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LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO, SUS PELIGROS Y ALCANCES

lunes, 12 de mayo de 2008

Peligroso horizonte de la eugenesia

El peligroso horizonte que se cierne sobre los seres humanos con la cada vez más divulgada eugenesia no es un concepto nuevo sino que tiene sus orígenes en los siglos XVIII y XIX.

La eugenesia constituye hoy un verdadero peligro para nuestra sociedad, un peligro con frecuencia desconocido y encubierto. En los últimos decenios se ha convertido en una práctica y en aceptada esta ideología con raíces del ochocientos y que está estrechamente liada a las nuevas adquisiciones tecnocientíficas.

Hace ochenta años dio la alarma Chesterton y hoy se vuelve a la eugenesia. Con la eugenesia se trata en sustancia de transformar la definición de humanidad, que hasta ahora comprendía a todos los seres humanos, dividiéndolos en individuos de serie A, que tienen el derecho de vivir; y aquellos de serie B, imperfectos y por tanto “anormales” que no tienen derecho a vivir.

Existe además actualmente toda una ofensiva ideológica para negar que esto pertenece al ámbito de la eugenesia, o para sostener que existe una eugenesia mala y una buena.

Algunos sostienen que el aborto “terapéutico” de fetos con malformaciones no es una práctica eugenésica, sino sobre todo un “acto de compasión” porque busca eliminar el dolor. Otros que la eugenesia es mala solo cuando quien realiza la opción es el estado y la finalidad es la creación de una raza superior. Si en vez de eso quien hace la opción es la madre, que busca “evitar” el sufrimiento para sí o al futuro niño, entonces se trataría de un acto de compasión.

Recordando un escrito de 1922 de Gilbert K. Chesterton, los eugenesistas sostienen que su proyecto no alcanzará nunca las más temibles consecuencias, porque están ellos para controlarlas: y esta seguridad, también presente en los horrores nazis, hace verdaderamente temer y recordar a quienes están a favor de la selección de embriones y el aborto terapéutico.

"El género humano es un género, no un grado”, escribe Chesterton. Explicando que ningún médico “tiene el derecho a suministrar la muerte como remedio a los males” siempre refiriéndose a los médicos que deciden qué vida es “indigna de ser vivida".

El escritor da luces sobre la aproximación de esta ciencia experimental, la eugenesia, que se quiere presentar como fuente de certezas: “los eugenesistas no saben lo que quieren, excepto que quieran el alma y el cuerpo vuestro y el mío para descubrirlo” y se convierten así en la “primera religión experimental en vez de doctrinal".

Chesterton analiza la cultura que constituye la base de la eugenesia, y define dos características esenciales: “una anarquía silenciosa que consume nuestra sociedad” y que es “la condición de ánimo y comportamiento de quien no puede parar", y la “idea que no se puede volver realidad, una idea radicada en el materialismo y la negación de libre albedrío".

Todas estas afirmaciones de Chesterton se pueden aplicar ampliamente a las condiciones contemporáneas, y este hecho prueba que la diferencia entre las dos eugenesias no es tal, y que nos encontramos frente al mismo tipo de mal que estuvo al centro de la catástrofe nazi.
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