en este terreno. Los líderes del Tercer Mundo deben figurar a la cabeza y recibir el aplauso por los programas eficaces”.

Punto 34: Para tranquilizar a otros respecto de nuestras intenciones, debemos hacer énfasis en el derecho de los individuos y las parejas a decidir libre y responsablemente el número y el espaciamiento de sus hijos, el derecho a recibir la información, educación y nuestro continuo interés en mejorar el bienestar de todo el mundo. Debemos utilizar la autoridad del Plan Mundial de Población de las Naciones Unidas”.

No sabemos si tendrá que ver con aquellas áreas de interés estratégico el hecho de que la primera conferencia de población se celebrase en Méjico, y la segunda en Egipto. Pero sí podemos constatar que el Fondo para la Población de las Naciones Unidas es una de las pocas oficinas de la O.N.U. que ve crecer sus presupuestos cada año, financiados en un 50 % por los Estados Unidos, y el resto por otros países del Primer Mundo. En 1994, por ejemplo, contaba con 246 millones de dólares, más otros 1.000 millones en programas destinados expresamente a frenar la natalidad de los países pobres. Sus actividades se centran en la esterilización, anticoncepción y aborto en el mundo en desarrollo. Con todo, su más rutilante actuación en los últimos tiempos, ha sido la convocatoria de la polémica Conferencia de El Cairo, encaminada en un primer momento a conseguir que los países destinatarios de los programas antinatalistas contribuyesen económicamente al sostenimiento de éstos.

Claro, que no es el Fondo de Población la única institución con que juegan los intereses estratégicos de los Estados Unidos: una gran parte de los 385 millones de dólares (al cambio, muchos millones de pesetas) que el Congreso norteamericano dedicó en febrero del 97 a la planificación familiar en el Tercer Mundo, habrían de ser encauzados a través de la International Planet Parenthood Federation (I.P.P.F.), una multinacional del aborto fundada a principios de este siglo en Estados Unidos (Brooklin, 1916) por Margaret Sanger a partir de una clínica abortiva. La I.P.P.F., por otro lado, tuvo mucho que ver con la redacción del documento propuesto –y afortunadamente rechazado- en El Cairo: el 31 de marzo de 1994, por ejemplo, I.P.P.F. se jactaba públicamente de que su presidente, Fred Sai, lo era a su vez de la tercera conferencia preparatoria, y de que la delegada de la organización abortista para el hemisferio occidental, Billie Miller, presidía el grupo de O.N.Gs y el comité de planificación. No decía, aunque era de dominio público, que Nafis Sadik, directora por entonces del Fondo para la Población de las Naciones Unidas, había trabajado con anterioridad para la I.P.P.F., lo mismo que el secretario de Estado adjunto para Cuestiones Globales de los Estados Unidos, antiguo director de la I.P.P.F. en Denver. Junto a esa verdadera “multinacional de la muerte”, hay que citar también la Fundación Ford, la Fundación Rockefeller, el Alan Guttmacher Institute, que depende del I.P.P.F., o el Population Council, financiado por el gobierno norteamericano. Pero quizá el más importante instrumento de presión del “lobby” antinatalista sea el Banco Mundial, con su política dirigida a condicionar los créditos a los países pobres al grado de cumplimiento de las directrices marcadas por el Fondo para la Población de las Naciones Unidas.

Recordemos que la deuda externa es uno de los más dolorosos cánceres del Tercer Mundo. Mozambique, por ejemplo, tuvo que desembolsar en 1996, por este concepto, el doble de lo que dedicó a educación y salud. Y no caigamos en la trampa –claramente racista- de culpar del desastre a una nunca demostrada “incapacidad” de esos países para valerse por sí solos o para escapar de la corrupción política. Tengamos en cuenta que durante los años ochenta, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, los tipos de interés para los países pobres fueron en conjunto cuatro veces más elevados que para los países ricos. Del mismo modo, conviene no olvidar que el problema de la deuda externa tiene orígenes relativamente cercanos, pues se remonta a la crisis del petróleo de 1973. En esas fechas, los grandes bancos mundiales vieron crecer sus fondos por las imposiciones provenientes de los países de la O.P.E.P., que habían acrecentado sobremanera sus ingresos después de cuadruplicar el precio del petróleo, y se lanzaron desaforadamente a una arriesgada política de préstamos sobre los países en desarrollo. Como es natural, éstos recibieron ávidos esta inopinada lluvia de millones que, en muchos casos, no fueron a parar al objetivo para el que habían sido solicitado. Por otra parte, y al mismo tiempo, el aumento del precio del crudo provocaba en el mundo industrializado un galopante proceso inflacionario de difícil solución sino con medidas radicales.

