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LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO, SUS PELIGROS Y ALCANCES

viernes, 18 de abril de 2008

Para comparar a los actuales anti-vida con los nazis

En una de las biografías de Hitler más exhaustivas y recientes, su autor, Ian Kershaw, afirma lo siguiente: “Se calcula que habían caído víctimas del programa de eutanasia de Hitler sólo en la acción-T4 por esas fechas entre 70.000 y 90.000 pacientes. Dado que la matanza no se limitó a la acción-T4 ni terminó cuando se puso fin a la misma en 1941, el número de víctimas del programa del nazismo para liquidar a los enfermos mentales puede que se acercase al doble de ese número”.

¿Qué era la Aktion-T4? Consistía en un programa organizado para asesinar en masa a los alemanes no judíos que padeciesen una enfermedad mental grave, incluidos los alienados a causa de la guerra. Hitler entendía que el plan T4 era “razonable”, puesto que se podía hacer un uso más eficaz de hospitales, médicos y personal sanitario en una situación de guerra a cambio de aniquilar a personas improductivas que sólo generaban gastos al Estado. Por así decirlo, se mataban dos pájaros de un tiro. Uno de los entusiastas de este proyecto, el doctor Joseph Mayer, había publicado ya en 1927 un ensayo que propugnaba la esterilización obligatoria de los enfermos mentales. A Mayer, que defendía el “derecho” del Estado a suprimir la vida de los enfermos mentales, se le había pedido que evaluase la reacción de la Iglesia Católica si se proseguía con el plan T4. Mayer reconocía que el plan T4 era contrario a la doctrina de la Iglesia Católica. Sin embargo, Mayer comunicó a Hitler que él no esperaba una oposición inequívoca de las Iglesias. En consecuencia, el plan T4 podía seguir adelante (se inició en 1939 y los procedimientos eran la inyección letal o el gas carbónico). Mayer se equivocó.

A la sazón estaba vigente el Concordato entre Alemania y la Santa Sede, Concordato que era sistemáticamente vulnerado por Hitler. En virtud del mismo, la Iglesia Católica no podía inmiscuirse en la política del régimen. Sin embargo, la Iglesia Católica alemana se opuso a la práctica legalizada de la eutanasia a través de las memorandas y las cartas pastorales, aportando no sólo argumentos teológicos y doctrinales, sino también jurídicos y racionales en un clima impregnado de irracionalismo, odio a la Iglesia Católica, totalitarismo, desprecio del ser humano y terror policial. Con una oratoria clara y consumada, Monseñor von Galen denunció las consecuencias criminales del pensamiento utilitario y materialista, haciendo también una referencia clara al trágico destino del pueblo judío.

El 24 de agosto de 1941 se filtró una información de la cancillería: el propio Hitler había dado la orden de detener el plan T4 a causa del impacto que habían producido las pastorales del Monseñor. Pero lo cierto es que la valiente acción de von Galen no suprimió la eutanasia practicada de otras maneras, como la inanición o las dosis de medicamentos masivos. “¿Cuántos desdichados murieron de esta forma?”, se pregunta Bárbara Koehn, autora del libro La resistencia alemana contra Hitler (1933-1945). “Es difícil evaluarlo -escribe Koehn-. El procedimiento era más lento y menos espectacular que el traslado a cámaras de gas, pero resultaba igualmente eficaz y, sobre todo, se practicaba en las salas de hospital, lejos de las miradas del público”.

La alemana de origen, Bárbara Koehn, es profesora emérita de Literatura y Filosofía alemana en la Universidad de Rennes II, Presidenta de la Société internationale Alfred Döblin y miembro de la Forschungsgemeinschaft 20.Juli 1944, asociación cuyo cometido es promover la investigación sobre la resistencia alemana en estrecha colaboración con las víctimas del nacionalsocialismo. Parte Koehn en su trabajo histórico de la idea de que existen elementos comunes en casi todas las formas de resistencia alemana contra Hitler durante el lapso transcurrido entre 1933 y 1945. Estos elementos comunes son el carácter moral y cristiano y el trasfondo ético y religioso, bien hablemos de resistencia socialista, militar o de representantes de la derecha conservadora. De la mano de Koehn conoceremos capítulos de la Alemania nazi desconocidos a menudo por los cristianos. En tiempos en los que la Iglesia Católica no parece gozar de la presunción de inocencia, el trabajo de Koehn supone un soplo de aire fresco y una investigación seria y rigurosa.

Así, por ejemplo, se pregunta Koehn con la sana ironía de la intelectual perpleja a causa de tanta ignorancia y prejuicio laicista: “Se ha evaluado en un millón el número de judíos salvados gracias a los esfuerzos de la Iglesia Católica. ¿Se quedó Pío XII en silencio ante su destino trágico, como algunos afirman actualmente? Su homilía de la Navidad de 1942 prueba lo contrario. En ella evocó a las miles de personas destinadas a la muerte o a un exterminio progresivo por el solo hecho de su nacionalidad o de su raza. ¡El silencio sobre el destino de los judíos que se reprochó a Pío XII y que actualmente se le reprocha de nuevo era en realidad bastante ruidoso!”. Entre líneas contenía este discurso una condena del genocidio judío. Sin embargo, es cierto que tal condena no fue expresa ni solemne, no se formuló, por ejemplo, en un documento de más entidad. Ahora bien, como observa Koehn “(...) si el Papa Pío XII hubiera protestado abiertamente, no sólo habría puesto en peligro a la Iglesia Católica en Alemania y en los países ocupados por los alemanes, sino que también habría agravado la situación de los judíos, como lo prueban los acontecimientos de julio de 1942 en Holanda. Los obispos de la Iglesia Católica neerlandesa condenaron las persecuciones. Esta acción valerosa tuvo como consecuencia una intensificación de las redadas y las detenciones, ya que éstas se extendieron también a los judíos conversos al catolicismo (...)”. En una de estas redadas fue deportada la intelectual y filósofa carmelita Edith Stein, judía conversa. En su destierro en Holanda había escrito la magna obra Kreuzeswissenschaft – Studie über Joannes a Cruce. Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Patrona de Europa, murió gaseada en Auschwitz en agosto de 1942 junto con su hermana Rosa Stein.

Conoceremos también cómo se formó el movimiento de la Rosa Blanca, quiénes lo integraban, qué objetivos perseguía y cómo acabaron sus días la mayoría de sus miembros: los jovencísimos hermanos Scholl, Sophie y Hans, cristianos protestantes, fueron guillotinados tras una pantomima de juicio representada por el infame Tribunal del Pueblo nazi. Entenderemos también los vericuetos de uno de los muchos golpes de Estado fallidos contra el Führer, el organizado por el oficial católico de la Wehrmacht Claus Schenk von Stauffenberg el 20 de julio de 1944. La bestial represión de este golpe de Estado descendió a simas que degradan al ser humano. Entre otras prácticas crueles e inicuas, se aplicaron leyes teutonas antiguas que incriminaban a familiares de los golpistas exclusivamente por la existencia de vínculos de sangre.
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