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LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO, SUS PELIGROS Y ALCANCES

lunes, 16 de junio de 2008

El anticristo detrás de las ideologías modernas

Un colega bloggista, Ministeriodelcredo, escribió el presente artículo el 14 de agosto de 2005 el que me parece pertinente reproducir:

Voy a revelar, por amor a los hombres y a los descarriados la verdad, en este caso la no verdad (pues su esencia es la falsedad) de algunas doctrinas modernas (y me limitaré a las llamadas "ideologías ").

La contra-tradición que obra entre bastidores ha sabido muy bien como extender la confusión y tentar a todos al mismo tiempo que les dispone de una identidad y los libra a la contienda formando parte de una misma Totalidad, opresiva, totalitaria.

Aparentemente, en el tablero ideado por las fuerzas de la contra-tradición (no es éste el momento de señalarlas) los títeres liberales, comunistas, socialistas, nacionalistas, anarquistas, nacional-socialistas o fascistas son enemigos entre sí.
Pero los descarriados occidentales adheridos a estas doctrinas ateas, subversivas y revolucionarias olvidan la identidad común de todas ellas.

1-Empecemos por su rasgo más evidente: Todas niegan a la Iglesia Católica y Romana. Y es más persiguen, destruyen, marginan o difaman a la Catolicidad y apartan a la fuerza a las gentes del rito y de la Tradición. Ocultan la Verdad.

2- Todas estas doctrinas niegan toda trascendencia, en coherencia diabólica con su anticlericalismo. Si toda trascendencia es "ilusión", "superstición", "moral de esclavos" o estar "sojuzgado" en estricta coherencia la "emancipación" llega con la destrucción o apartamiento sutil de los representantes de la trascendencia en la tierra: la cadena iniciática de las ordenes regulares, que brindan la salvación al vulgo, solo dentro y por la Iglesia en el caso de Occidente, y por el Islam y otras religiones estrictamente tradicionales. Ahora bien, todas las ideologías modernas niegan a la religión, marginan o persiguen, excluyen o limitan, apartan o condenan, ponen trabas y difaman, ridiculizan o corrompen infiltrándose y de este modo impiden al vulgo iniciarse en una religión legada por la tradición.

3- En consonancia con su anticlericalismo, negación de toda trascendencia estas ideologías caen con mayor o menor grado de conciencia en un panteísmo inmanentista, un engendro de la subjetividad moderna, un librar al hombre a la espontaneidad y a la ilusión de que todo se reduce a todo, es decir a nada, y niegan la trascendencia del absoluto, de ahí que caigan en idolatrías propias del más siniestro paganismo: culto a la personalidad, simbología pseudoiniciática o contrainiciática, pretensiones heréticas del paraíso en la tierra, progresismo, ultra humanismo, culto al cuerpo, hedonismo, orgía de sangre. De ahí la apostasía de la nación, del estado, de la clase, del trabajo, del individuo, de la raza o de la economía. Idolatrías diabólicas comunes a todas las ideologías modernas.

4- Esto último conecta a todas las ideologías modernas con el fenómeno de la Nueva Era, pues como éstas, que solo han sido su preparación, se niegan a las tres religiones tradicionales fundamentales (catolicismo, islam, judaísmo) y negando toda trascendencia, tradición, clero regular, se postula un panteísmo inmanentista con todas sus consecuencias: soberbia, divinización de lo humano o mundano, amoralidad, nihilismo. Formas comunes a todas las ideologías modernas.

Ahora preguntémonos, ¿de dónde viene esta identidad de las ideologías modernas? Cierto es que todas nacen de la Revolución Francesa. Cierto es que todas son revolucionarias. Puesto que la Revolución en estricto sentido no es otra cosa que la negación, subversión, abolición o destrucción, cuando no desviación de la Tradición. Y la Tradición no es otra cosa que el Reinado Social de Cristo, es decir la organización libérrima y natural de la vida de las gentes conforme a los fueros y al cuerpo de cristo, la Iglesia, muy similar a la plasmación sociopolítica de la Tradición en las formas religiosas del Islam o de cualquier otra religión tradicional. Estas formas denominadas "antiguo régimen" son las que fueron subvertidas y saboteadas por los Revolucionarios. Y el sujeto revolucionario que emana de tal destrucción nihilista de la Tradición es el Estado. El Estado es la emanación revolucionaria de la llamada "voluntad general" o "soberanía" (esto es la subversión del vulgo y de la necedad frente al clero regular y la Tradición) entonces el Estado, como voz de la colectividad, organiza un Poder absoluto y siniestro que fulmina toda posibilidad de vida libérrima y natural (tradicional) desnaturalizando la vida del hombre, sin libertad bajo un totalitarismo siniestro negador de toda trascendencia que postula la apostasía con el Estado y el Poder total de lo humano o infrahumano:

- enseñanza universal, abstracta, neutra y obligatoria
- ejército universal y obligatorio
- leyes universales, abstractas, sin concreción foral, gremial o tradicional
- Impuestos universales, obligatorios y en base a la abstracción del Estado
- Sistema de medicación y de vacunación universal, y obligatorio
- Más una red tecnocrática de infraestructuras estatales que vienen a consolidar en lo material la subversión ya iniciada en lo espiritual

Estas son algunos de los tentáculos de la subversión revolucionaria.

Todas las ideologías modernas (democracia, comunismo, fascismo, nacionalsocialismo) concuerdan en esos puntos totalitarios. Y la aberración anarquista, si bien con poca coherencia no defiende el Estado (por desconocer su origen y significado) defiende el espíritu revolucionario de esas medidas, colectivistas e individualistas a la par, ateas y desvinculantes, engendros de un materialismo satánico.

Pero estas medidas que encajan con la subjetividad moderna son solidarias como se ha visto con el Poder absoluto, es decir el totalitarismo.

Puesto que cuando se ha dejado de creer en dios se puede dejar de creer en cualquier cosa, cuando solo se cree en uno mismo y toda trascendencia es negada y reducido el mundo a una dualidad mecánica, panteísta, a un puro flujo de sensaciones, deseos, apetencias, motivos, acciones, y el hombre se erige en dios de la creación (o destrucción) y creador del instante, sin instancias del clero regular, ya todo es posible y la desnaturalización del hombre y su bastardización animal y sodomita conducen a la guerra de todos contra todos.

En efecto, el estado "natural" que todas las ideologías modernas postulan, (al negar toda Tradición y predicar la subjetividad fría y mecánica) es el de la guerra de todos contra todos (el hombre es lobo para el hombre). Y en ese desorden pone "orden " el Estado. Un "orden" ficticio que solo es administración de la iniquidad y deseo del vulgo, de las manadas de lobos solitarios, en su recuento mecánico de votos, iguales entre si y por tanto indiferentes, que recuerda al recuento mecánico de cadáveres en auschwitz o en el gulag. A fin de cuentas todo vale en aras de la voluntad popular, de la nación, de la sociedad sin clases, del paraíso en la tierra, en un mundo sin trascendencia, donde el hombre es dios, o la masa, lo cual es lo mismo que la abstracta idea de "humanidad".

Me gustaría que los foreros meditaran sobre semejante asunto, y se pusieran en contacto conmigo en caso de reconocer la revelación mía, ya que cierto es que andan muy extraviados aquí con ideologías modernas de uno u otro lado, aparentemente opuestos, pero idénticas en la raíz que es lo metafísico: ateismo, dualismo, inmanentismo, panteísmo, negación de la trascendencia.

¿Quién es la ley? ¡Cristo Rey!

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