En 1979, el gigante norteamericano se vería obligado a un duro ajuste monetario, que fue inmediatamente seguido por todos los otros países del bloque industrializado. La consecuencia para el Tercer Mundo, que vivía de sus exportaciones, no se hizo esperar: en breve plazo, aquellos países que habían contraído deudas a tipos de interés variable –que eran, lógicamente, casi todos- vieron cómo los intereses de sus préstamos se multiplicaban. Las más de las veces la deuda se convertía en un peso insalvable: los pagos anuales, efectuados con notables sacrificios por los deudores, no alcanzaban a cubrir ni siquiera el montante de los intereses. En 1996, por ejemplo, la deuda externa acumulada por Zambia duplicaba su P.N.B. Ese mismo año, el mundo en desarrollo debía al primer mundo globalmente el doble que diez años antes, sólo en calidad de acumulación de intereses impagados.

Así las cosas, no es posible ignorar el funcionamiento interno por el que se rige la actividad del anteriormente mencionado Banco Mundial. Nacido, como el Fondo Monetario Internacional (F.M.I.), en julio de 1944 en Bretton Woods (EE.UU.), representó en su momento el deseo de diseñar las directrices económicas de un mundo que ya preveía la victoria en la Segunda Guerra Mundial, y anhelaba extender y globalizar su capitalismo a escala planetaria. No cabe duda de que sus objetivos están cerca de cumplirse, si es que no lo han hecho ya. A finales de 1991 la revista The Economist y el New York Times sacaron a la luz un memorándum interno del Banco Mundial según el cual esta institución debía estimular la instalación en el Tercer Mundo de las industrias más sucias, por varias razones: la misma lógica económica, que invita a alejar de la propia casa los residuos, los bajos niveles de contaminación de esos países, a causa de su menor densidad de población, y la escasa incidencia del cáncer sobre grupos de gente cuya esperanza de vida es de por sí pequeña. ¿Puede extrañar a alguien, pues, que el primer mundo necesite perpetuar el déficit poblacional del mundo en desarrollo? Es preciso señalar que, en las decisiones del F.M.I., los Estados Unidos cuentan con un 17’80 % de los votos, y el mundo desarrollado en conjunto (unos quince países, de un total de poco más de ciento setenta y cinco), el 55 %. El porcentaje, por supuesto en un sistema cuya base es el dinero, viene determinado por las aportaciones económicas al Fondo, lo que deja fuera de juego a los países menos desarrollados. Por ejemplo, el grupo formado por Argentina, Chile, Bolivia, Paraguay, Perú y Uruguay no suma más del 2’15 % de los votos.

El demógrafo Karl Zinsmeister ya demostró en 1994, en sendos artículos publicados por las revistas norteamericanas The National Interest y Population Research Institute Review, que el problema demográfico no existe en cuanto tal, sino como consecuencia de una injusta distribución de la riqueza. La misma División de la Población de la Naciones Unidas, organismo estadístico sin capacidad ejecutiva y por ello, hasta la fecha, libre de la infiltración estratégica de los países ricos, aseguró en 1994, en su documento anual “Perspectivas de la población mundial”, que el famoso “peligro demográfico” es cada vez menor, y que, por encima de pesimismos más o menos interesados, el crecimiento demográfico del planeta se está estabilizando. En 1960, la previsión mundial de población para el año 2000, era de casi 10.000 millones; a pocos meses del nuevo milenio, hay que revisar esa cifra notablemente a la baja. Y la razón, desde luego, no es la actividad antinatalista del F.P.N.U., sino la misma lógica demográfica, que determina que, a mayor nivel de vida, se corresponde un descenso en la cantidad del número de hijos por pareja. Por otro lado, no conviene magnificar desmesuradamente la triste situación económica del mundo. Hace sólo treinta años, el 80 % de la población de los países en vías de desarrollo vivían bajo el triste umbral de las 2.000 calorías per cápita, y en esos mismos países sólo un 2 % superaba las 2.700. Hoy no llega al 8’5 % la cantidad de población en vías de desarrollo que no alcanza el umbral mínimo, y supera el 15 % la que sobrepasa el de las 2.700 calorías. En este tiempo, y mientras la población mundial se duplicaba, el suministro medio de calorías per cápita del planeta pasaba de 1.950 a 2.475. En la actualidad existe, por ejemplo, un 60 % más de cereales disponibles por persona que en 1960. La F.A.O., en 1994, determinó que, de 1950 hasta ese año, la producción mundial de cereales se había multiplicado por tres, mientras la población sólo se había duplicado. Y, en 1996, durante la Cumbre Mundial sobre la Alimentación, este organismo internacional reveló que desde 1970 en los 55 países más pobres de la tierra la esperanza de vida se había disparado. En Tanzania, por ejemplo, ha pasado de los 41 a los 52 años; en Etiopía, de los 37 a los 47, y en Sudán, de los 40 a los 53. El catastrofismo, en todo caso, no es de hoy: ya en el siglo II después de Cristo, Tertuliano se quejaba de que el mundo no podía soportar más carga demográfica. De entonces ahora, algo ha llovido, y algo hemos avanzado. La realidad histórica demuestra que la capacidad de la técnica humana permite ampliar el ecúmene hasta límites insospechados. Roger Revelle, que fue director del Harvard Center for Population Studies, ha llegado a afirmar que las capacidades tecnológicas actuales, bien aplicadas, permitirían alimentar a 40.000 millones de personas en el mundo. Un buen ejemplo de esto es lo que se llamó la “revolución verde”, llevada a cabo por el doctor M.S. Swaminathan en la India a partir de un arroz de laboratorio, el I.R. 36, capaz de un rápido crecimiento y de una fuerte resistencia a las plagas y enfermedades, que permitió al país asiático, entre 1967 y 1987, multiplicar su producción de cereal por habitante en un período en que su población había crecido en 100 millones, e incluso acumular un stock de 50 millones de toneladas y convertirse, desde 1980, en país exportador. Por otra parte, la superficie cultivada es susceptible de aumentar: en China, por ejemplo, donde la política antinatalista se ha ejercido de la forma más brutal y donde su fracaso ha sido más evidente, la superficie apta para el cultivo de secano y no utilizada es de 2.500 millones de hectáreas, tres veces más que la que se dedica a la explotación. Lo mismo ocurre con el problema de la desertización. La F.A.O. ha prevenido frecuentemente contra la poca credibilidad de los mecanismos que se utilizan para evaluar la irrecuperabilidad de las tierras, y hay casos que desmienten muchas de estas clasificaciones, como el programa agrícola que devolvió la fertilidad a algunas zonas de Kenia, y que logró demostrar que una tierra clasificada como no restaurable puede dejar de serlo con sólo aplicar en ella la tecnología y los incentivos adecuados. Para qué hablar de las experiencias israelíes.

El problema, en cualquier caso, no es demográfico, sino de reparto. Aunque los países pobres son cada día, en efecto, menos pobres, los ricos son más ricos, de modo que las diferencias se acrecientan. En el año 1800, el P.N.B. por habitante era de 200 dólares entre los países del norte, y de 206 en los del sur. En 1900, ya el norte dispone de 528 dólares de P.N.B. por habitante, y el sur sólo de 179. A la altura de 1987, la diferencia es escandalosa: el norte disfruta de un P.N.B. medio por habitante de 14.430 dólares, y el sur sólo de 700. No cabe la menor duda de que, objetivamente, el sur ha mejorado en este tiempo; pero la pobreza es tanto más evidente, y se hace más injusta, cuando se la coteja con el lujo. Baste señalar que los Estados Unidos, por sí solos, podrían alimentar adecuadamente a los 6.000 millones de habitantes que viven hoy sobre la Tierra (un solo niño norteamericano consume anualmente lo que 422 etíopes), y que sólo poniendo en juego un 10 % de los stocks del mundo desarrollado, podría acabarse con los problemas de malnutrición del Tercer Mundo. Cada occidental consume y, en consecuencia, ensucia cuatro veces más que cada habitante del Tercer Mundo. Es significativo que la riqueza de 225 personas en el mundo equivalga a la de la mitad de la Humanidad, y que las tres personas más ricas del mundo (entre ellas Bill Gates) superen en conjunto el presupuesto de los 48 países más pobres, según denunció en septiembre de 1998 el director regional del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo de América Latina y el Caribe, Alfonso Zumbado, en su Informe Anual de Desarrollo Humano. Mientras un 20 % de la población del Planeta vive aún por debajo de lo que se considera el umbral de la pobreza, el mundo rico se gasta anualmente en el cuidado y manutención de sus animales domésticos un montante de 17.000 millones de dólares, más otros 12.000 en perfumes y cosméticos. Claro que estas cifras cobran su verdadera dimensión cuando se sabe que serían suficientes 13.000 millones de dólares para lograr que todos los seres humanos tuvieran acceso a unos mínimos servicios de salud. Baste conocer, en suma, que el 40 % de la humanidad ha de valerse con tan sólo el 3’3 % de los recursos, mientras el 20 % del planeta consume el 82’7 % y, lo que es más escandaloso, produce simultáneamente el 80 % de la contaminación. A este respecto, no deja de resultar curioso que sean precisamente los países industrializados –es decir: aquéllos que contaminan en mayor medida- quienes abanderen el movimiento de la ecología como dogma ético de la globalidad mundialista, conminando a los países del Tercer Mundo a conservar vírgenes sus bosques y selvas (los “pulmones del planeta”) aunque ello les suponga a medio plazo el estancamiento económico. Curioso -y hasta cínico-, cuando comprobamos, como ha sucedido hace poco en la cumbre de Kioto, que el llamado “primer mundo” no está dispuesto a reducir su carrera hacia la opulencia ni siquiera ante la posibilidad más que probable de dejar la biosfera hecha unos zorros. Sin duda, es más fácil pedir al mendigo que limpie el basurero global mientras nosotros lo llenamos; en suma: que siga siendo pobre, para que podamos nosotros seguir siendo ricos. No podemos evadirnos de nuestra responsabilidad; y nótese que al utilizar la primera persona del plural incluyo en ese capítulo también a España, como parte del mundo rico. Debemos ser conscientes de que una parte –no me atrevo a asegurar que pequeña- de nuestra riqueza es espuria, sustraída al esfuerzo universal de la Humanidad gracias a una privilegiada –y no siempre honestamente conquistada- posición en la parrilla de salida.

Está claro que la solución no puede pasar por pedir a los países pobres que lo sigan siendo y abandonen sus expectativas de industrializarse, mientras el mundo “rico” continúa contaminando y disfrutando de los mismos niveles de producción y consumo que hasta ahora. La única solución ha de ser, fundamentalmente, asumir la interdependencia como un reto de futuro y como un compromiso moral, y no sólo como paisaje-escenario para el enriquecimiento rápido y para la explotación. El mundialismo económico, si ha de serlo, tendrá que reportar a sus protagonistas no sólo beneficios, sino también responsabilidades. Para ello, se haría preciso que los países ricos asumieran su parte alícuota de sacrificio sin reservas. Y ello, no sólo por un elemental deber de justicia (se calcula que por cada dólar que el mundo desarrollado invierte en el Tercer Mundo, recupera cuatro), sino también –para el caso en que lo anterior no fuera suficiente-, que tendría que serlo- como único modo verdaderamente eficaz de evitar el previsible big bang migratorio que se avecina y ya se apunta. El camino para ello, aunque suene a paradójico, pasa por la eliminación, o en su defecto por la ampliación, de las cuotas de inmigración en los países ricos y la desaparición de sus barreras aduaneras proteccionistas a las importaciones provenientes del mundo en vías de desarrollo. Sin olvidar la urgente condonación de al menos una parte de su deuda externa. Con ello, sin duda, se conseguiría a medio plazo una mínima descongestión demográfica y económica en esos lugares y, en un período más largo, seguramente una tendencia a un cierto grado de igualación en el nivel de vida de todos los habitantes del Planeta. A cambio, el primer mundo ganaría algunos siglos de paz. Claro, que tales medidas supondrían algunos notables sacrificios, tales como la inmediata caída de los salarios y la reducción en gran medida del bienestar individual y social, con la consiguiente pérdida de votos y de influencia de partidos políticos y sindicatos, cosa que, por otra parte, se me aparece precisamente como una de las causas de que sea hoy por hoy tan difícil poner en marcha un verdadero programa de estabilización económica mundial. Aunque hay otras, mucho más importantes y decisivas, y menos explicitables: el primer mundo, convencido en gran medida de su superioridad biológica como WASP (White, anglo-saxon and protestant), ha ido viendo cómo, en las últimas décadas, perdía puntos porcentuales en los patrones demográficos (mientras el total de los países “ricos” crecía, entre 1950 y 1990, de 832 millones a 1.207, los países “pobres” lo hacían de 1.684 a 4.086), lo que ofrece al Tercer Mundo unas posibilidades de futuro hasta ahora difícilmente alcanzables en el marco geopolítico. Es evidente que el siglo XXI no es, sin duda, el de la raza blanca: si en la O.N.U. los distintos países estuvieran representados democráticamente en función de su número de habitantes, los Estados Unidos contarían con cinco veces menos votos que la India, y con seis veces menos que China. Un hipotético –pero no imposible- cambio de reglas del juego político internacional supondría, pues, una verdadera revolución copernicana en el escenario geo-estratégico. Lo cierto es que el mundo “rico” anhela mantener su status y su ritmo de vida sin perder, además, la hegemonía política. Por eso necesita detener con urgencia el crecimiento demográfico de los países en vías de desarrollo, y, para ello, trata de convencer a éste de que su pobreza se debe a su exceso de población, mientras restringe las cuotas de inmigración y fortifica su proteccionismo.

Es significativo, en este sentido, el formidable atasco en que los intereses egoístas de las superpotencias económicas tuvieron sumida a la llamada “Ronda de Uruguay”, desde 1986 y durante casi diez años, hasta la firma del G.A.T.T. Los países en desarrollo, por el contrario, alegan que su pobreza se debe a la carencia de medios para mejorar su productividad, y que tal carencia se hace insalvable ante su continua discriminación en los intercambios internacionales y las barreras aduaneras a sus productos en los países ricos. Señalemos al respecto que el precio de las materias primas –principal fuente de ingresos del Tercer Mundo- sigue una carrera “convenientemente” descendente en el mercado mundial, lo que resta a los países en vías de desarrollo la capacidad efectiva de acumular divisas. Crece así el déficit de su balanza de pagos corriente, que en 1991 era de 100.000 millones de dólares, y, con él, su deuda externa, arma fundamental que el mundo “rico” utiliza para su política antinatalista. Lo que los países “pobres” piden no es otra cosa que juego limpio en las relaciones económicas internacionales. Y también que el Banco Mundial y el FMI dejen de condicionar sus créditos al cumplimiento de los programas demográficos del F.P.N.U. En lugar de eso, se les fuerza a un durísimo –yo diría que inhumano- corsé demográfico, mientras se palian sus hambrunas y sus crisis con bondadosos envíos de ayuda humanitaria, ciertamente útiles en primera instancia frente a la urgencia de la muerte, pero que, al final, sólo sirven para que los beneficiarios se acostumbren a depender del exterior y pierdan el interés por su propia producción, sometida a una competencia desleal desde el punto y hora en que el suministro humanitario es de carácter gratuito. Lo que los países en desarrollo necesitan no es tanto una ayuda permanente, y menos aún una grosera e interesada presión sobre sus hábitos demográficos, sino tecnología y comercio, y sobre todo una válvula de escape para sus excedentes de población. Con razón, los países suramericanos supieron responder en El Cairo a las pretensiones de Estados Unidos, el Banco Mundial y el F.P.N.U., afirmando que el alarmismo apocalíptico de los países ricos sólo responde a una concepción pesimista –y seguramente protestante- de la existencia, que no acaba de comprender que el ser humano no sólo dispone de una boca para comer, sino de una mente para pensar y de unos brazos para trabajar. Yo añadiría que responde también a una inconfesada falta de fe en la capacidad de la civilización occidental para absorber, y occidentalizar también, los aportes culturales que recibe y que espera recibir. Claro que una sociedad que no confía en la capacidad de su propio bagaje espiritual para atraer y convencer al recién llegado, no merece sino desaparecer. Los españoles, y los mediterráneos en general, que sabemos algo de mestizaje biológico y cultural porque hemos sabido enriquecernos con él y también exportarlo a lo largo de la Historia, deberíamos ser un buen referente para atender a las nuevas necesidades a que obliga el fenómeno de la inmigración. Más aún: tendremos que serlo, de grado o por fuerza, pues nadie puede poner vallas al campo, y seguramente sea imposible frenar el curso natural de las pateras. Aprendamos, pues, a manifestar sobre el recién llegado aquel proverbial sentido hispánico de la hospitalidad, y reforcemos, a la vez, los pilares sobre los que se asienta nuestra civilización, no sólo para no perderla en el marasmo étnico que se nos viene encima, sino porque seguramente descansen precisamente ahí los los mecanismos del más hondo, eficaz e indoloro mestizaje. Por más que el ario se empeñe en ignorarlo.

Por Miguel Argaya Roca